Título original: Mùi đu đủ xanh (L’Odeur de la papaye verte)
Título alternativo: El aroma de la papaya verde (Argentina)
País:
 Vietnam
Primera proyección:
 Francia, May. 1993 (Festival de Cannes)
Duración: 
117 min.
Director: 
Trần Anh Hùng

Guión: Trần Anh Hùng

Se abre una ventana y encuentro un mundo de silencios y contemplación. Un lugar de bellas imágenes en el que con apenas abrir la boca, se habla mucho, consiguiendo transmitir de esta forma todo un abanico de mensajes y experiencias de una forma directa, pues “El olor de la papaya verde” no afirma, no sentencia, sino que señala directamente con el dedo al sentido de algo, sin necesidad de explicaciones. Famoso es el dicho zen de que “quien habla no sabe, quien sabe no habla”. Y el director Trần Anh Hùng (“Cyclo“, 1995) sabe. Sabe de sentimientos, de humildad, de valorar que lo más pequeño es lo más preciado, que una sonrisa es un tesoro y que una lágrima es la más triste -pero también la más auténtica- expresión humana. Ofrece desde un reducido espacio todo un amor por la naturaleza, por el mundo y por todo aquello que no necesitamos buscar puesto que ya está aquí, lleno de valor y belleza, esperando a recibir nuestra atención.

Así, el realizador vietnamita dibuja diferentes contrastes entre los personajes de la cinta para que podamos asistir a un recital visual de las emociones vividas desde el corazón de una aparentemente acomodada familia, pues pese a disfrutar de varias sirvientas y un buen hogar, subsisten gracias a las pequeñas ventas que pueden realizar en un puesto del mercado. A esa casa llega como sirvienta Mui (Lu Man San), una joven de diez años dispuesta a atender sin ninguna fisura las necesidades de sus nuevos “dueños”. Aprende a cocinar, limpia la casa y recibe las amables órdenes de su nueva “propietaria”, que muchos años atrás perdió a su hija, que hoy, de seguir viva, tendría la misma edad que Mui. El argumento de la cinta no sigue una línea concreta -excepto la del paso de los años en Mui, de la que vemos la transición directa de su infancia a la edad adulta-, simplemente muestra las entrañas de un hogar vietnamita durante los años anteriores a la famosa guerra que se inició en aquel país, enseñándonos pequeños detalles y situaciones que van desde los hechos más preciosos, enternecedores y románticos, a los más dramáticos y nostálgicos. Desde la afligida personalidad del cabeza de familia, a la detestable actitud de uno de los pequeños y traviesos hijos del matrimonio “amo” de la casa, pasando por la espontánea fascinación de Mui con cualquier elemento natural (una hoja, un grillo…), o incluso con uno de los amigos de la familia. “El olor de la papaya verde” es más un producto de sensaciones e imágenes que una película de extensos y memorables diálogos, haciendo de su auto-limitación en este sentido, un arte logrado con muchísima maestría.

Pese a la notoriedad de los trabajos de todo el reparto, son las dos actrices principales, que encarnan al personaje protagonista durante dos etapas de su vida, las más brillantes. Apenas se puede notar contraste entre las interpretaciones de Lu Man San -Mui con 10 años- y Trân Nu Yên-Khê  (“Pleno verano“, 2000) -Mui con 20 años-, pues además del asombroso parecido físico entre ambas, sus trabajos han sabido encajar a la perfección la personalidad de los personajes que interpretan (la expresión facial, sus gestos, reacciones…). No es otra de esas fastidiosas ocasiones en las que nuestra mente se pierde al no encontrar relación entre el actor que encarna al personaje en su etapa de la infancia y quien lo representa en su edad adulta. Aquí han sabido cuidar al máximo ese detalle, y esto se agradece enormemente.

La banda sonora está compuesta más por los sonidos naturales (brisa, lluvia, pasos, grillos, el cantar de los pájaros, etc.) que por una partitura concreta, aunque el compositor Tôn-Thât Tiêt (“Buffalo Boy“, 2004) aprovecha muy bien los minutos que le son concedidos, aportando armoniosas melodías que se funden sin apenas esfuerzo sobre la tranquila y realista atmósfera de toda la película. La cinta cuida con esmero su espíritu limpio y elegante, no permitiendo la inclusión de escenas grotescas u obscenas entre su metraje, haciendo que de esta manera seamos testigos, continuamente, de una bella sucesión de imágenes que buscan representarse de la mejor forma posible. Es en la totalidad de su conjunto una producción muy pausada, contemplativa y agradable, que sólo pide para ser vista calma, una mente abierta y despejada y cierto aprecio por las pequeñas cosas de nuestra vida. Desconozco si vista desde la perspectiva contraria (con inquietud, estrés y viendo la vida sin tanto detenimiento) puede surtir el mismo efecto, pero es incluso probable que “El olor de la papaya verde” sea capaz de servir como una reconfortante terapia que nos ayude a estar en paz con nosotros mismos.

Nota del autor:
8,0
 ████████ (Muy buena)

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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