Título original: La comunidad
País: España
Primera proyección: España, 29 Sep. 2000
Duración: 107 min.
Director:
Álex de la Iglesia

Guión: Álex de la Iglesia & Jorge Guerricaechevarria
Música: Roque Baños

“[…] Magníficas interpretaciones […] La película fluye por un río de humor negro y terror […] La tensión está garantizada en este gran entretenimiento de guión inteligente y situaciones divertidas magistralmente representadas […]”

La vida de Julia (Carmen Maura) camina cual equilibrista sobre una cuerda tendida en el vacío. Se encuentra justo en esa mitad en la que tantas personas estamos, en ese lugar tan familiar que puede significar el éxito de nuestra vida o el fracaso más abrumador de la misma. Su trabajo como agente inmobiliario le lleva precisamente hasta la comunidad que da nombre a esta película, un mugriento portal lleno de misterio, ubicado en pleno centro de Madrid. La comodidad de la vivienda incita a que Julia resida clandestinamente en el piso mientras no sea comprado, llamando incluso a su marido (Jesús Bonilla) que no se muestra muy convencido de tan traviesa decisión. Pero qué le vamos a hacer, la vida son dos días, hay que disfrutar y ¿por qué no vivir al menos durante un tiempo en un piso que tiene cama de agua, sauna, jacuzzi, barra de bar y todo lujo de comodidades? y… ¿cómo irse sin levantar sospechas después de encontrar la suma de 300 millones de las extintas pesetas por obra y gracia de la casualidad o, más exactamente, del destino?

Los vecinos de la comunidad parecen estar organizados, unidos como en una secta. No sólo realizan los típicos comentarios habituales entre ellos, sino que vigilan el recinto y están meticulosamente comandados por el administrador de la finca. Ellos conocen la existencia de ese dinero que curiosamente llevaban tiempo esperando, y por eso no dejarán que Julia se vaya de rositas, intentando llegar a ella ejecutando todo tipo de tretas.

Toda esta historia tan bien contada por Álex de la Iglesia con guión elaborado junto a su inseparable Jorge Guerricaechevarría, quien ha colaborado como co-guionista en la mayoría de sus obras, se transmite con soltura desde las magníficas interpretaciones de un reparto del que además del trabajo de una Carmen Maura bastante convincente, -sobretodo a partir de la segunda mitad de la película- despuntan Eduardo Antuña, que hace del tarado Charly (encarnando así un tipo de papel que no le es desconocido, por “Policías, en el corazón de la calle“, 2000), Sancho Gracia (“800 balas“, 2002) como Castro, un vecino de muy malas pulgas siempre deseoso del uso de la fuerza para llegar a cumplir sus propósitos, y la fría de Terele Pávez (“99.9 La frecuencia del terror“, 1997), siempre tan brillante en esos papeles que ella realiza, cargados de maldad y soberbia. Por supuesto también Emilio Gutiérrez Caba (“Paisito“, 2008) en el papel del administrador de la comunidad y jefe de esa secta que la conforma.

La película fluye por un río de humor negro y terror, dos géneros que el realizador español Álex de la Iglesia vuelve a fusionar como ya hiciera cinco años atrás de la producción de esta cinta en “El día de la bestia” (1995). La tensión está garantizada en este gran entretenimiento de guión inteligente y situaciones divertidas magistralmente representadas. Los que conocemos el estilo de vida de una comunidad de vecinos nos podremos sentir bastante identificados en las cosas más sencillas que transmite la película. Espero que no a muchos le despierte ese mismo sentimiento por los pasajes más horripilantes del filme. Roque Baños, uno de los más grandes compositores de bandas sonoras del cine español, es el encargado de dotar a la película con temas propios del género de terror que consiguen el propósito por el cual han sido insertados: aumentar la tensión en el espectador, acelerar el tempo de la historia y bañar la película en unas notas que la harán característica.

Como detalles curiosos, destacar el documental que los personajes encarnados por Maura y Bonilla visionan durante uno de los pocos momentos de relax en la película. El reportaje habla sobre buitres y hienas, animales que transformados en adjetivo coinciden plenamente con los vecinos de la comunidad. Por último, reseñar el momento en el que Julia pide ayuda a un madrileño que pasa sin inmutarse ante sus ojos: a pesar de la insistencia de la petición de auxilio, éste hace caso omiso tomándose la situación como si fuese la cosa más natural del mundo. Esta reacción es a mi entender una metáfora de cómo somos realmente los madrileños, unos auténticos pasotas a los que la palabra ayudar nos produce alferecía.

Nota del autor:
8,0
████████ (Muy buena)

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.