Título original: Sin City
País: EEUU
Primera proyección: EEUU, 28 Mar. 2005 (Premiere)
Duración: 124 min.
Director: Robert Rodriguez, Quentin Tarantino, Frank Miller
Guión: Frank Miller, Robert Rodriguez (Cómic: Frank Miller)
Música: John Debney, Graeme Revell, Robert Rodriguez

“[…] Transforma por completo la gran pantalla en un tebeo viviente de extraordinaria dimensión […] Y cada minuto una frase brillante, una escena elegante, una mirada mortal o una secuencia sensacional […] Además de su poderosa trama, espléndidos diálogos y correctas interpretaciones, es la mastodóntica fotografía del propio Robert Rodríguez la que hace realidad el objetivo de los creadores de la película […]”

Partiendo de la base de mi desconocimiento total sobre la obra en la que se basa la película para escribir su guión, contemplo con admiración el resultado final de una cinta que más allá de conformarse con caracterizar determinados elementos para decorar su trama de un modo cercano a los personajes dibujados en un cómic, transforma por completo la gran pantalla en un tebeo viviente de extraordinaria dimensión sobre el cual se sustituye el paso de las páginas por el transcurso del metraje. Y cada minuto una frase brillante, una escena elegante, una mirada mortal o una secuencia sensacional. Su gran fuerza narrativa transmite las palabras de forma susurrante y metódica, de una forma que parece dictada y en la que la voz en ‘off’ se convierte en la auténtica protagonista.

Frank Miller (“The Spirit“, 2008) y Robert Rodríguez (“Grindhouse“, 2007) suman fuerzas junto a Quentin Tarantino (“Pulp Fiction“, 1994), que aparece en los créditos como director invitado especial. Los tres nos sumergen en el mundo fantástico de una ciudad ficticia gobernada por la corrupción y caracterizada por una grisácea oscuridad que a veces se permite algunos destellos: los de la sangre, el peligro, lo malvado o incluso de la belleza. Las historias de varios personajes solitarios y enigmáticos fluyen sobre las calles de Basin City como en los mejores momentos del cine negro, desprendiendo un aroma de intriga que se funde con la melancólica actitud de unos protagonistas que parecen los últimos seres vivos sobre la Tierra.

Hartigan (Bruce Willis) es un policía a punto de jubilarse que afronta con esmero la que presumiblemente será su última misión: salvar a una niña de las garras de su raptor, un hecho que le adentrará en un mundo aún más enviciado que tocará en las puertas de un siniestro y corrompido senador. Luego está Marv (Mickey Rourke), un tipo extraño que luce un intimidatorio rostro desfigurado. El amor se cruzará en su camino, pero su felicidad se verá quebrada y superada por los deseos de venganza. Por otro lado, el investigador privado Dwight (Clive Owen), que se encontrará entre el fuego cruzado de varios asuntos que pondrán en peligro su vida y la de aquellas personas a las que intenta defender. Todos estos personajes alternan o comparten sus tramas con las de otros interesantísimos roles que van apareciendo a lo largo y ancho de la desolada Basin City, una lúgubre ciudad en la que incluso hay territorios exclusivamente dominados por impresionantes mujeres. Además de su poderosa trama, espléndidos diálogos y correctas interpretaciones, es la mastodóntica fotografía del propio Robert Rodríguez la que hace realidad el objetivo de los creadores de la película. Sus fotogramas se bañan en un gris brillante, a veces casi platino, que transforma cada escena en una auténtica viñeta de cómic. 

Pocas veces, la fusión entre el cómic y el cine ha podido plasmarse de una manera tan acertada como la conseguida en “Sin City”: aquí no se limitaron al hecho de incluir la historia del cómic en una película, sino que se decidieron -obteniendo un exitoso resultado- a fundir el cómic sobre la misma pantalla, animando a sus personajes con los papeles de un reparto de muy aceptable digestión. Bruce Willis (“El sexto sentido“, 1999) y Mickey Rourke (“El luchador“, 2009) hacen paralelamente las mejores interpretaciones de la cinta y, de paso, protagonizan las historias más interesantes de esta maraña tan original. Clive Owen (“Intruders“, 2011) cumple sin brillar, más o menos compartiendo el nivel de Benicio del Toro (“El hombre lobo“, 2010) en otro aceptable papel. De estas líneas recién escritas se puede deducir que mi conclusión es que la cinta, a pesar de no contar con unas actuaciones dignas de galardón (en parte se entiende puesto que todos limitan sus papeles a personajes que no lucen una expresión menos acartonada que la de un personaje de historieta) la película se vale de su impresionante calidad técnica, artística y argumental para abrirnos las páginas de este cómic lleno de vida… y muerte.

El apartado musical está encabezado por los compositores John Debney (“La pasión de Cristo“, 2004) y Graeme Revell (“El cuervo“, 1994), que no se libran de las garras de un Robert Rodríguez que se sumerge de lleno en la película: además de participar en la BSO, dirige, escribe el guión junto a Frank Miller (guionista y autor de las historietas en las que se basa el film), se encarga de la fotografía, la edición y forma parte de otros departamentos técnicos, apareciendo incluso, sin acreditar, como uno de los miembros del SWAT que aparecen en esta absorbente y original película.

Nota del autor:
8,0 ████████ (Muy buena)

 

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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plared

Esta película me gusto bastante. En especial cuando sale bruce wilis, puro cine negro con una estética realmente impactante. Muy bien rodada y sumamente atractiva. con el aliciente de que es una película que debería de gustar a casi todos. Ya que es mezcla de historias, contentarian a cualquier aficionado sea del genero que sea.

Muy buena y practicamente la única de este estilo moderno, que realmente me ha gustado. La de spirit, por cierto que hicieron algun tiempo despues con una estética parecida. Verdaderamente un petardo antológico. Saludos

Sandro Fiorito

Apostar por un cine tan diferente es un auténtico riesgo, pero ese riesgo ha dado pie a lo auténtico. Esta es una de esas películas que rompen el cine tal y como se conoce sin ser infiel a sus principios: consigue ser tan innovadora como clásica, y esa lograda mezcla ya es digna de elogio. Un saludo.

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