Título original: Anatomy of a murder
País: Estados Unidos
Primera proyección:
 EEUU, 1 Jul. 1959
Duración: 
160 min.
Director:
Otto Preminger

Guión: Wendell Mayes (basado en la novela homonima de John D. Voelker (Robert Traver))
Música: Duke Ellington
Género: Drama (Drama judicial).
Reparto: James Stewart, Lee Remick, Ben Gazzara, Arthur O’Connell, George C. Scott, Eve Arden, Kathryn Grant, Joseph N. Welch, Murray Hamilton, Orson Bean, Duke Ellington

“[…] La narración mantiene el misterio sobre lo que realmente ocurrió y la verdadera responsabilidad de los actores, sin que decaiga el interés del espectador […] Construida con sutiliza e inteligencia, la ambigüedad confiere a la obra una potente capacidad de fascinación […]”

Drama judicial realizado por Otto Preminger. Escrito por Wendell Mayes (“El árbol del ahorcado” 1958), el guión adapta la novela “Anatomy of a Murder” (1957), de Robert Traver, pseudónimo de John D. Voelker, juez de la Corte Suprema de Michigan.

La acción dramática tiene lugar en Iron City (Iron City County, Michigan) y alrededores, en 1959. El teniente Frederick Manion (Ben Gazzara, “El gran Lebowski” 1998) es acusado de asesinar a tiros a Barney Quill, propietario del bar Lumberjack. Tras no pocas dudas, se hace cargo de su defensa el abogado Paul “Polly” Biegler (James Stewart), hasta hace poco fiscal del condado. Paul cuenta con la ayuda de su secretaria Maida Rutledge (Eve Arden, “Grease” 1978) y del borrachín Parnell E. McCarthy (Arthur O’Connell, “Ciudadano Kane” 1941, “El día de los tramposos” 1970). Su oponente es el nuevo fiscal del condado, Mitch Lodwick, que cuenta con el apoyo del ayudante del fiscal general de Michigan, Claude Dancer (George C. Scott). Paul es soltero, sencillo, afable, austero, desordenado, indisciplinado y sarcástico. Laura Manion (Lee Remick, “Días de vino y rosas” 1962), esposa del acusado, es sexy, atractiva, frívola y descarada. El teniente Manion, impulsivo y violento, cuenta con una brillante hoja de servicios.

El film suma crimen, drama y misterio. La historia hace referencia a hechos reales ocurridos en Michigan en 1952, que inspiran la novela de Voelker. La narración mantiene el misterio sobre lo que realmente ocurrió y la verdadera responsabilidad de los actores, sin que decaiga el interés del espectador. Lo consigue gracias al hábil uso de la ambigüedad, que no se resuelve ni con el veredicto del Jurado ni con la acción de cierre del film. Construida con sutileza e inteligencia, la ambigüedad confiere a la obra una potente capacidad de fascinación.

Añade factores adicionales de tensión, como el enfrentamiento de Paul y el fiscal que le ha sustituido en el cargo, la confrontación entre un sencillo abogado de provincias y el pomposo ayudante del fiscal general del estado de Michigan, el contraste entre la naturalidad y sencillez del personaje de James Stewart (“¡Qué bello es vivir!” 1946, “La ventana indiscreta” 1954, “Vértigo” 1958) y la elegancia envarada y estudiada de George C. Scott (“Patton” 1970, “Cuentos de Navidad” 1984), la lucha entre un defensor que cuenta con escasos apoyos y un fiscal ayudado por un alto personaje de la capital, la desigual contienda entre un solitario Paul y dos fiscales agresivos, la contraposición de la bravura y la pasión de Paul con la frialdad de sus oponentes, el contraste entre las poses rígidas del fiscal y la gesticulación espontánea de Paul, etc.

La obra incorpora elementos propios del cine negro, como el B/N, la mujer fatal, la música de jazz, la atmósfera densa, etc. El realizador hace un gran esfuerzo para dotar al film de verosimilitud y realismo: se apoya en una historia real, rueda en las localidades en las que ocurrieron los hechos y da el papel de juez al magistrado que en representación de la Armada se enfrentó a Joseph McCarthy, cuando éste abrió (primeros 50) una investigación sobre la misma. La obra forma parte de los trabajos con los que Preminger gana para el cine nuevos espacios de libertad frente a la censura. En esta ocasión incorpora al léxico de la cinta palabras usuales, y por ello realistas, hasta entonces vetadas (esperma, semen, puta, putón, violación, bragas, anticonceptivo…). También muestra un corsé y unas bragas de fantasía que Paul aporta como prueba.

El realizador hace uso de la elipsis, el supuesto y el sobreentendido. No muestra la escena del crimen ni escenas íntimas que se citan en el juicio. Palpita la presencia disimulada, pero efectiva, de la violencia, el deseo, la pasión y el sexo. De su mano se hacen presentes sentimientos primarios, como los celos, los deseos de venganza, el odio, la desesperación, etc. A lo largo de la cinta está presente el espíritu irónico y sarcástico, que se pone de manifiesto a través de gestos, expresiones, ocurrencias y hechos chocantes. Cabe citar la manipulación de las bragas ante el Jurado y la pérdida de la letra pe de la máquina de escribir de Maida, que sirve para dedicar un inesperado guiño de simpatía a los Hermanos Marx y a su “Una noche en la ópera” (1935).

Desarrolla un análisis minucioso y nada artificioso de las estratagemas, argucias y legalismos que se suelen usar en las vistas judiciales. Explica que nunca se debe hacer una pregunta a un testigo de la que no se conozca la respuesta. Explica también cómo se puede manipular la apariencia de los hechos sustituyendo una palabra por otra, como “violación” por “problema”. El guión es excelente por su riqueza de matices, la fuerza de las situaciones, la potencia e interés del relato y la solidez de los personajes. Son notables las interpretaciones de Lee Remick, Ben Gazzara y, sobre todo, de James Stewart (“El hombre que mató a Liberty Valance” 1962).

La música, de Duke Ellington, ofrece una partitura de 26 cortes, tan sugerentes y apasionantes como “Midnight indigo”, “Grace valse”, “Polly”, “Happy anatomy”, etc. Fue premiada con un Grammy. La fotografía, de Sam Leavitt (“El cabo del terror” 1962), colaborador frecuente de Preminger, en B/N, aporta cuidados planos secuencia, largos travellings (directos e inversos) y una grata profundidad de campo que engrandece la acción. Es notable el diseño de los títulos, a cargo de Saul Bass (“Vértigo“, 1958).

Convertido en clásico, el film es uno de los trabajos más renombrados del realizador.

Nota del autor:
8,0 ████████ (Muy buena)

Promedio de notas:
8,1 ████████ (Muy buena)
Filmaffinity: 8,1 | CINEol:  8,1 | IMDB: 8,1 | LGEcine: 8,0

Escuchar BSO (Enlaces externos)
Tema 1 | Tema 2 | Tema 3 | Tema 4 | Tema 5
Tema 6
| Tema 7 | Tema 8


COMENTARIOS DEL EQUIPO DE LGE

Sandro Fiorito
No es una película de juicios más, si no que es junto a
Testigo de cargo (1957) la obra por excelencia de este género. Asombra por cómo es capaz de mantenerte intrigado desde el primer al último minuto del metraje gracias a un guión que no pierde fuerza en ningún momento y no deja de sorprender, aupado por las magistrales interpretaciones de todo el reparto, siendo de entre todas ellas, inolvidable la de James Stewart, quien se muestra completamente poseído por su personaje. A la notable calidad del conjunto de toda la película se suma la música de uno de los grandes maestros del jazz, Duke Ellington. Una excusa perfecta para ver buen cine y disfrutar con una música exquisita. 8.

Written by Miquel Alenyà

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.