Baxter (Jérôme Boivin, 1989) – 82 min

La idea de un perro que habla resulta cuanto menos bizarra. Es complejo imaginar como funcionaría la mente de un can si fuera capaz de dar voz a sus pensamientos. Sin embargo, hay que admitir que supone una base muy interesante para una película. Por lo menos si su guionista y director saben llevarla por el buen camino. Veamos esta propuesta de Jerome Boivin, que trajo a Baxter a los cines en 1989 y que aún a día de hoy merece ser rescatada para descubrir que se esconde tras la mirada de este Bull Terrier. Permitidme ser directo, esta obra no está ni cerca de aprovechar todo el potencial de una premisa como esta y deja en el tintero muchas cuestiones que en ningún momento se ven abordadas sobre un ser como Baxter.


Primer Acto “Me gustan los pájaros”

Baxter es un perro con una profunda consciencia y capacidad de razonamiento. Ha desarrollado una especie de admiración y curiosidad hacia los humanos y un odio hacía los miembros de su propia raza. Lo evidencia a través de sus discursos, marcados por su personalidad sombría y seria. Reconozco que el tono general que quisieron darle a su carácter está muy bien escogido; llevamos años viendo a los perros parlantes en la ficción como un retrato del mejor amigo del hombre, el animal servicial y que quiere profundamente a sus amos. No obstante aquí el humano no supone más que un medio para nuestro protagonista, un medio para satisfacer sus necesidades de subordinación a la figura de un amo. Su voz: grave, con presencia y autoridad. Es idónea para el diálogo interno de Baxter, que pese a su marcado gusto por ser dominado, no tiene miedo a rechazar al humano si este no cumple con el rol que necesita de él.

Ahora bien, etiquetar sus pensamientos como “filosóficos” sería pecar de cierta pretensión. Es cierto que usa un léxico amplio; casi literario, y que resulta un orador decente. Pero siendo objetivos, no explora todas las reflexiones a las que puede llegar un ser semejante. Es como si cuando se lanza a un tema interesante, decide callarse y continuar con la trama, como si no tuviera importancia y no mereciera nuestra atención, y es ahí donde veo la mayor flaqueza de esta película, callarse antes de tiempo. ¿Qué siente Baxter cuando mata? ¿Se pregunta por que se le dio el don del habla? ¿Cómo convive con sus impulsos primarios? Nadie quiere ver un soliloquio de hora y media; sin embargo creo que había espacio para indagar un poco más.

El primer destino de nuestro protagonista es el hogar de “la vieja”, que lo acoge tras recibirlo como regalo. Nos vamos familiarizando con él, viendo como esas necesidades naturales de un perro conviven con su capacidad de raciocinio. Estas mismas necesidades comienzan a atormentarlo cuando se le privan de ellas. La escena de la ventana es buena para mostrarlo, un detalle tan sutil, como que se mire al cristal y vea su reflejo en la oscuridad; deja entrever que hay una doble lectura de si mismo, recibe una imagen suya que sufre la distorsión de su consciencia. Esto no deja de ser una hipótesis, pero sigue siendo relevante a la hora de ver como la dirección de fotografía es coherente con la trama.

Sigue necesitando todas esas cosas que lo definen como animal salvaje, y cuando su dueña no es capaz de dárselo, decide actuar. Baxter ha observado a la pareja de enfrente; se obsesiona con la vecina, su olor, sus pies descalzos y se obnubila viendo como mantienen relaciones en su dormitorio; ha visto en ellos sus futuros amos. La anciana dejó de sacarlo al jardín, le prohibió subir arriba y se comporta de forma errática a causa de su descenso a la locura, por motivos que ni están bien explicados, ni son del todo creíbles. El caso es que con su definitivo aislamiento del mundo, nuestro protagonista sufre lo que describe como “pensamientos contra natura” que lo empujarán finalmente al desenlace final con su dueña ¿Reconoce pues, lo impropio de esos pensamientos? Si él mismo rechaza estas ideas… ¿Está Baxter rigiéndose por una moral? ¿Qué es lo que teme de sus intenciones? Resulta fascinante hacerse estas preguntas, pero como vimos antes, jamás obtienen respuesta clara. “Debe de entender que es peligroso hacer desgraciada a una criatura, sobre todo cuando esa criatura es más fuerte que tú”. La anciana se precipita por las escaleras por acción directa de su mascota, que la empuja hacia su muerte. Es inquietante ver como, a la pérdida de autoridad, Baxter no duda, mata. Huele el miedo; reconoce cuando su amo es indeciso, y lo hizo con aquella mujer.

Segundo Acto “Siempre quise matar uno”

Resulta que su plan sale a la perfección, la pareja ya había visto al perro de su vecina ya fallecida, y deciden adoptarlo como nuevo integrante de la familia. La vida de nuestro amigo parece mejorar, pasa tiempo al aire libre con sus nuevos dueños y disfruta de una libertad que antes solo podía anhelar, aquí satisface todos sus deseos, y parece que vuelve a reconocer la superioridad al humano. Con todo y esto, la situación parece torcerse al llegar la noticia de un embarazo de la mujer, que ahora pasa las horas con los preparativos y desplazando a Baxter de su centro de atención. Como era de esperar, no tolera esa nueva jerarquía; según él, “la enfermedad” de la mujer es el problema. El nacimiento del bebé lo descoloca, pues ve a una criatura débil e inútil siendo recibido felizmente por el matrimonio y que además consigue relegarlo a un plano secundario. Empujar a la criatura a la fuente, avisar cuando ya sea tarde, dejar que se ahogue y recobrar el poder que se la ha sido arrebatado; el plan parece infalible. Pese a eso, cuando llega el momento, avisa demasiado pronto, y el padre alcanza al bebé antes del fatídico desenlace.

No sospechan de su papel en el accidente, pero de igual forma deciden buscarle un nuevo hogar. Aquí es donde se entrecruzan las dos subtramas principales de la película; la de Baxter y el niño nazi, Charles. Reconozco mi error al no haber ido explicando las escenas de este chico, pero es más que nada por que no lo veo necesario, sobre todo por su mala ejecución en su escritura. Admito que ver un niño tan joven replicar actitudes de esta ideología es inquietante cuanto menos, sin embargo, opino que no hay un trasfondo adecuado para acreditar una radicalización semejante. Más allá de ese error inicial, su evolución es algo mediocre, y su corta exploración deja sin profundidad a su comportamiento. El chico pasa las tardes en un vertedero donde hay un contenedor abandonado, que usa fingiendo ser un soldado en su tanque, y se puede apreciar la intención de mostrarnos esto; está replicando aquella maldad que admira y aprendiendo de ella, trata de verse a si mismo como un combatiente ejemplar, se ve a si mismo como Hitler, o por lo menos como alguien a su altura, pero como dije antes, al tener solo 13 años y carecer de fuerza en el guión, parece la escena de un niño jugando. Es difícil darle la seriedad que realmente esconde algo así.

El perro ha encontrado a su dueño ideal, un dueño que no duda, es implacable y decidido. Y a su vez, Charles ha encontrado el acompañante perfecto para ejercer su poder. Incluso cuando las condiciones de la dominación parecen endurecerse, Baxter escoge la obediencia. Su instinto lo dirige a acatar las ordenes cuando entiende que las recibe de alguien de mayor jerarquía, siendo este el caso. Ha encontrado exactamente aquello para lo que cree haber sido creado. Lo contradictorio es que Baxter, aún percibiéndose como más fuerte que el chico, se subordina por completo a su voluntad, llegando tener pensamientos de inseguridad, cuando su reputación con su amo se ve en entredicho (se ejemplifica en el encuentro del perro con una hembra). El problema está en que la evolución del niño acaba dañando la relación con su mascota, y viceversa. Baxter observa como su dueño está cambiando. Percibe que le ha perdido el respeto luego de encamarse con una hembra. Necesita entonces reafirmar su posición como sea, hacerle entender que la criatura que domina sigue siendo más fuerte que él, consiguiéndolo de casualidad al encontrarse con otro perro visiblemente agresivo.

La pelea es descarnada, la sacudida de las dos bestias acaba dando a Baxter como claro vencedor, que reposa triunfal frente al cadáver de su oponente, ante la mirada de aprobación de Charles. Lo consiguió, ahora es digno de respeto, han sido testigo de lo que es capaz de hacer y ha recuperado el estatus, aunque aún queda otro acontecimiento igual de importante. El nacimiento de sus cachorros nos revela que Baxter no tiene instinto de protección con sus propias crías, esto, más allá del personaje es algo que ocurre en la vida real, los perros macho no adquieren instinto paternal ni afectivo hacia su descendencia, lo que se evidencia en su rechazo e incluso agresividad ante su propia estirpe. Reconoce su olor en ellos, pero también reconoce una cosa, su debilidad, no hay sitio para el débil ni sus defectos. De nuevo estamos siendo testigos de un instinto primario (o en este caso, falta de él) conviviendo con pensamientos cercanos a los nuestros, combinación que resulta inquietante.
Perturba darnos cuenta lo lejos que está Baxter de lo que entendemos como un razonamiento humano sano, no obstante, buena parte de su discurso parece complementarse a la perfección con el comportamiento de su dueño. Aquí es donde el fascismo entra el juego, apelando a los impulsos más naturales posibles: la fuerza, la autoridad, el poder… responden a las inquietudes primarias a través de imponerse al débil, acatando sin vacilar lo que un líder dictamina. No es casualidad para la historia que el chico imite conductas fascistas, está ahí para mostrar hasta donde puede llegar un individuo cegado por la autoridad, ya sea mandado o mandatario.

Este mismo límite no tarda en darse. Baxter recibe la orden de matar a un amigo del chico. Le sobreviene entonces la contradicción ¿Obedezco incluso cuando choca con mi… moral? Es complejo afirmar la presencia de una moral en Baxter, pero de igual forma, decide no matar, “El chico se equivocó conmigo, no mataré gratuitamente” es el momento más importante de toda la obra, por primera vez está eligiendo fuera de lo que le dictan, está enfrentándose a la orden que choca consigo, actúa en consecuencia a una regla interna, es capaz de distinguir entre violencia necesaria e innecesaria.

Cuando parecía que la relación estaba rompiéndose por completo, Charles abandona a Baxter en su garaje 3 días sin comida ni agua como represalia, y al huir, descubre que sus cachorros han sido asesinados por su amo, invadiéndole de nuevo los “pensamientos contra natura” y llevando a la ruptura total entre ellos dos. El final de esta historia se aproxima en su último encuentro, ahora Baxter ha decidido vengarse “Cuando el sol se vaya, el niño irá a buscarme, debe morir” Charles cae en un hueco del vertedero en el que pasaba las tardes, quedando frente a la bestia a la que hizo desgraciada, y allí, en un último intento por salvar la vida, lanza la orden “¡Baxter, a los pies!” la mirada fija del perro parece revelar un atisbo de duda, “¡Baxter, a los pies!” ¿No ha conseguido acaso salir de esa subordinación? “¡A los pies!” Lamentablemente no, las patas del canino obedecen, dejando a Baxter sumiso ante el chico, que se lanza violentamente a darle muerte, a golpes.Últimas reflexiones

No obedezcáis nunca” Con una escalofriante advertencia es que Baxter se despide del espectador, tal vez para que no cometamos los mismos errores que cometió él y que lo llevaron a su desenlace trágico. Desgraciadamente, no parece que haya tenido una posibilidad real de elegir fuera de su necesidad de un amo, pues incluso cuando este iba en su contra, no fue capaz de ignorar su impulso, su imperiosa necesidad de entregarse al mandato del líder.

Por muchas faltas que se le puedan sacar, esta película se lanza a una premisa difícilmente comparable a otra, entregando al mundo del cine una obra que sin duda, merece ser vista y sobre todo analizada.

COLABORACIÓN ENVIADA
Luis Joaquín Martínez Callol

Nota del autor:

8,0 ██████ (Muy buena)

TEASER:

Written by LGEcine