Elephant (Gus Van Sant, 2003) – 81 min

Negarle el factor de entretenimiento al cine sería absurdo. Todos hemos acudido a él para evadirnos en alguna ocasión, como es natural. Sin embargo, cuando un filme borra su deseo de complacerte, tenemos algo igual de interesante. En mi opinión, las obras capaces de incomodar son valiosas —excluyendo la provocación barata— en la misma medida que los géneros más complacientes. Con Elephant, hablamos de la primera categoría.
Como espectador, serás testigo del último día en el Instituto Columbine antes del infame tiroteo de 1999. No se busca construir una trama destacable; el cometido es otro: mostrarte esta realidad sin que puedas escapar de ella. Me explico: el nombre Elephant proviene del dicho “The elephant in the room”. Se utiliza cuando se ignora un problema tan notorio y evidente como un elefante en una habitación (de ahí el enfoque de esta cinta).
No se construye una historia compleja, sino una red de distintas perspectivas sobre uno de los peores atentados escolares de la historia; en resumidas cuentas, pone al elefante frente a ti. Esta película entra y se sienta a tu lado para decirte: “Todos ellos eran simples adolescentes, todos han muerto en un día cualquiera de instituto”. Os lo aseguro: verlo así es muy doloroso.
Hay planos secuencia larguísimos de un chaval caminando por los pasillos, escenas de una chica colocando libros en la biblioteca o de una discusión entre amigas en el comedor, todas con su debido tiempo en pantalla. Nada extraordinario, solo jóvenes haciéndolo lo mejor que pueden con sus vidas y que, por mala suerte, son víctimas de un tiroteo. A Van Sant se le da muy bien todo esto: manejar el silencio, vaciar la escena o alargar una secuencia cuando es necesario. Entiende a la perfección cómo llevar los ritmos para transmitir una rutina poco estimulante. Esto es un acierto total, pues, en el caso real, los alumnos que recorrían los pasillos aquel día lo hacían como era costumbre; saludaban a sus colegas o hablaban de sus planes hasta que se vieron en mitad de una catástrofe. De ese contraste es de donde nace la genialidad de Elephant.
También le dan su espacio a la historia de los perpetradores, Alex y Eric. Ambos, rechazados de la vida social del instituto, retroalimentan su resentimiento hasta su estallido final —aunque no se le puede atribuir solo a eso—. Planean todos los detalles, conversan sobre el gran día y, cuando por fin están de camino, se limitan a guardar silencio, todo con una calma aterradora.
Con el espanto que me provocaron las primeras muertes, no pude evitar hacerme la pregunta: ¿Qué tuvo que salir mal para que se llegara a esto? La respuesta jamás implica un solo factor. Los asesinos se movían por un odio desmesurado hacia el entorno que les dio la espalda, pero eso no explica por completo su decisión de tomar las armas. Tampoco explica que Alex termine disparando contra su propio compañero, como si ni siquiera el vínculo que los había llevado hasta allí pudiera sobrevivir a la violencia que habían desatado. ¿Qué sentido tenía aquella complicidad si, llegado el momento, ni siquiera existía un límite entre ellos?
Las partes del tiroteo son agónicas. De nuevo, el director deja la cámara fija en los pasillos o se limita a seguir a un personaje a través de las estancias; no tiene prisa ninguna. De nuevo, otra buena decisión. Los tiroteos escolares suelen ser escuetos; la mayoría acaba a los pocos minutos con el suicidio de los agresores. Por lo tanto, la decisión natural podría ser llenar la pantalla de cambios de plano frenéticos para transmitir la rapidez del suceso. En cambio, Van Sant toma otro camino. Ahora ya no es un alumno el que avanza por el pasillo, es Alex con su rifle esperando a que alguien salga de su escondite. Si el montaje se daba su tiempo para enseñar un momento cotidiano, ahora se da el tiempo de retratar cada segundo de esta atrocidad.
Finalmente, con el atentado casi consumado, llegarán los créditos, y aún tardarás en digerir la crueldad de lo que has presenciado —o al menos, ese fue mi caso—. Escribiendo este artículo, dudé de si podría tratar la fuerza de Elephant en todas sus dimensiones, aunque pienso que merecía la pena intentarlo. Dadle una oportunidad a esta película; no paséis por alto el elefante en la habitación.
Nota del autor:
8,5 ████████ (Muy Buena)
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