Título original: Requiem for a Dream
País: EEUU
Primera proyección:
Francia, 14 May. 2000 (Festival de Cannes)
Duración:
102 min.
Director:
Darren Aronofsky

Guión: Darren Aronofsky, Hubert Selby Jr. (Novela: Hubert Selby Jr.)

Todos tenemos un sueño, por inalcanzable que éste pueda parecernos. Hay quien piensa en grande y desea una vida ostentosa, llena de lujos y comodidades, grandes coches y un bello palacio en el que poder vivir. Quizás, salir de la miseria en la que está sumido, encontrar al amor de su vida o ver cómo un ser querido mejora, o se estabiliza sin riesgos, de una enfermedad. Otros desean una vida tranquila, sin darle demasiada importancia a lo material, porque se consideran los más ricos del mundo teniendo menos que nadie. Y entre un catálogo infinito de esperanzadores proyectos, hay personas que lo único que sueñan es con tener una vida normal (aún siendo esta, también, deprimente), dejando atrás el caos en el que se ha convertido su día a día, bien por la simple y a veces maldita fuerza del destino o por recoger el fruto sembrado desde la inmadurez, la desesperación y las malas relaciones.

Son personas como los dos principales protagonistas de “Réquiem por un sueño”. Por una parte se encuentra Sara Goldfarb (Ellen Burstyn), señora mayor, viuda, aburrida y sin más ocupaciones que las de estar enganchada a un popular programa de televisión, limpiar y ordenar la misma casa que no comparte con nadie y bajar a sentarse a la calle junto a sus amigas para tomar el sol. Por el otro lado está su hijo Harry (Jared Leto), enganchado a las drogas e inmerso en un mundo que siempre gira alrededor de ellas. Tener el dinero suficiente para poder costearse los chutes diarios es una necesidad. Tener la droga de sobra para, además de consumirla, venderla y de este modo, poder tener asegurado el consumo y, quién sabe si hasta un futuro que ofrezca el dinero necesario para salir de esa vida, es un sueño. Sara y Harry. Madre e hijo. Una sólo quiere romper la monotonía en la que se ha instalado, y disfrutar las mismas ilusiones que pudo vivir años atrás. El otro, junto a su novia Marion Silver (Jennifer Connelly) y su amigo Tyrone C. Love (Marlon Wayans) -ambos también conquistados por la adicción a las drogas- se propone nuevos caminos para salir adelante y promete lo que cualquier yonqui: “vamos a salir de esta”.

Así pues, la película es un retrato de dos desgracias sociales: la soledad en la vejez, y la drogadicción en la juventud. Dos formas de hundirse, deprimirse y asustarse presentadas por Darren Aronofsky (“El luchador“, 2009) con un montaje muy original y metódico. Algunas de las acciones ejecutadas por los protagonistas son vistas por la cámara de una forma indirecta, asociando la realización una escena a cada uno de los momentos que más se repiten en la película. Por ejemplo, en lugar de ver una simple perspectiva de cómo Harry se pincha heroína, contemplaremos una secuencia ofrecida a gran velocidad en la que vemos sucederse distintos tipos de imágenes estándar que siempre resultan ser prácticamente las mismas (cómo se prepara la droga, se introduce dentro de la vena y finalmente se dilatan las pupilas). La película, bien realizada, narrada y técnicamente ejemplar, resulta incómoda de ver, y no desde luego por un fallo de la dirección (no hay reproche en este aspecto) sino por el flagrante realismo de lo mostrado. No es posible disfrutar con este argumento tan contundente, pues si bien muchas veces hemos sido testigos de un sinfín de películas de drogadictos, es “Réquiem por un sueño” la que más contundencia y frialdad demuestra, valiéndose además de otra historia “adjunta” (la de Sara Goldfarb y su paranoica obsesión por la TV) que no hace más que mejorar la trama.

Contamos además con la garantía de las buenas interpretaciones de los principales, una convincente y entrañable Ellen Burstyn y un muy buen Jared Leto (“El asesinato de John”, 2007), un actor discreto que poco a poco va formándose como una de las mejores opciones de Hollywood, gracias a sus bien escogidas películas, al menos de un tiempo a esta parte. Jennifer Connelly (“Dark City“, 1998) apenas abandona durante todo el metraje su rol de chica sensual y simple “novia de”, por lo que su trabajo, más allá de determinados gestos y pequeños diálogos que no salen de la corrección, no se puede valorar demasiado. Marlon Wayans, a pesar de que se deja ver, no me gustó: me pareció sobre-actuado y en ocasiones, incómodo. Desconozco si por la repugnante personalidad del rol que interpreta, o directamente por su discutible calidad como actor.

 

El apartado musical, dirigido por el bueno de Clint Mansell (“Cisne negro”, 2009), colaborador habitual de Aronofsky, completa una banda sonora magistral, copada por la pieza principal (“Summer overture”), que es sin duda una de las mejores creaciones para el cine en años, tanto por su nivel de asombrosa calidad como por lo memorable de sus compases, que han recorrido todo el mundo hasta convertirse en uno de los trabajos más fácilmente reconocibles. El resto de la extensa y acertada BSO se caracteriza por un buen puñado de temas de corta duración, deprimentes, extraños y ciertamente agobiantes, muy en la línea del ambiente que la dirección del film logra construir para esta, cuanto menos, buena, inquietante y desalentadora película, que se limita a dejar los problemas encima de la mesa, sin preocuparse de cómo éstos deben ser resueltos.

Nota del autor:
7,0 ███████ (Buena)

 

COMENTARIOS DEL EQUIPO LGE

Miquel Alenyà
“[…] La narración es intensa, cruda, rotunda y perturbadora. Contiene pasajes sobrecogedores, dispuestos en un crescendo que en la última parte del film alcanza una intensidad y fuerza demoledoras. La descripción del descenso al infierno de la droga, la autodestrucción y la desesperación, compone un cuadro terrible y escalofriante. El relato se construye desde el punto de vista subjetivo de los personajes, dejando de lado estudios objetivos y análisis empíricos. Lo que interesa al autor es la experiencia subjetiva del consumo de drogas en situaciones avanzadas de descontrol. Expone con trazos amargos la escasa, nula o negativa, capacidad de respuesta del sistema sanitario ante enfermos drogodependientes. Lo ilustra con el uso del electroshock, abandonado en los años 70. Película de culto, notable, interesante y absorbente, que merece la atención del cinéfilo. Más que del fracaso del sueño americano, habla de la condición humana, de la fragilidad de las personas, de la creciente plaga de las adicciones, de las carencias afectivas y emocionales que generan las sociedades posmodernas de las grandes urbes y de los peligros estremecedores que se dan asociados a las drogodependencias. […]” 8

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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