Título original: Patton
País: EEUU
Primera proyección: EEUU, 04 Feb. 1970 (Premiere)
Duración: 172 min.
Director: 
Franklin J. Schaffner

Guión: Francis Ford Coppola, Edmund H. North

Una de las mayores perlas que ha dado el cine biográfico y bélico es sin lugar a dudas la obra que aquí se cita. Su excelente resultado es fruto de la fusión entre la atractiva historia de uno de los más polémicos y brillantes generales de la Segunda Guerra Mundial, la calidad en la dirección de uno de los más grandes realizadores de su época, Franklin J. Schaffner, director de cintas como “El planeta de los simios” (1968), “Papillon” (1973) o “Los niños del Brasil” (1978), y la determinante, magistral y ejemplar interpretación de uno de los más brillantes actores que ha dado el cine en su historia, George C. Scott (“Hardcore: Un mundo oculto”, 1979). Todo este despliegue de perfección se apoya en el fabuloso guión escrito por Francis Ford Coppola (que dos años más tarde estrenaría “El Padrino”, 1972) y Edmund H. North (“Ultimátum a la Tierra”, 1951), quienes para elaborarlo se basaron en el libro de Ladislas Farago (“Patton: Ordeal and Triumph“) y la autobiografía del general Omar N. Bradley (“A Soldier’s Story”), éste último otro de los personajes clave en esta historia.

Así se consigue labrar este portentoso documento biográfico sobre el general George Smith Patton Jr., quien estuvo al mando del Tercer y Decimoquinto Ejército de los Estados Unidos, respectivamente.

Su estricto carácter, los clásicos y contundentes métodos que aplicaba y que parecían más propios de un conquistador que de un militar de la época, su espíritu profundamente religioso, desprecio al comunismo y una férrea disciplina que aplicaba sobre sus soldados pero con la que no se llevaba demasiado bien cuando las órdenes caían sobre sus hombros desde el confortable despacho de algún superior, son algunos de los factores más determinantes del ‘modus vivendi’ del general Patton, cuyo máximo enemigo lejos de encontrarse en el campo de batalla, se encontraba dentro de él mismo. Su lengua era un hacha que odiaba lo políticamente correcto y más en general, la propia política puesto que él “sólo era un soldado”. No quería entrar en ningún juego que pudiese favorecer la escalada hacia el poder de ningún interesado (algo que, por supuesto, le creaba enemigos), pues su única pasión y principal interés era el de disfrutar dentro de su amado Ejército, luciendo sus impecables uniformes de la forma más cuidada y con algunos modelos incluso diseñados por él mismo, y presumiendo de un arma personalizada, tocada por sus propias iniciales y con las cachas de marfil.

Creer en sí mismo llevó a todo su Ejército a tener la moral más alta del campo de batalla y en consecuencia, los resultados más fructíferos, siendo así las tropas del general Patton fundamentales en la definitiva victoria norteamericana en la Segunda Guerra Mundial. En esta película todos los puntos citados están expuestos de forma inmejorable. Aunque el aspecto más puramente bélico no cope demasiado protagonismo en la historia, podemos revivir algunas de las emocionantes batallas a campo abierto entre Patton y Rommel, o seguir al Ejército a través de Sicilia. Muchas de estas escenas fueron rodadas en territorio español: Almería, Segovia, Navarra, etc. Como figura a contrastar con el increíble Patton, aparece un bonachón, tranquilo y sencillo general encarnado de forma soberbia por un gran Karl Malden (“El rey del juego“, 1965), en el papel de Omar N. Bradley. Es en todo momento la versión opuesta al descarado poderío mostrado por George S. Patton. Bradley parecía un tipo que, haciendo todo sin mucho ruido y pasando lo más desapercibido posible, alcanzaba sus metas casi sin proponérselo. El papel de George C. Scott es, como ya mencioné anteriormente, fabuloso. Por todos es conocido que fue merecedor y ganador de un Oscar, rechazado por el inconformista actor, que no sentía ningún aprecio por la famosa gala de reconocimientos cinematográficos.

Actor y personaje, Scott y Patton, parecían fundirse en uno sólo demostrando que ambos eran unos genios rebeldes, unos insuperables profesionales en lo suyo que usaban su trabajo como vía de escape al mundo “normal”. El uno no era nada sin su papel en el cine, y con el otro sucedía lo mismo si le alejaban de su Ejército o de estar en primera línea de batalla. El mítico compositor Jerry Goldsmith (“Fuga sin fin“, 1971) compuso la famosa banda sonora de la película, mezclando melodías de marcado acento heroico y militar, con otras que sin abandonar esa línea reproducen compases más pausados y casi silencios, con algún toque de misterio. El maravilloso apartado musical aquí citado, consigue emocionar, pero también ofrecernos desde sus partituras la cara más amarga o triste de una escena. “Patton” es una de las películas de mi vida, una obra maestra repleta de pasión, calidad y realismo sobre una de las personas más brillantes de la historia. No sólo entretiene, enamora con sus líricos diálogos, fruto de un guión excelente y unas interpretaciones épicas. Por su gran aporte, en 2003 fue considerada “culturalmente importante” por la Bilbioteca del Congreso Estadounidense, preservándose copias en el Registro Nacional de Filmes norteamericano. Ganó siete Oscars incluyendo el rechazado por Scott, el de mejor director y el de mejor guión.

Existe una secuela de esta película titulada “Los últimos días de Patton” (1986), cuyo director es Delbert Mann. Aunque de menor calidad, es un documento imprescindible para todos aquellos a los que les haya apasionado esta película.

Nota del autor:
10,0
  ██████████ (Obra maestra)

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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