Blue Jasmine (Woody Allen, 2013) – 98 min
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Hace tres años Woody Allen sorprendió con una de sus películas, si no más dramáticas, sí de las más descorazonadoras de sus últimos años, Conocerás al hombre de tus sueños (2010), un drama realista sobre las relaciones humanas. Su último trabajo, Blue Jasmine, sigue esa línea, la de su interés por la evolución (o involución) de las relaciones de pareja. Pero, en este caso, quedan en un plano más secundario, dando prioridad al drama individual de un solo personaje en todas las facetas de su vida, no sólo la amorosa. Jasmine/Janette (inmensa Cate Blachett) es una mujer cuyos recuerdos y experiencias se van entremezclando entre Nueva York y San Francisco. Acostumbrada a un alto nivel de vida en Manhattan, de un día para otro ve su existencia hecha pedazos y se tiene que marchar a vivir con su hermana Ginger, con la que nunca ha congeniado (Sally Hawkins, en un papel que recuerda al que hizo en El sueño de Cassandra, 2007).

El propio título de la película juega, como el leitmotiv de Jasmine (la canción Blue Moon), con la melancolía que acecha a la protagonista. Pero lo hace desde una perspectiva nada romántica, entendida como un mal de la sociedad actual. Este aspecto se aprecia incluso en la manera de retratar la ciudad de San Francisco, un lugar recóndito, gris y triste, que contrasta con el esplendor con el que el director ha presentado otras ciudades como Nueva York o París. En Blue Jasmine, aparte de algún plano general del Golden Gate o del Marina Boulevard, la mayoría de escenas tienen lugar en espacios cerrados, lo que les confiere una apariencia teatral. Es cierto que se echa de menos ver los típicos tranvías o el alegre Pier 39, pero no mostrar los aspectos más pintorescos de la ciudad es una manera de acentuar la opresión interior de Jasmine.
Allen nos cuenta la que podría ser una trillada historia de superación personal, pero nada más lejos de ello. Lo que se nos muestra es el intento de recuperar una vida ya perdida, la imposibilidad de hacerlo y la incapacidad de aceptarlo. Jasmine nunca va a consentir vivir por debajo de lo que ella cree que es su nivel, y se anestesia con medicación y alcohol para no ser consciente de la realidad. Es en estos momentos depresivos y maniáticos cuando atisbamos en Jasmine la sombra del propio Allen. El director le da el protagonismo a un personaje en principio antipático, pero Cate Blanchett (El curioso caso de Benjamin Button, 2008) se mete tanto en la piel y el alma de esa mujer permanentemente al borde del ataque de nervios, que un sentimiento catártico nos hace acabar sintiendo compasión por ella.

También Allen vuelve a hacer una crítica a la banalidad de la alta sociedad, aunque no tan despiadada como la que veíamos en Match Point (2005). En Blue Jasmine dirige una mirada muy humanista hacia todos los personajes, que son, pertenezcan a la clase que pertenezcan, individuos solitarios que sólo buscan ser felices de un modo u otro. He aquí la constante de su cine, y donde podemos ver su lado más optimista y alegre, o el profundamente dramático: en decidir, cual demiurgo, si les da a sus personajes la tan ansiada felicidad o no. Él mismo nos puso el mejor ejemplo de ello con Melinda & Melinda (2004).
Tras la encantadora Midnight in Paris (2011) y la insustancial A Roma con amor (2012), Woody Allen vuelve por tanto a poner los pies en la tierra de la manera más cruda. Revestida de comedia, pero sin grandes aspavientos que alejen la tragedia cotidiana que hay en el fondo. Allen vuelve por la puerta grande para hacernos reír de amargura. Y es que en el fondo, todos hemos sido Jasmine alguna vez.

Distribuida en España por WARNER BROS
Vista en PASE DE PRENSA el Lunes 11 de Noviembre de 2013 en CINESA PROYECCIONES, Madrid.

Nota del autor:
8,0 ████████ (Muy buena)
Película en CARTELERA a partir del 15 de Noviembre de 2013.
Trailer

Written by Sofia Pérez Delgado

Redactora de LGEcine

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