Título original: Ivanovo detstvo (Ивáново дéтство)
País: Unión Soviética
Primera proyección: Unión Soviética, 06 Abr. 1962
Duración: 
95 min. 
Director:
 Andrei Tarkovsky

Guión: Vladimir Bogomolov, Mikhail Papava

Una de las mejores formas de exponer las crudas y devastadoras secuelas de una guerra puede ser la de plasmarlas a través de los testimonios de los mayores afectados de cualquier contienda: los niños. Los que no son obligados a firmar su fatídico destino poniendo fin a una corta vida, corren el riesgo de ver cómo su inocencia se derrumba como un castillo de naipes, renunciando así a la que es sin duda la etapa más elemental de nuestras vidas, la única en la que podemos soñar despiertos, ser felices de verdad y entusiasmarnos con las pequeñas cosas que vamos descubriendo. Pero la guerra, cualquiera -ese remedio tan desmesurado e inhumano para algunos, remedio indispensable, solución ‘in extremis’ y garantía de las libertades para otros-, es al final lo que se narra con tan buena mano en esta película del indispensable Andréi Tarkovski, primer largo después de la realización de dos mediometrajes (“Hoy no habrá salida”, 1959 – “El violín y la apisonadora”, 1961) y un corto (“Los asesinos”, 1958).

La guerra es además de un tétrico escenario en el que los pequeños habitantes del mundo se quitan la vida entre sí, un hecho que deja tras su paso de gigante una estela de dolor, sangre y emociones transformadas. En ocasiones, sus efectos negativos pueden llevar adjunta la solución a un problema, pero nunca dejará satisfechas las vidas de todos los civiles involucrados en la misma. Durante la Segunda Guerra Mundial se produjeron cientos de carnicerías, venidas principalmente de dos de los bandos principales del conflicto: nazis y soviéticos. De los segundos es el joven protagonista de esta historia, Iván (Nikolai Burlyaev) , un niño que tras perder a su familia a manos del ejército alemán fue recogido por las filas soviéticas casi en estado de adopción para utilizarlo como espía. Este trabajo apasiona al chaval, invadido constantemente por sueños desagradables que recuerdan su estado en este mundo, y de los cuales es su madre una de las imágenes más proyectadas. Cada una de esas escenas es una pequeña maravilla cinematográfica fruto de la fusión de la genialidad de Tarkovski, la visión de su director de fotografía, Vadim Yusov, con el que también trabajó en “Andrei Rublev” (1966) y “Solaris” (1972), y la impresionante capacidad de su montaje, a cargo de Lyudmila Feiginova (“Stalker”, 1979), habitual de Tarkovski.

Iván parece fuerte como el acero, y su mirada destila una inmersión total en la vida adulta, producto de su acelerada madurez por culpa de los ya comentados acontecimientos. Gusta de hacer su trabajo, seguramente porque es el mejor medio de evasión que puede encontrar y porque en su interior puede sentir deseos de venganza. La credibilidad que transmite Nikolai Burlyaev (“Voenno-polevoy roman“, 1984) y la contundencia que descarga sobre su personaje consiguen que entendamos la dura vida de Iván. Sus compañeros de reparto se muestran a la altura contribuyendo con unas interpretaciones firmes copadas por los trabajos de Valentin Zubkov (“Cuando pasan las cigüeñas“, 1957) como el decidido capitán Kholin, Yevgeni Zharikov (“Snegurochka“, 1969) como el más sentimental y entrañable teniente Galtsev, y una hipnótica, poética y hermética Valentina Malyavina (“Sotrudnik ChK“, 1964) en el papel de la enfermera Masha. Todos ellos forman parte del engranaje de esta película oscura, de impagable factura técnica y envolvente guión, ambientada de forma soberbia, repleta de imágenes inolvidables y dirigida con corazón de hierro y mano de pintor.

La película, grande en todos sus aspectos, anticiparía el legado que después iría completando Tarkovski, reconocido como uno de los mejores directores de la historia del cine cuya certificación son una serie de obras imperdurables que servirían de inspiración a otros realizadores. La música original es de Vyacheslav Ovchinnikov (“Guerra y Paz“, 1968). Sus tristes compases se funden con las escenas nada melodramáticas de “Ivanovo detstvo”, original y absorbente película en la que todo se muestra con la misma naturalidad que podemos encontrar en la vida misma y más concretamente en los conflictos bélicos que van surgiendo durante el transcurso de las mismas. Las facciones más realistas se alternan con hipnóticos y oníricos pasajes que, en conjunto con lo citado revelan que nos encontramos ante una cinta de elevada categoría. 

Nota del autor:
8,0
 ████████ (Muy buena)

COMENTARIOS DEL EQUIPO LGE

Miquel Alenyà
“[…] Andrei Tarkovsky sustituyó al director titular poco después del inicio del rodaje […] Iván, más que un héroe, es una víctima de guerra que lo ha convertido en una persona de comportamientos compulsivos y vengativos […] Un alegato convencido y convincente contra la barbarie de la guerra, contra todo tipo de violencia y contra la venganza […] Una historia trágica que el director utiliza para combinar sucesos, sueños, imaginaciones y alucinaciones […] La interpretación de Iván y de los militares a los que sirve son convincentes, pese a las críticas posteriores de Tarkovsky a Kolia Borliaiev (Iván) […] Película más compleja de lo que aparenta, de gran belleza visual, que emociona hasta el escalofrío […]” 8.

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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