Título original: Born on the Fourth of July
País: Estados Unidos
Primera proyección:
EEUU, 20 Dic. 1989
Duración: 
118 min.
Director:
Oliver Stone

Guión: Oliver Stone & Ron Kovic (Autobiografía: Ron Kovic)

 

¿Por qué puede parecerme buena una película cuyo trasfondo es un mensaje que no comparto en absoluto? La respuesta a esta pregunta se encuentra en el hecho de que si la duración de esta cinta es de aproximadamente dos horas y veinte minutos, la gran mayoría de su metraje (quizá una hora y media) destila calidad, acierto, interés y olor a cine de altos vueltos. El problema es cuando llegados al tramo final -que directamente, sobra- somos espectadores de todo un despliegue sectario, partidista, subjetivo y poco o nada acorde con la línea que la película había mantenido hasta ese instante. Probablemente Oliver Stone no quería dejar pasar la oportunidad de hacer gala de su reconocido ideario pro-comunista (o lo que sea) y así poder dejar clara a su vez una profunda sensación anti-americana que ya rezuman no pocas cintas y documentales del popular realizador neoyorquino. La Guerra de Vietnam podía haberse criticado con más objetividad y claridad que la mostrada en los últimos minutos de “Nacido el Cuatro de Julio”. Simplemente, incluso, bastaba haberlo hecho desde la perspectiva que esta misma película ofrece en sus casi dos horas iniciales.

La trama, basada en los hechos reales que el propio afectado en esta historia, Ron Kovic (aquí interpretado por Tom Cruise), escribió en sus memorias, narra la gran odisea vital a la que debe enfrentarse su protagonista, quien después de una feliz infancia y saliendo de la adolescencia, se ve -como otros muchísimos miles de jóvenes- implicado de forma voluntaria en la Guerra de Vietnam. Su afán de superación, amor a la patria y entusiasmo le conducen a alistarse, sin pestañear, en el Cuerpo de Marines con la clara intención de entrar en combate. Ya en el sudeste asiático, el paraíso se transforma en infierno y todo el camino de rosas que hasta el momento Oliver Stone había sabido dibujar a la perfección (el ambiente de su pueblo natal, la relación de Kovic con su familia, amigos y la chica de sus sueños, etc.), se enfanga para hablarnos de una historia desesperada, llena de remordimientos, confusión y tensión (la guerra y las secuelas que ésta puede producir sobre los hombres). Si en “Platoon” (1986) Stone se metió de lleno en la cara más intensa y directa del conflicto bélico, aquí éste sólo hace presencia durante unos minutos para después convertirse en un horroroso e imborrable recuerdo que atormentará la vida de Ron Kovic durante el resto de sus días: no es una película bélica, sino un drama basado en una historia bélica.

Lo que me aturde y hace sembrar mis dudas respecto a la completa fidelidad del relato de Kovic es el hecho de que desde sus palabras se critique sólo a un bando político (Republicano: en adelante “R”) y se ofrezca al rival directo de éste como máximo salvador (Demócrata: en adelante “D”). Si bien las primeras intenciones respecto a la también llamada Segunda Guerra de Indochina fueron las del presidente Dwight D. Eisenhower (R), no fue hasta la llegada de Kennedy (D) a la Casa Blanca cuando EEUU se involucró de verdad en la Guerra de Vietnam. Su sucesor, Lyndon B. Johnson (D), -que ya llevaba tiempo urdiendo su intención de meterse de lleno en el conflicto- está reconocido por ser “el presidente que llevó a EEUU a la Guerra de Vietnam”, iniciando la participación directa del Ejército norteamericano en suelo asiático. Fue el polémico presidente Nixon (R) quien comenzó el repliegue de tropas, retirando de forma gradual a 500.000 soldados el 3 de Noviembre de 1969. Su sucesor, Gerald Ford (R), dio carpetazo a la guerra citada en Abril del año 1975: las últimas tropas del Cuerpo de Marines, volvían a casa. Entonces, ¿exagera Kovic en sus palabras o simplemente Stone las aplica erróneamente para alimentar sus opiniones políticas a su antojo? Creo que nunca lo sabré.

Pocas cintas han podido levantarme tanta pasión y desamor a la vez como esta, al menos en lo que se refiere a su parte argumental. Técnica e interpretativamente es magnífica, pues creo que este es, sino el que más, uno de los mejores papeles de la carrera de Tom Cruise (“Magnolia“, 1999), un actor al que nunca he hecho ascos pero con el que tampoco he llegado a entusiasmarme. Su papel, en todas las etapas que atraviesa su personaje, es espléndido, y lo ejecuta con acierto, maestría y contundencia. El papel de Willem Dafoe (“Daybreakers“, 2009), aunque casi testimonial, es fabuloso. La música complementa la preciosa partitura casi medieval de John Williams con piezas tan fabulosas como el “Soldier Boy” de The Shirelles. La “parte buena” de la película es todo un desfile de pasiones, sabiendo reflejar magistralmente la nostalgia, los suplicios, la ira, el tormento y la incomprensión social que ha de vivir su admirable protagonista. Una lástima que después haya que saldar cuentas políticas.

Nota del autor:
7,0 ███████ (Buena)

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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