Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015) – 120 min

«Los pájaros gritan cada mañana desde la parte superior de sus pulmones en horrorizada rabia infernal para advertirnos de toda la verdad. Por desgracia, no podemos hablar con los pájaros».
Esta cita no aparece en la película de la que os voy a hablar y ni siquiera es una frase de alguno de los miembros del reparto o de algún cineasta relacionado con el filme. Estas palabras fueron pronunciadas por Kurt Cobain, el compositor y vocalista de la banda de rock Nirvana, y con ellas le mostraba a la gente su oscura y desesperanzadora visión del mundo. Kurt transformaba ese canto de pájaros en gritos ensordecedores durante cada concierto para enseñarle a su público el interior de su alma, y lo hacía acompañado del estruendoso sonido de la batería y la estridencia de unas guitarras desafinadas a conciencia para mostrar y convertir el caos y el pesimismo en arte.
El desenfreno y los mismos gritos de una sucia sociedad sumida en el caos es también lo que nos muestra George Miller desde el primer minuto en su Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road, George Miller, 2015), plasmando esa idea en cada plano, en cada mirada y en cada acción de todo personaje que aparece en la pantalla a lo largo de este portentoso concierto de rock ‘n’ roll hecho película.
Hablar de este filme es hablar de una obra maestra convertida en la mejor película de acción y en una de las mejores películas de lo que llevamos de siglo. Esto lo afirmo sin temor a equivocarme, dado que cuando analizamos si un filme es o no una obra maestra, ¿en qué nos basamos? En mi opinión, una obra maestra es aquella en la que técnicos, artesanos y artistas dan lo mejor de sí para construir una historia que alcance una excelencia visual y narrativa sirviendo, a su vez, de referencia para posteriores películas del género. ¿Cumple entonces Mad Max: Furia en la carretera estas características? Analicémoslo.
En un principio, esta cuarta entrega de la saga postapocalíptica iniciada en los años ochenta de la mano de Mel Gibson, puede parecer una simple persecución adrenalínica por el desierto entre unas rebeldes que se han dado a la fuga y un tirano que busca recuperar lo que considera que es suyo mientras, entretanto, un desesperanzado lobo solitario conocido como Mad Max intenta trazar su propio camino. Quién sospecharía entonces que esta sencilla trama pudiera tocar, además, grandes temas como la devoción, la venganza, la solidaridad, la humanidad, la supervivencia, el feminismo, la búsqueda de un hogar, la redención, la familia o incluso se adentre en algunas reflexiones ecológicas. Lo realmente sorprendente, dicho esto, es que lo que hace que este filme sea una obra maestra no es tanto el qué, sino el cómo.
Pero ya llegaremos ahí porque, si comenzamos pensando en el alma de un filme o en quienes dan vida a cualquier historia, los primeros que nos vienen a la mente son sus personajes. En la loca obra de Miller, todos y cada uno de ellos, tanto principales como secundarios, tienen su razón de ser, están en busca de algo y aportan algo esencial a la obra: Max Rockatansky (Tom Hardy) e Imperator Furiosa (Charlize Theron) buscan la redención; Nux (Nicholas Hoult), perdido y desubicado, busca su lugar en el mundo; el malvado Immortal Joe (Hugh Keays-Byrne), ansioso de poder, busca herederos del imperio que ha creado; y, por último, las Cinco Esposas del villano (interpretadas por Zoë Kravitz, Courtney Eaton, Riley Keough, Rosie Huntington-Whiteley y Abbey Lee Kershaw) están en busca de un hogar en el que puedan vivir libres y sin ataduras.
¿Y cómo vemos esto en la película? ¿Hay un gran número de diálogos o largas conversaciones donde los personajes nos expliquen de dónde vienen y hacia dónde van? La respuesta es no. George Miller construye la personalidad de cada personaje trazando durante toda la película delicadas pinceladas donde se nos dice quiénes son en base a sus acciones y a cómo se relacionan entre ellos, apoyándose en un cuidado montaje realizado por Margaret Sixel, quien acabaría alzándose con el Premio Óscar al Mejor Montaje en 2016 por su trabajo en el filme. Dicha edición combina en numerosas ocasiones planos cortos, en lo que respecta a la duración de estos, con cambios de velocidad en los movimientos de los actores (añadiendo mucha cámara rápida en las escenas de acción) para dar esa sensación de agobio y frenesí, acelerándonos el pulso constantemente.
Un claro ejemplo lo vemos en un primer enfrentamiento entre Max y Furiosa en el que la cámara rápida es introducida de forma continuada durante una consecución de planos cortos de un segundo o menos, haciendo que el espectador siga la acción sin poder perderse ni un detalle de lo que ocurre, ya que en cualquier milésima de segundo puede ocurrir algo que decante la balanza del enfrentamiento hacia un lado o hacia el otro.
Sed de venganza, rabia, miedo, desconfianza, comprensión, empatía, compasión y amor son algunos de los profundos sentimientos que se dejan entrever en esa escena y a lo largo de todo el metraje si miramos a los ojos de una Imperator Furiosa que acaba pasando por todas esas fases mientras se teje un arco perfecto que hace que Charlize Theron logre colocar a su personaje como uno de los mejores roles femeninos de la historia del género.
No se quedan atrás el resto de las interpretaciones que nos regala este increíble reparto, pero lo cierto es que no tendrían tanto impacto si no fueran en consonancia con el tándem formado por George Miller y John Seale, uno en la dirección y el otro en la fotografía, proyectándonos un filme que se sustenta en una única escena de acción que resulta ser una frenética persecución que transcurre a lo largo de dos horas. En ella, recorremos el desierto a bordo de la Máquina de Guerra de Furiosa mientras somos perseguidos por la locura de una sociedad que se convierte en un reflejo de la nuestra (líderes locos, diferencia de clases, hambruna, machismo, sexismo, radicalización religiosa… ¿os suena?), pero llevada al límite y a la desesperación más extrema con adornos en forma de vestimentas y vehículos a cada cual más salvaje y extravagante que ayudan a describirnos este mundo postapocalíptico en el que impera el «sálvese quien pueda».
Acompañada de tonos cálidos (rojizos, amarillentos y anaranjados) durante el día y de tonos fríos (negros, blancos y azulados) durante la noche, la fotografía de la película orquestada por John Seale nos acaba regalando en cada plano una postal digna de ser enmarcada. Para la posteridad queda ya la imagen de Imperator Furiosa de rodillas dedicándole un grito de desesperación al cielo del inmenso desierto en un giro que nos demuestra que en este mundo los finales felices no existen.

A su vez, escuchamos la hermosa partitura de un Tom Holkenborg (Junkie XL) que nos entrega todo lo que se le debe pedir a una gran banda sonora. ¿Y qué es pues, además de preciosas melodías que uno pueda reproducir después en bucle para rememorarlas con el paso del tiempo? Pues composiciones que vayan tan en consonancia que imagen y sonido se fusionen formando un todo que haga que no puedas apreciar con la misma belleza lo uno sin lo otro. Y es que Holkenborg compone la música del filme, pero podríamos decir que la música sale del alma de los propios personajes mientras transcurre la acción, tal y como hacía la composición de John Williams que se convertiría en el acecho del escualo en Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975) y que inspiraría, a su vez, a Christopher Nolan y a Hans Zimmer para hacer lo propio con el Joker en El caballero oscuro (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008). Ambos temas son difíciles de escuchar por separado sin imágenes que los acompañen pero, cuando los oyes en sus respectivos filmes, no puedes evitar que se te erice la piel.
Lo mismo ocurre en la película de George Miller, por ejemplo, cuando sentimos, a través del tema «Brothers In Arms», como Max y Furiosa desconfían el uno del otro pese a que el destino les haya hecho tener que colaborar para poder sobrevivir enfrentándose a un enemigo común. Es así como presenciamos, una vez más, que estamos frente a una obra maestra: disfrutando de la armonía existente entre interpretación, dirección, fotografía, montaje y banda sonora.
Como el gran show de rock ‘n’ roll que es, la película llega a su final mostrándonos, de nuevo, la mirada de cada personaje; sin embargo, esta vez lo hace con sus arcos narrativos ya cerrados y deja que el espectador, ahora exhausto aunque satisfecho tras vivir dos horas de pura adrenalina hecha cine, les eche un último vistazo antes del fundido a negro.
George Miller se pone en pie y se despide inclinándose mientras su público aplaude, demostrándole al mundo que uno nunca es demasiado mayor para dirigir cine de acción si en el interior de su alma aún tiene una historia que contar.
Gracias, Miller; gracias, Max; y a ti, Furiosa, gracias por esto y por lo que vino después.
Nota del autor:
10,0 ██████████ (Obra Maestra)
TRÁILER OFICIAL:
TRÁILER BLACK&CHROME Formato en el que fue concebida por George Miller:

