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Unforgiven (Clint Eastwood, 1992) – 126 min. –
Los imperdonables (Título hispanoamérica)

Sin perdón_posterEn el poblado de Big Whiskey (estado de Wyoming, EEUU) dos vaqueros borrachos acuchillaron la cara y el cuerpo a una ramera. La ley local hace la vista gorda y deja lo acontecido como un mero incidente. Alice (Frances Fisher), un prostituta y amiga de la víctima decide que si no hay justicia en el pueblo tendrán que comprarla, por lo que ofrecen una sustanciosa recompensa para quienes den muerte a los causantes.
Unas semanas después “Schofield Kid” (Jaimz Woolvett), un principiante de pistolero, llega a una polvorienta granja en busca de Bill Munny (Clint Eastwood), un sanguinario y desalmado forajido, con el fin de ofrecerle un trato para ganar la recompensa. Pero el hombre que se encuentra allí dista muy lejos de las historias que había oído. Ahora sólo es un viejo criador de cerdos, padre de dos hijos y viudo, atormentado de un pasado que apenas quiere recordar. Decepcionado al ver la negativa de Munny, el joven se vuelve al poblado.

Ese invierno las fiebres se han llevando gran parte de sus cerdos, así que Munny se ve forzado a ir por la recompensa. Pero antes buscará la ayuda de su amigo de fechorías Ned Logan (Morgan Freeman), actualmente granjero y vecino suyo, para unirse con “Kid”. El problema que deberán enfrentarse es que ellos desconocen que en Big Whiskey la ley la rige “Little Bill” (Gene Hackman), un sádico y déspota sheriff que no consentirá que nadie esté por encima de su ley. Corría el año 1880.
En la década de los 90 nadie daba un duro por una “película del lejano oeste”. Una vez acabada la época dorada del “spaghetti western” y exceptuando las películas realizadas por Sam Peckinpah y algunas producciones que se clasificaron como “western crepuscular” (Dos hombres contra el oeste 1971, La puerta del cielo 1980); el western era un género herido de muerte. Entre esas opciones, el ave raris que fue la aventura épica Bailando con lobos (1990). Aparte de eso, no habían grandes directores que apostaran por este género, impidiendo su aparición en las carteleras de cine. Esto justifica en gran medida que el guion de Sin perdón, escrito por el guionista David Webb Peoples (Blade Runner 1982), estuviera rondando durante casi dos décadas por los estudios de Hollywood antes de que Clint Eastwood comprara sus derechos y llevase a cabo la película.

Eastwood convirtió esta obra en su particular despedida de un género que tanto le ha debido como actor. Y un agradecimiento (de hecho aparecen en sus créditos finales) a los directores Sergio Leone y Don Siegel, los cuales le han enseñado a curtirse en su carrera como director. Sin perdón se aparta de los grandes clásicos, mostrándose un film sombrío en el que la palabra está más presente que los disparos. Los diálogos escapan de ser políticamente correctos (recordando en algunas secuencias a El sargento de hierro (1986), del mismo director) enfatizando la veracidad de lo que se narra y evadiéndose de la imagen idílica del western que nos inspiraba directores que consagraron este género como John Ford, Howard Hawks, Anthony Mann, etc.

Sin perdón no es un cinta de exaltación de las armas de fuego -como ocurría en los spaguetti western-, sino que rehúye de la violencia . De hecho, el metraje está impregnado de un humor negro en contra de las armas: vemos cómo fallan los disparos, las pistolas se encasquillan, revientan o simplemente aparecen con sus cañones totalmente doblados.

La película está emplazada en Big Whiskey, uno de esos centenares de poblados que surgieron con la fiebre del oro (o como punto de partida para una nueva vida) y luego desaparecieron sin dejar rastro. En un país en que apenas quedaba territorio salvaje y que andaba convulsionado por el asesinato del presidente James A. Garfield. La época del salvaje oeste ya había acabado y dado paso a la civilización, donde la agricultura y el pastoreo colonizaron la gran pradera, no habiendo lugar para los pistoleros que se veían “exiliados” a una vida tranquila o bien a estar al servicio de la ley, ejerciendo su cargo de forma dudosa. En este entorno gira uno de los ejes de la trama, un mundo que para el cine de western su aparición ha sido meramente testimonial: la prostitución. Mostrando así la crudeza en el día a día de estas mujeres que sobrevivían a una esclavitud encubierta.

Los personajes que pueblan Sin perdón, a pesar de parecer ser arquetipos, son enriquecedores: el anti-héroe William Manny (Clint Eastwood) se puede considerar como un hijo bastardo del “hombre sin nombre” (que popularizó el mismo Clint Eastwood en los films de Sergio Leone), pero a diferencia de este, Manny fue un hombre carente de sentido de la justicia, de compasión, de principios, que le daba igual matar a mujeres y niños, que maltrataba a animales… un hombre de pura maldad, en el que nadie confiaba cuando estaba envenenado por el diablo de la bebida. Y que gracias a una mujer, su esposa Claudia, le hizo abandonar esa vida. Manny, a partir de entonces se convirtió en un alma atormentada llena de recuerdos inconexos de la barbarie que cometió en su juventud, es un hombre débil que teme más a los fantasmas del pasado que a los hombres, sin abandonar este camino de rectitud en memoria de su esposa. Su mejor -y único- amigo, Ned Logan (Morgan Freeman) es un hombre pacífico que ha enterrado su pasado y que ha rehecho su vida con una india, pero que siempre está dispuesto a ayudar a su viejo amigo Manny (quizás necesitado de algo de motivación para escapar de su monótona vida). Ned es alguien en quien confiar y que valora la lealtad sobre todas las cosas.

Ambos se cruzaran en el camino con uno de los villanos más repulsivos de la gran pantalla, el sheriff “Little Bill”, encarnado por el gran actor Gene Hackman (Arde Mississippi ,1988). Un personaje solitario y violento de oscuro pasado que descubrió la oportunidad que le brindaba ser agente de la ley, permitiendo controlar un pueblo con brazo tiránico bajo un ley que quedaba entredicho. La interpretación de Gene Hackman es prodigiosa, siendo la única que podría ensombrecer a la que realiza Clint Eastwood , razón por la que ganaría un premio BAFTA y un Oscar al mejor actor de reparto.

Solemne se puede clasificar el trabajo del actor Richard Harris (Un hombre llamado Caballo, 1970) en el papel de “Bob el Inglés”, un pistolero mitad bohemio mitad aristócrata que vive de leyendas pasadas, y que llegará a Big Whiskey con la intención de ganarse la recompensa y reconocimiento. Tampoco queda desapercibida la aparición de la actriz de origen británico (y madre de una de las hijas de Eastwood) Frances Fisher como la prostituta y mujer de espíritu indomable “Alice”.

O el inconfundible rostro del propietario del salón, el avaro “Skinny” (Anthony James, En el calor de la noche 1967), famoso actor de reparto en numerosas producciones. También existe una mordaz crítica a la prensa sensacionalista de aquellos tiempos, donde se priorizaba la demagogia a la veracidad, en la figura de W. W. Beauchamp (Saul Rubinek) periodista y biógrafo de “Bob el Inglés” cuya cobardía sólo es alcanzada por su ambición. Por ello no tendrá escrúpulos de cambiar de bando siempre que eso aporte una ventaja.

Y por último, no hay que olvidar la invisible pero tangible presencia de la esposa de Munny, Claudia. Tal como ocurriese en el largometraje Rebeca (1940) de Alfred Hitchcock, el recuerdo constante de una persona desaparecida crea un hilo de existencia imperecedero. Ya sea por las palabras del mismo Munny que la recuerda con frecuencia, ya sea por el tema “Claudia Theme” (compuesto por el mismo Clint Eastwood) que acompañará -en sus distintas versiones- a Munny durante el film como si la chica lo acompañara siempre.

Todos ellos conformarán un perfecto puzle, que a pesar de estar cargado de connotaciones dramáticas no está exento de pequeños gags (por ejemplo, veremos que Clint Eastwood no recordará cómo montar a caballo) que no desentonarán en la narración.

Otro de los aspectos más importantes de esta película es el apartado de la fotografía. Dicha labor está encargada a su director habitual de fotografía Jack N. Green (Los puentes de Madison, 1995) que consigue crear auténticos lienzos de arte paisajista en los planos exteriores, rodados principalmente en la provincia de Alberta (Canadá). En ellos la luz inunda todo con tonos dorados sobre paisajes rebosantes de vegetación y de vida, bajo la solemnidad de las Montañas Rocosas, en contraposición con los planos interiores apenas iluminados, donde la llama de un fuego ilumina las sombras que rodean tanto exteriormente como interiormente a los personajes.

Otro habitual colaborador de Clint Eastwood será el compositor estadounidense Lennie Niehaus (Bird, 1988) quien realizara la banda sonora, donde predomina los temas melancólicos.

En definitiva, nos encontramos con una atípica “película del oeste” pero que sin ella no podríamos entender lo que hoy en día se conoce como western. Y gracias a ella, el género ha resurgido de sus cenizas. Ganadora de 4 oscars (mejor director, película, actor de reparto y montaje), es una de las cimas de la larga carrera tanto como actor y como director de Clint Eastwood. Imprescindible.

Nota del autor:
10 ██████████ (Obra maestra)

Película estuvo en CARTELERA a partir del  25 de Septiembre de 1992.

COMENTARIOS DEL EQUIPO DE LGE

Miquel Alenyà
“[…] Desmitifica la iconografía tradicional del western […] De la mano del relato, el realizador reflexiona sobre la condición humana: culpa, heroísmo, venganza, envejecimiento, apariencias, amistad […] Transpira tristeza y amargura, no exentas de un toque de esperanza por lo que respecta a la tensión permanente entre el bien y el mal que domina el teatro de mundo […] La narración desarrolla una estética sobria, austera y equilibrada […] Excelentes interpretaciones (Eastwood, Freeman, Hackman). Magnífica película […]” 9.

 

TRÁILER – V.O.

 

Written by Diego Karasu

Cofundador y Director Adjunto

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