Título original: You Will Meet a Tall Dark Stranger
País: Reino Unido
Duración: 
98 min.
Director: 
Woody Allen

Guión: Woody Allen
Música: Varios artistas

“[…] Llena de contrastes, resulta tan vivaz como relajante, tan alocada como lógica y tan divertida como reflexiva […] Todo en ella encaja perfectamente […] Nos acerca al terreno de los amores frustrados, el temor a la vejez y a la soledad, a la inmoralidad y… a muchas cosas más […] Gozoso entretenimiento. […]”

Brillan las estrellas, los grillos componen la partitura de la noche y bajo el negro cielo que se dibuja allá arriba, yaces tú, lleno de paz y tranquilidad. No deseas que esta armonía se rompa, y tampoco quieres faltar a tu apasionada cita con el cine. La elección de una película de Woody Allen (“Match Point“, 2005) parece casi obligada. Él siempre te habla de algo, transportándote a través de unas historias que fluyen por la pantalla de manera agradable y fácil de entender, a pesar de la inteligencia con la que están construidas. Bajo el amparo del jazz comienza esta comedia dramática llena de contrastes, que resulta tan vivaz como relajante, tan alocada como lógica y tan divertida como reflexiva. Probablemente no sea su mejor película, pero es una buena película, digna de ver, sentir y disfrutar. Todo en ella encaja perfectamente y se ofrece desde la particular visión de un director sin complejos.

Esta historia de historias tiene como lujoso enclave la ciudad de Londres. Por sus calles transitan toda una serie de personajes que comparten entre sí el hecho de tener una situación romántica inexistente o caótica, con el acecho en el horizonte del divorcio o de las infidelidades. Helena Shebritch (Gemma Jones), de unos 65 años, está separada de Alfie (Anthony Hopkins), y al sentirse invadida por la soledad, recurre a una médium para que le “prediga el futuro”, previo pago por talón o efectivo, y siempre con la compañía de una buena botella de whisky en el centro de la mesa. Alfie por su parte, al verse acorralado por el paso de los años, quiere detener el reloj de la vida y busca a una mujer que le llene de esperanzas, mientras hace footing, ejercicio muscular y se adapta a una dieta sana y equilibrada. La hija de los dos citados, Sally (Naomi Watts) y su marido Roy Channing (Josh Brolin) representan la típica pareja estancada en una aburrida monotonía. Sally trabaja alegremente en una galería de arte para un jefe que le atrae, Greg (Antonio Banderas), mientras que Roy, que ha dejado varios trabajos, intenta estabilizarse teniendo éxito escribiendo una novela. Pero la chica de enfrente, Dia (Freida Pinto), una preciosidad exótica, le quita el sueño…

Vaya por delante que no lo digo por favoritismos personales, ya que Josh Brolin (“No es país para viejos“, 2007) es un actor que me gusta bastante, pero es su personaje y su historia la que más me ha interesado, a pesar de que ninguna sobre en esta película. Todos los relatos disfrutan de un equiparado número de minutos y están escritos desde el acierto que da la experiencia. Pero resulta divertido ver a un personaje como Brolin -aquí desfondado, fuera de su peso habitual-, casi desquiciado por todos los patéticos acontecimientos que le rodean. Se le ha visto muy cómodo en su rol. Naomi Watts (“Promesas del Este“, 2007) funciona muy bien como el contraste a esta situación, desde un papel desde el que da rienda suelta a su inmensa calidad como actriz, convertida en una de mis actrices favoritas desde su brillante trabajo en “Mulholland Drive” (2001). Pero estos dos no son los únicos que hacen un trabajo espléndido, pues gustan mucho Anthony Hopkins (“El hombre lobo“, 2010) y Gemma Jones (“El diario de Bridget Jones“, 2001), ambos brillantes en su particular forma de sentir la vejez. Antonio Banderas (“The Code“, 2009) deja a España en buen lugar con su convincente pero limitada interpretación, mientras que Freida Pinto -en un papel que combina la sensualidad con la inocencia- gusta y mucho. Se agradecen las apariciones de un encantador Roger Ashton-Griffiths.

Además de la eterna tipografía de sus créditos iniciales, utilizada desde su película “Annie Hall” (1977), Allen se caracteriza en sus películas por la elección de diversas piezas musicales de gran calidad cuyos estilos más visibles son el jazz y la música clásica. Los primeros compases de la banda sonora corren a cargo del “When you whish upon a star” de Leon Redbone, seguido de hasta tres temas de Tom Sharpsteen and His Orlandos (hasta aquí todo jazz & blues), partituras clásicas con melodías originales de Luigi Boccherini y Mozart, e incluso la ópera “Tu che a Dio spiegasti l’ali”. El resto es dejarse llevar y disfrutar de las historias que se narran desde esta película, que nos acerca al terreno de los amores frustrados, el temor a la vejez y a la soledad, a la inmoralidad y… a muchas cosas más. No prejuzguen: sólo vean. Y sientan este gozoso entretenimiento.

Nota del autor:
7,0 ███████ (Buena)

COMENTARIOS DEL EQUIPO LGE

Miquel Alenyà
“[…] La narración que presenta el film se caracteriza por su vocación realista, contenida y equilibrada, clasicista y exenta de exageraciones y desmesuras. Focaliza la atención en el análisis del comportamiento del ser humano, sus ambiciones, ilusiones, frustraciones y desengaños. Hace uso de unos diálogos bien construidos, expresivos y verosímiles, dotados de una brillantez comparable a la de films del autor que gozan de la mayor consideración […] Woody Allen, que tiene una enorme capacidad de trabajo y se ajusta a un plan riguroso y detallado de distribución temporal de tareas, deja en el film pruebas terminantes de lucidez, agilidad mental y capacidad de creación y conmoción. Su trabajo destila frescura, ligereza y sensibilidad, en cantidades muy notables. Su inventiva es fina y certera, su mordacidad es incisiva y potente, su puesta en escena es brillante y el ritmo de la cinta, pausado y profundo, es admirable. Los temas que trata en el film se refieren a la necesidad de los sueños, las ilusiones y las fantasías para hacer llevadera la vida humana y darle sentido. Muestra con elocuencia las insatisfacciones que provocan los sueños rotos y las desilusiones. Su pesimismo existencial, similar al de su juventud, le lleva a explicar la felicidad humana en términos que infunden un tono melancólico al relato […] Le preocupan el futuro, siempre incierto, y la muerte. Habla de psiquiatras, sexo, amor, infidelidades conyugales, divorcio, lluvia, obras de arte, etc. Explica el grado elevado de complejidad de las relaciones humanas […]” 8

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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