C.R.A.Z.Y. (2005)

Título original: C.R.A.Z.Y. (Crazy)
Títulos alternativos: 
Mis gloriosos hermanos (C.R.A.Z.Y.) (Argentina)
País: Canadá
Primera proyección: Canadá, 27 May. 2005
Duración: 
127 min. 
Director:
 Jean-Marc Vallée
Guión: Jean-Marc Vallée, François Boulay
Música: Varios artistas
Género: Drama
Reparto: Marc-André Grondin, Michel Côté, Danielle Proulx, Émile Vallée, Pierre-Luc Brillant, Maxime Tremblay, Alex Gravel, Natasha Thompson, Emmanuel Raymond, Charles-Édouard Tanguay, Émile Gagnon-Girard, Jean-Alexandre Létourneau, Sébastien Blouin

“[...] Una película seria, didáctica, necesaria, que arranca sonrisas y estruja corazones […] Hermosas escenas de impactante poderío visual e hipnótico resultado emocional […] Entretenidísimo paseo a través de la familia, la infancia, la nostalgia, los prejuicios, los silencios, las emociones y la esperanza [...]”

Pocas veces en el cine se ha tocado la homosexualidad de una manera capaz de unir lo riguroso y lo elegante de una forma tan amena. En esta película el colectivo protagonista sale con su imagen refrescada, muy beneficiado por un relato que ayuda a comprender su realidad sin la necesidad de dramatizar la historia mediante descripciones exageradas; hecho en el que lamentablemente sí tropiezan otras producciones cinematográficas que abordan la materia y en las cuales se recurre al desproporcionado e histriónico estereotipo habitual que pretende representar a todo el colectivo gay. La obra del canadiense Jean Marc Vallée (“La reina Victoria”, 2009) es una película seria, didáctica, necesaria, que arranca sonrisas y estruja corazones, y que aprovecha su núcleo central para ir más allá, ramificando la historia hacia otros lugares en los que el público general pueda sentirse más identificado. La homosexualidad que se analiza en la historia es también una metáfora aplicable a nuestras experiencias personales, y desde la cinta no sólo se invita a ‘salir del armario’ a su protagonista sino a toda aquella persona que indiferentemente de su orientación sexual, albergue tras de sí un gran deseo de explotar y mostrarse tal y como es realmente, librándose de todas las ataduras y complejos de este mundo lleno de prejuicios, y haciendo brillar el esplendor de la más absoluta naturalidad.

En esta historia -inspirada en los propios recuerdos personales del co-guionista François Boulay- se presenta cronológicamente la evolución de Zachary Beaulieu desde su infancia (Émile Vallée) hasta su adolescencia (Marc-André Grondin), mostrándonos todos los problemas a los que deberá enfrentarse en la vida pero también haciéndonos partícipes de sus pequeñas ilusiones. Los mayores quebraderos de cabeza provienen (más allá de su conciencia) de sus tres insoportables hermanos, con los que apenas tiene la confianza para entablar cualquier tipo de conversación. Ya desde bien pequeño Zachary deja entrever sus inclinaciones, prefiriendo los juguetes femeninos por encima de los de habituales para su sexo, y mostrándose mucho más sentimental que sus congéneres, algo que preocupa profundamente a su padre, Gervais (Michel Côté), quien por todos los medios tratará de limpiar el cerebro de su hijo. Mientras todo transcurre en Quebec (Canadá) a través de una fascinante ambientación de la época, sus envolventes escenas continúan hablándonos del crecimiento de Zachary, sus amistades, la relación con sus padres, pequeños secretos y temores. Hechos que irán extendiéndose hasta su paso a la adolescencia, etapa en la que tendrá que lidiar con problemas mucho mayores, haciendo sentar las bases de lo que será su vida y enfrentándose al mundo como hasta el momento no lo había hecho.

Todo está narrado con brillantez, montado con manos de artesano y rodado como sólo los más grandes en esto del cine podrían hacerlo, dejando tras de sí todo un recital de hermosas escenas de impactante poderío visual e hipnótico resultado emocional. La recreación de todo el ambiente familiar en el que se centran los protagonistas es sublime: han conseguido hacer una familia de verdad, dibujando con autenticidad a cada uno de sus miembros, a los que puedes amar, odiar, o ambas cosas. El peso generalizado de sus interpretaciones recae en los dos actores que dan vida a Zachary, primero el pequeño Émile Vallée (“Café de flore“, 2011) y después, como adolescente, Marc-André Grondin (“5150, Rue des Ormes“, 2009). Ambos, y especialmente el segundo, van mucho más allá del trámite de convencer, pues desde sus emocionadas interpretaciones consiguen calar hondo: mientras el pequeño enternece con sus pequeñas vivencias, Marc-André carga su papel de sinceridad, energía y sentimiento, haciendo que su personaje sea plenamente comprendido por el espectador. Michel Côté (“Cruising Bar“, 1991) resulta muy grato en su papel de Gervais, y es su trabajo uno de los más destacados de la cinta después de los ya citados anteriormente.

Además de un recorrido cronológico a través de los años del protagonista, la realización propone un viaje musical por los años mediante una banda sonora magistral que reúne una amplia selección de temas y artistas impresionantes. Patsy Cline, Charles Aznavour, Pink Floyd, The Rolling Stones, Jefferson Airplane, Elvis Presley, Giorgio Moroder, The Cure o David Bowie son el grueso de una excelente colección de canciones, pero la “Space Oddity” del último citado (Bowie) resulta especialmente llamativa por la inolvidable escena con la que se fusiona. No hay que olvidarse de la maravillosa “Crazy” de Patsy Cline escrita por el bueno de Willie Nelson, ni del “Sympathy for the devil” de los Rolling (aparecido en una escena de locura, y de estas hay varias en la película). Llegados a este punto, resumir diciendo que este es un emocionante, sentido, realista, convincente y entretenidísimo paseo a través de la familia, la infancia, la nostalgia, los prejuicios, los silencios, las emociones y la esperanza. Una auténtica sorpresa llena de genialidades, muy de agradecer.

Nota del autor:
8,0 
████████ (Muy buena)
Promedio de notas:
7,4
███████ (Buena)
Filmaffinity: 7,4 | CINEol: 6,5 | IMDB: 8,0 | LGEcine: 8,0

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CURIOSIDADES
- Completar una banda sonora tan espectacular como la reunida en esta película llevó a la realización a reducir el salario de su propio director y productor, Jean-Marc Vallée, para poder costear los 600.000 dólares canadienses que se emplearon en la adquisición de los derechos de la música. La importancia de la música en la película es tal que incluso en muchos de sus carteles promocionales podemos encontrar en lugar destacado la referencia a la inclusión de los temas originales de David Bowie, Pink Floyd, The Rolling Stones o Patsy Cline. 

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