Anima (Brian Tetsuro Ivie, 2026) – 90 min. –

En un futuro controlado por corporaciones y la tecnología. Donde intentar estar desconectado es un acto de rebeldía, una corporación ahora ofrece la posibilidad de traspasar tus recuerdos a la nube, para crear un yo virtual para cuando tu no estés. Tendremos el último viaje de un cliente antes de crearse su sosia virtual.

Una buena dosis de porno emocional con un rebozado de ciencia ficción. Nada como esto para cuando tienes un día bajo emocionalmente y necesitas que alguien te machaque el riñón. Aun así una historia muy interesante y que da motivo para reflexión.

 

Se vende como historia de ciencia ficción cuando en realidad es una road movie por completo. Dramatica a más no poder con cierto toque redentor. Usándose solamente la sci-fi como una especie espolvoreada por encima. Hasta el punto de mencionarse, pero nunca verse. Insinuar, pero no ver, la clave de una buena historia.

Con un soberbio trabajo de los dos actores protagonistas. Una buena Lily Chander (Alien Earth) y un mejor aún Takehiro Hira (Shogun, Rental Family, Tornado…) que se come la pantalla con esa mezcla de tristeza cómica y resignación que me recuerda bastante a Ken Watanabe.

Siendo el papel de los actores solo superado por la banda sonora de la película que me parece muy bien escogida, un gran acompañamiento para una historia bien bajonera, pero que al final intenta arrancarte una sonrisa.

Siendo la historia un mix de un episodio de Black Mirror (el de la copia no tan virtual) con Mar adentro. Pero que no desmerece en ningún momento por el tratamiento de la misma. Sereno, con respeto y muy pausado.Abriéndonos varios caminos para la reflexión durante un metraje bastante corto para lo que se estima actualmente, apenas 90 minutos. Empezando con el más sencillo que sería el de la dignidad ante la muerte que se avecina. Pudiendo escoger el momento y la forma de irse para retener la autonomía y la dignidad hasta el óbito.

Por otro lado y este es el principal durante el metraje, tenemos la humana pulsión de intentar poner todos nuestros asuntos en orden ante el final. La necesidad de no dejar flecos sin atar. Como si la realidad misma no pudiera mantenerse ante nuestra ausencia si no hemos cerrado todo. Una buena dosis de egocentrismo ante el fin nunca viene mal. Queremos ser los dirigentes de nuestro destino. Y en esta historia, Paul, nuestro protagonista, querrá cumplir con todos los puntos de su agenda. Puntos, verdades, mentiras, deseos, desatendidos durante años…porque se tenía todo el tiempo del mundo.

Una cosa que ilustra durante el metraje es la tristeza de descubrir que solo se empieza a vivir cuando se es consciente de que se empieza a morir. Solo ante la ausencia notamos la importancia. Solo ante el crecimiento del vacío intentamos llenar nuestros minutos como intentará hacer nuestro protagonista.

El cual se ve reflejado en nuestra compañera de viaje, persona que no entiende el mundo moderno e intenta huir de la tecnología, cogiendo los trabajos que puede. Desesperada por el dinero. Para tener algo de autonomía ante el futuro. Debiendo coger el trabajo de acompañar a Paul a que comulgue ante las dos cosas que no comprende y le aterran. La muerte y la tecnología.Es a base de la tensión entre estos dos personajes y su increible falta de química inicial, como iremos construyendo nuestra historia. Cómo se empezaran a acercar posiciones empezando a verse en los ojos del otro, comprendiéndole y comprendiéndose a la vez. Avanzando un poco uno y retrocediendo el otro.

Un film que, a partir de la tristeza, consigue crear algo bonito en los pequeños momentos de pausa del mismo. Y ahí reside su fuerza.

Buscando combatir una mentira con la verdad, diciendo unas últimas palabras de aliento, visitando sitios queridos e intentando subsanar la ausencia con la presencia tardía.

Dejándonos de forma muy elegante unas preguntas al final del metraje. Materia que la filosofía intenta elucidar durante mucho. Como la paradoja del barco de Teseo. Una copia perfecta de uno mismo elaborada a partir de nosotros mismos. ¿Sería real?¿Sería nosotros mismos? ¿Realmente importa?

Llevándonos a una reflexión adicional ¿Por qué? Es necesario crear una copia cual monumento a la egolatría de nosotros?. Un chatbot o imagen virtual que puedan visitar nuestros familiares, amigos, gente interesada. No tiene sentido. Impide el movimiento humano más básico, el seguir hacia adelante, haciendo que nos aferremos a una copia de algo que no esta ya. Una imagen temporal es aceptable. Pero lo que se plantea en la película es un intento de parar el tiempo en una imagen fija que lo único que nos lleva es a la decrepitud y la entropía.Siendo para postre algo que solo los ricos pueden permitirse. Como siempre, intentando preservar el tiempo de su movimiento para centrarlo en ellos. Muy sutilmente la película lanza la pulla en esa dirección, si se sabe escuchar.

Una historia muy interesante y necesaria de ver. Que no debéis tomar como ciencia ficción sino como una reflexión sobre la vida y el ser humano.

La frase: Los botones son el invento más inutil del mundo, hasta que los pierdes, entonces solo puedes pensar en ellos.

La escena: El momento en que Paul conoce a Ryan.

Vista con PASE DE PRENSA en el Festival Internacional de Sitges 2026

Nota del autor:

8,0 ██████ (Muy buena)

 

Written by Oscar Hidalgo

Cinéfago demente