Título original: This Must Be the Place (Questo deve essere il posto)
País: Italia
Primera proyección: Francia, 20 May. 2011 (Festival de Cannes)
Duración: 118 min.
Director: Paolo Sorrentino
Guión: Paolo Sorrentino, Umberto Contarello


Que Paolo Sorrentino es uno de los mejores creadores actuales de siniestros y genuinos personajes cargados de particularidades no es ningún misterio. Quedó reflejado en el solitario y misterioso Titta di Girolamo interpretado por Toni Servillo en “Las consecuencias del amor”, después con ese brillante usurero que exprimía el jugo a cualquier cosa de la que podía sacar rentabilidad -esto en “El amigo de la familia”, protagonizada por Giacomo Rizzo- y luego en “Il divo”, de nuevo junto a Toni Servillo, ofreciéndonos al ex-presidente italiano Giulio Andreotti como uno de los retratos políticos más apasionantes y originales que bajo mi punto de vista podremos encontrar en el cine. En “Un lugar donde quedarse” se confirma algo en lo que venía creyendo desde hace tiempo: que el salto de Sorrentino a ese escalafón del cine en el que puedes contar con mayor presupuesto y actores de renombre sólo era cuestión de tiempo.

Aquí, el realizador napolitano apuesta por otra película en la que mantiene su sello personal, hablándonos de una vieja gloria, Cheyenne, un pintoresco, deprimido, desfasado y completamente apagado rockero interpretado por un enorme Sean Penn (“El árbol de la vida“, 2011) que deberá encontrarse a sí mismo en mitad de su propia jungla de confusión mental. Casi sin fuerzas para poder mediar palabra y arrastrándose junto a un carrito que posiblemente albergue sus miserias, tiene motivaciones tan vagas como la de intentar unir sin demasiado esfuerzo a dos jóvenes que -salta a la vista- nada tienen en común. Su monótona existencia se ve agitada por una llamada, la que le saca del Dublín en el que está viviendo para hacerle volar hasta los Estados Unidos, donde su padre, con el que no guarda relación desde hace treinta años, se está muriendo.

Es el momento en el que ‘This must be the place‘ se convierte en una road-movie que, para justificar la prolongada presencia de Cheyenne en territorio norteamericano, tira de tópicos, intentando que su protagonista encuentre a un viejo criminal de guerra nazi que, según parece, torturó a su padre en un campo de concentración. Esta es la parte menos atrayente del argumento, pero sirve para que Paolo Sorrentino nos cuente más cosas acerca de su personaje principal. Aunque la película no es redonda y encuentra su talón de Aquiles en una falta de ritmo que se habría visto beneficiada por algún giro de guión o alguna sorpresa que animara lo lineal del último tramo del metraje, pienso que Sorrentino presenta una buena cinta en la que es fiel a su estilo, arriesgado en su argumento (por el peculiar rol del protagonista), impecable en lo técnico y sobresaliente en lo interpretativo. Sin embargo, rompe con la buena tendencia que mantenía hasta ahora eligiendo temas originales o añadidos para la banda sonora, ofreciendo una BSO tan aceptable como rápidamente olvidable. 

Creo que la película nos habla de más cosas de lo que realmente aparenta, haciendo -desde una óptica tintada por el humor negro- un contundente retrato de la depresión más absoluta y una reflexión acerca de cómo el ser humano puede aferrarse tanto a algo: una promesa, un instante, un deseo de venganza, su propia frustración, alguien que nos ha dejado. Dejar de hacer lo que amábamos o aquello que parecía lo único para lo que servíamos, y morirnos por dentro…

Nota del autor:
7,0 ███████ (Buena)
 

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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