Título original: Rebelle (War Witch) (Kim Nguyen, 2012) – 90 min

Las historias duras siempre son difíciles: hay que pensar muy bien lo que quieres mostrar y lo que no, y nunca decirle de forma explícita al público cuándo tiene que emocionarse ni recalcarle los motivos por los que debe hacerlo. Enhorabuena a Kim Nguyen (“La cité”, 2010) por haberlo logrado y a la Academia de Hollywood por reconocérselo con la nominación al Oscar como mejor película de habla no inglesa. Rebelle” es la narración que hace Komona (la debutante Rachel Mwanza) de su vida entre los doce y los catorce años a su hijo no nato; es decir, desde que la milicia se la lleva de su poblado para convertirla en soldado del ejército rebelde hasta el nacimiento del bebé. En ella le explica la razón por la que necesita sacar fuerzas para quererle.

No es la primera vez que vemos en el cine la tragedia de los niños soldado en África, pero no por antes contada se hace menos dura. Además, yo no tengo noticia de otro film que toque el tema con tanta profundidad y teniendo como protagonista a una niña obligada a luchar con la milicia. Y menos aún que lo haga casi a modo de documental pero insertando una potente historia dramática contada desde la intimidad y la poética. Y sin dar lecciones de moralidad, dejando que el público tome sus propias decisiones. Porque “Rebelle” no habla solamente de los niños soldado, sino de lo que nos hace ser humanos y lo que nos quita esa humanidad. Todo el guión pivota sutilmente sobre el amor, que nos acerca a los demás, y la supervivencia, que nos aleja convirtiéndonos en monstruos.

Nguyen, también guionista, conduce con mano maestra por el filo del alma humana de un modo que respira verdad por todas partes. Con un tempo cuidadísimo, sabe cuándo dejarnos respirar para que no nos ahoguemos. A la media hora aproximada de metraje uno piensa que si mantiene al espectador más rato ahí sobrepasará el umbral de dolor y el drama se volverá hastío. Entonces gira la trama hasta un punto que te sacude el mal cuerpo y te ofrece ternura y amabilidad, y lo agradeces; incluso te da un toque de comedia para que te relajes. Pero eres consciente de que “esto es África”, como bien explicaban en “Diamante de sangre” (2006), y la felicidad allí dura poco. Y todo ello a un ritmo adecuado que ni necesita ser vertiginoso ni pretende hacerte ver crecer la hierba, con lo que nunca se hace pesada.

Sorprenden por lo acertadas ciertas decisiones de Nguyen. Hace hincapié en la magia y los rituales como herramienta de poder, que suelen tener tanta o más importancia que el uso de la violencia. En cambio apenas aborda hasta bien avanzada la película las agresiones de índole sexual, seguramente para no sobresaturar al espectador de conflictos desagradables. Esa misma explicación cabe encontrar al hecho de que no sea extremadamente sanguinolenta, tocando el tema que toca; cuando algo ya es duro per se no hace falta recrearse en ello. Hay un pequeño pero: me hubiese gustado que se hablara algo del papel de los albinos en la magia de África, puesto que Mago (el también debutante Serge Kanyinda) lo es y ocupa el segundo rol más destacado de la cinta; cabe decir que en algunos países africanos se les sacrifica por la creencia de que sus órganos tienen poderes de gran utilidad en la magia negra.

La voz en off merece capítulo aparte. Se dice que suele ser un recurso de mal guionista, y estoy de acuerdo. Pero también que hay casos en que es justificable. Y éste sin duda lo es por dos razones. La primera, que la narración no va dirigida al espectador, sino al hijo no nato de Komona. Y la segunda, que durante la mayor parte del metraje nuestra protagonista está completamente sola en el mundo, tanto física como espiritualmente, y si no tiene con quien hablar, se hace complicado que sepamos lo que siente.

La dirección de Kim Nguyen es acertada en todos los aspectos. No se complica mucho la vida porque sabe que si se enreda en filigranas puede distraer la atención del público de lo realmente importante, que es la historia y sus personajes. Prioriza los planos cortos para crear intimidad y cuando los abre nos sitúa en el contexto físico de un modo pausado y poético. Además planifica bien sus escenas creando algunas realmente bonitas, como en la que Komona y Mago se sientan en las vías del tren. Ahí vemos una buena compenetración con Nicolas Bolduc, el director de fotografía (con el que ya trabajó en “La cité” y en “Truffe”). De esta labor conjunta salen imágenes potentes y de gran belleza.

Rachel Mwanza ofrece una interpretación conmovedora y llena de verdad. Con infinitos matices en sus gestos y sus miradas, es lo más creíble que puede darte una intérprete. Que ganara el Oso de plata a la mejor actriz en la Berlinale fue más que merecido. Después de ver como una debutante logra construir un personaje de un modo tan humano uno se pregunta de dónde la han sacado y por qué actrices consagradas son incapaces de alcanzar ese nivel interpretativo. El resto del reparto no desmerece su trabajo, destacando a Serge Kanyinda como Mago, otro neófito en el mundo del celuloide.

Rebelle” es una muy buena película, de las que aprecia la crítica y tiene buen recorrido en festivales, pero que por desgracia no suele ver el gran público. Su calidad la hace merecedora de una oportunidad. Si os apetece ver una historia dura, emotiva y bien contada, dádsela y no os decepcionará.

Distribuida en España por Good Films.
Vista en PASE DE PRENSA el 5 de Abril de 2013 en los Cines Verdi Park, Barcelona.

Nota del autor:
8,0 ████████ (Muy buena)
Película en CARTELERA a partir del 10 de Mayo de 2013.

LGEcine Radio

Hablamos de esta película en un podcast de LGEcine Radio. Puedes escucharlo aquí.

 


Written by Eloy Cabacas

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