Título original: Paranoid Park
País: Estados Unidos
Primera proyección:
EEUU, 21 May. 2007 (Festival de Cannes)
Duración:
85 min.
Director:
Gus Van Sant

Guión: Gus Van Sant (Novela: Blake Nelson)
Música: Varios artistas.
Género: Drama. Thriller.
Reparto: Gabe Nevins, Taylor Momsen, Jake Miller, Dan Liu, Lauren McKinney, Scott Green

“[…] Van Sant cae en el irreparable error de hacer que prime la estética sobre el sentido del argumento […] Una historia incompleta montada de forma muy original, que llegado un punto abre por completo las puertas de lo previsible […] Secuencias huérfanas por su vacío significado […]”

Gus Van Sant dirige y escribe esta irregular película, centrada en la investigación de un crimen producido en los alrededores de “Paranoid Park”, un punto de encuentro de “skaters”. Uno de los investigados es el principal protagonista, Alex (Gabe Nevins), que va ofreciendo su versión de los hechos tanto en forma de respuestas al detective Lu (Daniel Liu), como de flasbacks desordenados que la realización va adaptando según le conviene, con la intención de desconcertar e intrigar al espectador. Aunque la película se deja ver muy bien, Van Sant cae en el irreparable error de hacer que prime la estética sobre el sentido del argumento. Esta obsesiva fijación del director hace que se desprecie lo más interesante de la trama en beneficio de interminables escenas (largos y silenciosos travellings, miradas absurdas, secuencias de “skaters”, etc) que por si fuera poco, se repiten una y otra vez.

Una vez resuelto el caso que sigue la trama, la realización deambula durante el tercer cuarto de su duración entre secuencias que, si bien a veces son de una admirable factura artística y técnica, en el fondo resultan huérfanas por su vacío significado. La despreciable apatía que el primerizo actor Gabe Nevins (quien a mi juicio no realiza un buen trabajo) imprime sobre su aburrido personaje tampoco ayuda a seguir el argumento con demasiado agrado, pues lo completamente inexpresivo del rol que asume acaba por desembocar en el tedio de unas historias que despegaron apuntando muy buenas maneras, pero que pronto se cayeron por el propio peso de su incoherencia. Técnicamente, además, la dirección no corrige errores naturales surgidos durante el rodaje de las escenas: miradas que se escapan de reojo hacia la cámara, algún montaje defectuoso, un momento en el que se puede ver cómo el protagonista desarrolla una conversación mientras sus ojos se mueven como si estuviese siguiendo unas líneas…

Son detalles que serían perdonables si esta cinta no se vendiese como un lienzo repleto del extraño arte de su director (que lo hay), pues no es buena combinación alternar escenas muy trabajadas que buscan el asombro del espectador, con errores de principiante. La cinta es, en su conjunto, una interesante reunión de intenciones de Gus Van Sant, una historia incompleta montada de forma muy original (la historia avanza y retrocede continuamente buscando que nos involucremos en la misma), que llegado un punto abre por completo las puertas de lo previsible, momento en el que entonces, como ya he mencionado anteriormente, el film adopta un formato anárquico, en el que su director hace y deshace sin importarle demasiado la historia. Uno de los aspectos favorables más a destacar de la obra es sin duda la gran capacidad de su director para conseguir esa estética extraña y personal que le caracteriza, envolviendo la cinta de un carácter frío y angustioso que, lamentablemente, no sirve para rescatar el conjunto de esta producción independiente, que aprovecha la ocasión para mostrarnos parte del mundo del “skateboarding“.

La banda sonora, carente en su totalidad de música original, apuesta por temas de muy grata audición, copados principalmente por las obras que el compositor italiano Nino Rota compuso para la película dirigida por Federico Fellini, “Giulietta de los espíritus” (1965), además de incluir la inolvidable “La gradisca e il principe” que, también Nino Rota, escribió para la célebre “Amarcord” (1973). Estas piezas aportan un espíritu que combina el guiño a lo clásico, con lo irónico de las intenciones de la realización, y contrastan con los psicodélicos compases de tres temas de Ethan Rose, además de con el “I can help” de Billy Swan, y otros de diversos estilos, como el agradecido “Angeles” de Elliott Smith (‘indie-rock’) o el “Tunnelmouth Blues” de Henry Davies (‘jazz-blues’) entre una extensa selección musical.

Es una auténtica pena que no se haya podido repetir el extraño y amargo disfrute que proporcionó la absorbente y estremecedora “Elephant” (2003).

Nota del autor:
5,0
█████ (Pasable)
Promedio de notas:
6,2
██████ (Correcta)
Filmaffinity: 6,8 | CINEol: 6,4 | IMDB: 6,9 | LGEcine: 5,0

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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