Título original: Hot Fuzz
País: Reino Unido
Duración: 121 min.
Director:
Edgar Wright

Guión: Edgar Wright, Simon Pegg
Música: David Arnold

“Las promesas se ven cumplidas […] original, divertida, descarada, alocada y más que entretenida […] permanente divertimento […] montaje estupendo […] perfecta compenetración entre sus actores protagonistas […] ritmo trepidante […] lo refinado del humor inglés se estrecha la mano con la locura y la acción del americano […] mención distinguida para la banda sonora […] su director da la sensación de poder haber seguido filmando otras dos horitas con la msima energía que la demostrada en todos estos minutos […]”

Las promesas realizadas por el envoltorio y la crítica generalizada de “Hot Fuzz” se ven cumplidas al término del visionado de esta original, divertida, descarada, alocada y más que entretenida comedia del director Edgar Wright, quien después de su “Zombies Party” (2004), repite con dos de sus figuras protagonistas: el también co-guionista de esta historia Simon Pegg (“Big Nothing”, 2006) y el bueno de Nick Frost (“Radio encubierta”, 2009). Entre ambos dan lugar al nacimiento de una química que denota que su relación ya viene de atrás, combinando sus trabajos en esta película con una brillantez y una soltura que ayuda mucho a seguir con entusiasmo el argumento.

¿Qué razón podría existir para que uno de los mejores policías de Londres, más capacitado y preparado que ninguno, siempre entregado a su trabajo, con un historial de detenciones admirable y cientos de distinciones por sus empresas, sea trasladado a Sandford, un pequeño pueblo en el que nunca pasa nada? ¿Una pelea con un superior? ¿Una negligencia en su trabajo? ¿O quizá abuso de sus funciones? ¡Nada de eso! La razón es que el policía es tan, pero tan bueno, que sus ‘mandamases’ han valorado que “deja en mal lugar” a sus compañeros, por la increíble diferencia entre los susodichos y el mencionado protagonista. Así que la solución es quitárselo del medio y enviarlo a un lugar tranquilo, de esos en los que la máxima acción policial es una pintada en una fuente o un hombre-estatua que mendiga por los alrededores. Desde luego que enviar a un agente así a un lugar tan recóndito es todo un desperdicio para el cuerpo -perdón, servicio, que es como a él le gusta que se llame para evitar sexismo- de policía, pero también una sorpresa por parte del director de la cinta. Y es que Edgar Wright, con el agente ya situado en su nuevo destino, se permite recordarnos muchas e inolvidables películas de dispar calidad dentro de su filme, parodiando con gracia un montón de situaciones y haciendo por ello una cinta que a pesar de no salir nunca de su estatus de comedia, su segunda categoría es el multigénero, por la variedad de estilos que se cruzan en las historias de la llamada en España “Arma fatal” (otra rotura de neuronas por parte de los “ponetítulos” patrios).

Pero para llevar a cabo todas estas… locuras, sí, Angel necesita un compañero. Un agente que se adecue -o al menos, intente hacerlo- a sus exigencias. Alguien que, como él, sepa que “siempre está pasando algo”. Y ahí es donde entra en escena el preguntón Danny Butterman (Nick Frost), sediento de tiroteos y persecuciones y con un currículum muy diferente al del “superpoli”, en el que por ejemplo, podemos incluir su intensa videoteca de películas del estilo de “Bad Boys 2” (2003), la única ventana que ha encontrado para vivir ese tipo de trances.

Como ya he mencionado en las primeras líneas, uno de los fuertes de esta comedia, además del permanente divertimento que ofrece desde su carácter paródico y el buen gusto por el desarrollo de sus “gags” (unido todo eso por un montaje estupendo, muy en la línea Aronofsky en “Réquiem por un sueño”, 2000), es una perfecta compenetración entre sus actores protagonistas, Pegg y Frost. Esto, sumado al resto del reparto, bastante correcto en líneas generales y con más personajes que no tienen ningún desperdicio (vaya “fluidas” conversaciones entre ancianos), da como resultado un apartado interpretativo notable muy a la altura de una película que no descansa.: sus actos se suceden sin dar aliento al espectador, mientras que la diversión se perpetúa al ritmo trepidante de todas las acciones, cargadas algunas de adrenalina y compuestas otras de un laborioso tono irónico que deja tras de sí escenas muy gratas y algunas delirantes sorpresas. Un buen pack, todo en uno, en el que lo refinado e inteligente del humor inglés se estrecha la mano con la locura y la acción del americano.

Mención distinguida para la banda sonora, de David Arnold (compositor de hasta cinco películas de la saga de James Bond) que contiene -dentro de su buen conjunto- una pieza extraordinaria que goza de todo su esplendor en una gran escena que pone -a modo de western- el freno a la velocidad de su acción para anticipar más tropelías de su director, que da la sensación de poder haber seguido filmando otras dos horitas de metraje, con la misma energía que la demostrada en todos estos minutos.

Nota del autor:
7,0 ███████

COMENTARIOS EQUIPO LGE

Manuel Navas
“Excelente parodia […] apariencia de película seria […] pero en cuanto se escarba un poco aflora una comedia con momentos hilarantes […] los británicos tienen la clara intención de parodiar los films policíacos […] Una vez más es el humor británico el que parece tener ideas frescas y puede ofrecer interesantes propuestas al espectador […]” 7.

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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