Título original: Hamburger Hill
Título alternativo: La colina de la muerte
(Argentina)

País: Estados Unidos
Primera proyección:
 EEUU, 28 Ago. 1987
Duración: 
112 min.
Director:
 John Irvin

Guión: James Carabatsos

Esto sí es Vietnam. Reclutas novatos que comparten entre ellos sus ilusiones y preocupaciones, sargentos y tenientes de experta mirada que refleja el dolor y la dificultad del terreno sobre el que moran, música de la época retumbando en las radios que se distribuyen por las bases militares, prostitutas vietnamitas que hacen “su Agosto” prestando servicio a los soldados, cruentas y escalofriantes batallas en mitad de lo frondoso de la jungla, en las que cuesta mantener la mente fresca por la locura en las que están inmersas, el dolor, el sufrimiento, el deseo de evadirse y volver a casa… Todo lo que se le puede pedir a una película sobre la Guerra de Vietnam está en esta infravalorada cinta dirigida por John Irvin (“Los perros de la guerra”, 1980) con guión de James Carabatsos (“El sargento de hierro”, 1986), que obtiene un resultado -algunos pensarán que desvarío, pero es mi sentida opinión- más meritorio, contundente y cercano que el de otros trabajos de renombre en el género, como “Platoon” (1986) o “Apocalypse Now” (1979). Si hay algo que podemos reprocharle a este trabajo, se escapa de las manos de su realización, ya que me refiero al fallido doblaje al español: si bien los actores de doblaje realizan un gran trabajo, la forma de adaptarlo (sonido enlatado que a veces casi reduce a la nada el sonido ambiente, recordando al típico resultado de filmes para televisión) es un gran fracaso que merma las facultades de esta película.

En esta cinta no hay artificios gratuitos que busquen con facilidad el horror del espectador, pero tampoco permite que llegue a sentir indiferencia en ningún momento. Todo se narra y se ofrece con la sencillez que permite el hecho de trabajar con un material basado en hechos reales, que si bien debe adaptar su conjunto a un formato cinematográfico que no resulte soporífero, no pretende ser infiel con la realidad escrita sobre la batalla conocida popularmente con el mismo nombre que el de esta película: “La colina de la hamburguesa”, uno de los mayores ejemplos en la historia bélica de hasta cuán de inútil puede resultar en ocasiones una guerra, y de lo insignificantes, vulnerables y amantes de la vida que somos en realidad los humanos. Además, se agradece el hecho de que la película no esté dividida en dos partes, como habitualmente se ha hecho en muchas obras del género. Aquí no hay una parte tranquila y otra alocada, o viceversa: no se sigue un plan lineal, sino que se combate y se vuelve al campamento, manteniendo de esta manera despierta la sensación de cercanía y credibilidad que los soldados inspiran al espectador, sin aburrir dentro de una infinita batalla (error de muchas producciones) al ofrecerla dosificada, dentro de una atmósfera muy lograda que se dibuja con una simple técnica y un montaje que se postula como testigo de los acontecimientos que en realidad existieron.

Toda una odisea infernal que fue vivida por el 3er batallón de la 101ª División Aerotransportada de los Estados Unidos, que tenía como misión tomar la colina bautizada con el nombre antes mencionado. Una forma de acercar hasta el matadero a cientos de soldados reclutas que hasta el momento no habían pegado un tiro en su vida y que deberían luchar, más que por su país, su bandera o un desfile honorífico, por su propia supervivencia, cuyo eco retumbaba en sus cabezas, que traían el recuerdo de sus padres, novias, amigos o la vida que en ese momento llevaba cualquier norteamericano en su país mientras el Ejército combatía en Vietnam. En el reparto hay gente de todas clases, y nadie pretende alzar un Oscar con su interpretación. El desconocimiento de sus rostros consigue el efecto de aumentar el realismo sobre la historia. No hay actores de renombre (a excepción de un breve Don Cheadle, que debutaba en el cine), sólo somos testigos de un grupo de chavales desconocidos, de todos los colores y personalidades, que se enfrentan a un futuro incierto, lo mismo que sucedió en realidad. Casi todos ellos disfrutan de un protagonismo similar, resuelto siempre con la corrección que se le puede exigir a este tipo de papeles. Por encima del resto, me han gustado más las interpretaciones de Tim Quill, Dylan McDermott, Steven Weber y Courtney B. Vance.

Otra de las muestras que certifica el hecho de que no se busquen efectismos engañosos, es su limitada música, que sólo hace presencia cuando es totalmente indispensable, creando escenas tan poderosas como en la que se sobrevuela Vietnam en helicóptero al ritmo del “We gotta get out of this” de The Animals, la que se escucha por los soldados desde las radios en la base con temas de la época como el “The dock of the bay” del bueno de Ottis Redding o el “Subterranean Homesick Blues” de Bob Dylan. El broche de oro lo pone el compositor Phillip Glass (“El ilusionista”, 2006), que entre otras composiciones ofrece un soberbio tema para los créditos finales, que se convierte en lo mejor de este apartado.

Nota del autor:
8,0 ████████ (Muy buena)

 

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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