José María Pou (Barcelona (un mapa), 2007) dotó al personaje de Ferrer con una fuerza, un ímpetu y una contundencia que acabó mejorando durante el transcurso de los 83 episodios de esta serie, que a diferencia de El comisario (1999) no se centra en el trabajo más corriente de un policía nacional español, sino que gracias a un estilo peculiar y característico se adentró de alguna manera en el género del thriller, haciendo de Policías una serie que supera lo notable, que hace especial hincapié en ofrecernos a estos agentes de la ley desde un punto de vista más cinematográfico y menos realista en favor del entretenimiento, aunque no por ello descuiden el lado más humano —gran parte del peso de esta serie se focaliza ahí— de todos los protagonistas.

Aunque todos sus personajes saborean en algún momento de la serie lo mismo un momento romántico que otro bastante dramático, el reparto solía diferenciarse en este aspecto, dejando lo ‘serio’ para personajes como José María Pou en el rol del Jefe del MIP-2, Ferrer, y el enigmático, sarcástico y brillante subinspector Klimov “El Ruso” (Pedro Casablanc). A menudo, la cara más simpática y cotidiana de la patrulla policial estaba representada por Mateo (Toni Sevilla) y Sebas (Paco Luque).

El toque poético lo ponía el inspector Toño (Roberto Mori), carne de despacho que entre orden y orden recitaba los versos que a su vez daban nombre a cada capítulo de la serie española con la que más he disfrutado.

Todo se dió cita en Policías, en el corazón de la calle, una serie que lejos de ir decayendo durante su desarrollo, fue mejorando y ganando fuerza en sus capítulos. Lo fantástico de algunas de sus escenas, dotadas de grandes efectos especiales y un admirable uso de la cámara, se acepta al tener en cuenta que “Policías no tiene la obligación de ofrecernos un producto completamente fiel a la realidad (algo documentalista), sino un buen entretenimiento que supere las expectativas habituales.

He venido aquí para hablar de esta serie y no de las injustas votaciones que le son concedidas en algunos medios en los que podemos interactuar, pero ya que estoy, haré un matiz: tal y como dice el autor de una crítica no profesional que leí, “hay que ver más de diez minutos para valorar esta serie“. Me apuesto la mano con la que me lavo los dientes a que la inmensa mayoría de los que han realizado esas votaciones apenas han visto más de 2 o 3 capítulos. Yo he visto los 83, y no por ello tengo más razón o soy más objetivo (le doy un 10 y se que no es para tanto, pero esta serie hizo mella en mi) pero al menos puedo valorarla con el conocimiento de quien la ha visto a fondo.

En La Cueva (el garito al que iban algunos policías después de su jornada laboral) se escuchaban grupos de diversa índole y géneros de la escena musical española, una interesante apuesta para dar a conocer pequeñas formaciones de dispar calidad, o incluir algunos nombres patrios de gran calado popular, como actuaciones estrella (que vienen desde Fangoria o Ramoncín, hasta Sidonie o Glutamato Ye-Yé). Esa música era muy diferente a otra con gran toque de suspense que hacía presencia en gran parte de cada capítulo sin perderse casi ningún final. Antena 3 TV, cadena en la que la vi,  la emitió durante mucho tiempo los jueves. Hacia sus capítulos finales, se cachondeó de la misma y no respetó al espectador, cambiándola continuamente tanto de día como de franja horaria, llegando a retransmitirla a las 12 o 1 de la noche. A pesar de esto la veía igualmente, sufriendo en mis carnes al día siguiente el efecto de mis pocas horas de sueño, por tener que madrugar.

Memorable final [no desvelo nada] con la 1812 Overture de Tchaikovsky como tema protagonista en un capítulo de locura. Gracias por este trabajo y por todos los episodios que tanto me hicieron disfrutar.

 

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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