Título original: Dreamcatcher
País: Estados Unidos
Primera proyección:
 EEUU, 06 Mar. 2002 (ShoWest) (premiere)
Duración: 
136 min.
Director:
 Lawrence Kasdan

Guión: William Goldman (Novela: Stephen King)

Con unos primeros cuarenta y cinco minutos espléndidos y un tiempo restante que va mermando el interés sobre la historia de manera progresiva, “El cazador de sueños” es una adaptación de la novela homónima de Stephen King dirigida aquí por el realizador norteamericano, Lawrence Kasdan (“Wyatt Earp“, 1994). El tramo inicial consigue hacer desplegar las alas del terror más auténtico con unas escenas llenas de tensión, interés, curiosidad y originalidad. Lamentablemente el tiempo pasa y el buen tono logrado por los aciertos iniciales desaparece bajo la tormenta de arena que significan unas escenas posteriores, caracterizadas por una calidad desigual y otras situaciones que incluso alcanzan la categoría de ridículas por los obligados gestos de algunos miembros del reparto y la forma en la que éstos deben superar las dificultades que les van surgiendo. Desconozco si el motivo de los distintos “resbalones” que se producen entre el elenco de actores es por una mala asignación de los personajes por parte de quien proceda o directamente porque algunos de los artistas no pegan en el tipo de rol que les toca desempeñar. No obstante y con todo lo dicho, esta película aporta como poco un buen entretenimiento, dejándose ver con agrado durante buena parte del metraje y con simple aceptación en general, dejando tras su visionado un agridulce sabor de boca que no da cabida a sentimientos radicales sobre esta película. Yo al menos, no la puedo amar, ni odiar.

 

El argumento trata sobre un grupo de amigos de toda la vida dotados con unos poderes sobrenaturales asombrosos que les permiten hacer cosas como leer la mente de las personas, establecer conversaciones entre ellos mismos sin más necesidad que la del pensamiento y guiarse a través de cualquier parte -cual GPS- o encontrar algún objeto perdido gracias a otras técnicas fantásticas. Estos dones les fueron concedidos cuando eran jóvenes, tras encontrarse un día de manera fortuita con Duddits, un chaval que esbozaba los síntomas de una grave enfermedad, y que en ese mismo momento estaba siendo atacado por un grupo de imbéciles. De esa coincidencia nació una amistad que, muchos años más tarde, el grupo formado por Henry (Thomas Jane), Beaver (Jason Lee), Jonesy (Damian Lewis) y Pete (Timothy Olyphant) conmemoran en una vieja cabaña en el bosque. La inesperada aparición de un montañero perdido cambiará las vidas de todos ellos…

No me atrevo a confirmar que el reparto haga unas interpretaciones inolvidables, precisamente: los rostros de terror causan indiferencia, mientras que los de alegría… también la causan. Aparte de un fantástico Andrew Robb, el chaval que da vida a Duddits, no he visto prácticamente a nadie metido en su papel, exceptuando quizá a Thomas Jane (“Magnolia“, 1999), aunque, claro, él era el actor que disfrutaba el rol más serio y acertado de la película. Damian Lewis (“Life“, 2007-2009”), actor de mucho porte que cada vez voy admirando un poco más, es sometido aquí a la difícil prueba de gesticular de manera ridícula y vergonzante para así poder mostrar la historia algunas perlas de su argumento. El motivo de que describa estas acciones con mucho secretismo se corresponde a que, obviamente, no quiero desvelar detalles significativos de la trama. Lamentablemente, tampoco me ha cuajado en otros puntos más elementales de la película. Un simple gesto de terror no ha sido, a mi parecer, bien interpretado ni por Lewis, ni por Jason Lee, ni por Olyphant (“Deadwood“, 2004 – “Justified“, 2010). Este último si que tiene ya desde hace un largo tiempo mi apoyo incondicional, y procuro seguirlo allá donde vaya, pero en esta cinta, como casi la totalidad de los miembros del reparto, parece descentrado, fuera de ahí. Esto a pesar de que su papel brinde algunos de los hechos más simpáticos de la cinta. Pero no pasa nada, Lewis, Olyphant, os seguiré viendo con el mismo interés con el que lo he hecho en otras tantas películas o series vuestras. Sale Morgan Freeman (“Invictus“, 2009), que siempre es un seguro de vida, a pesar del aspecto a lo “Star Trek” con el que se presenta. 

La banda sonora, de alguien con muchas tablas en esto del cine como es James Newton Howard (“Michael Clayton“, 2007), aporta misterio y encaja adecuadamente, pero no deja de parecerme influenciada por los típicos compases de series como “Pesadillas de R.L. Stine” (1995) o muchos de los programas nocturnos que tratan de hablar sobre terror, alienígenas, los misterios del Universo… “El cazador de sueños” se deja ver y cumple con su función de sortear el aburrimiento gracias al determinado interés con el que se sigue esta producción y a las curiosidades que se dan cita aquí, pero no está a la altura de su propio y distraído reparto.

Nota del autor:
5,0
 █████ (Pasable)

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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