“Una cinta con atmósfera extraña […] embriaga […] Uno de los mejores entretenimientos posibles y una de las mejores interpretaciones de Adam Sandler […]”

Después de triunfar entre la crítica y el público con “Boogie Nights” (1997) y “Magnolia” (1999), el ingenioso director Paul Thomas Anderson decide apostar por un producto diferente dentro de su filmografía, una película que combina el romance, la comedia y el drama desde una perspectiva que sabe reunir todos estos campos sin concederle toda la importancia a uno concreto. El resultado es una cinta con una historia de atmósfera extraña que, haciendo alusión a su remilgado, engañoso (suena a típica y sencilla comedia romanticona, sin serlo), pero en el fondo acertado título, embriaga. Esta vez, la crítica internacional puede no haberse rendido a los pies de esta incomprendida película que refleja el drama de vida que lleva un hombre solitario y sin confianza en sus posibilidades, lleno de peculiaridades y dotado de una inteligencia desaprovechada que le permite desde recordar los números de la seguridad social, la cuenta bancaria y la tarjeta de crédito a descubrir errores de marketing en campañas publicitarias de los que intentará aprovecharse.

Pero el mundo cinematográfico no gira en torno a las cuatro palabras que cinco o seis críticos pedantes con aire de semidioses pronuncien agresivamente sobre un filme, pues las películas no se hicieron para ellos sino para la gente de a pie, que es la que finalmente podrá descubrir -siempre y cuando la vea sin ningún tipo de prejuicio- que esta cinta va más allá de lo tradicional y ofrece, además de uno de los mejores entretenimientos posibles a la hora de elegir una película de P. T. Anderson o del cine de autor en general, la posibilidad de ver una de las mejores interpretaciones de Adam Sandler.

El filme nos sitúa ante la figura de un huraño Barry Egan (Adam Sandler), quien para huir del gran problema que le supone el simple hecho de vivir, se refugia en su trabajo como gerente de un almacén, entreteniéndose con absurdas tareas como reunir todas las tapas de natillas que le sea posible para poder canjearlas por millas de vuelo, el premio que ofrece una promoción de la que ha descubierto un error de marketing del que puede aprovecharse. Después de presentarnos la película una escena principal algo confusa, veremos como hasta el protagonista llega Lena Leonard (Emily Watson), una mujer que por difícil que parezca, se siente atraída por el inocente de Barry. Este hecho, supondrá un punto de inflexión para el desanimado protagonista que, poco a poco, verá crecer su pasión respecto a Lena, un suceso que no le transformará pero que si le aportará los cambios suficientes como para poder aprender a disfrutar de la vida y desquitarse del proteccionismo al que le han sometido sus siete hermanas desde siempre, y que derivó en esa personalidad insegura y pseudoinfantil que da forma a su papel.

Adam Sandler, popular por interpretar un sinfín de comedias de desigual calidad pero grata aceptación, se mete en la piel de un personaje distinto para él, no exento de tintes simpáticos y absurdos pero sí muy distante de lo que habitualmente ha representado desde las comedias. Un papel dramático que ha sabido interpretar con el acierto y la calidad de un gran actor. El resto del reparto se muestra con corrección, destacando simplemente el hecho de que repiten dos de los habituales de P. T. Anderson: Philip Seymour Hoffman, quien ya apareció en “Sidney” (1996), “Magnolia” y “Boogie Nights”, y Luis Guzmán, que vuelve a ponerse a las órdenes del director como ya hiciera en sus dos últimas películas.

La música, de Jon Brion, habitual colaborador del realizador de esta cinta, pretende ser incómoda, trasladando así el nerviosismo del protagonista de la historia hasta el espectador, que sufre en sus oídos toda una serie de compases interminables que bien pudieran haberse reducido un poco, pues aunque no sean demoníacos, a veces no permiten ni escuchar con claridad las palabras de los personajes de Punch-Drunk Love, un hecho que, como he dicho anteriormente, puede deberse a las intenciones de la realización por intentar hacer vivir en quien visiona esta cinta, las desagradables sensaciones que protagoniza Sandler. A pesar de esto, la banda sonora termina por tranquilizarse, buscando el sosiego arrebatado en minutos anteriores y ofreciendo algunos temas bastante aceptables.

Nota del autor:
8,0 ████████ (Muy Buena)

 

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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