El gran Gatsby (2013)

Título original: The Great Gatsby
País: Australia
Primera proyección: EEUU, 1 May. 2013 (Nueva York – Premiere)
Duración: 114 min.
Director: Baz Luhrmann
Guión: Baz Luhrmann, Craig Pearce (Novela homónima: F. Scott Fitzgerald)
Música: Craig Armstrong
Género: Drama. Romance. (Años 20)
Reparto: Leonardo DiCaprio, Tobey Maguire, Carey Mulligan, Joel Edgerton, Isla Fisher, Jason Clarke, Amitabh Bachchan, Steve Bisley, Richard Carter, Adelaide Clemens, Vince Colosimo, Max Cullen, Mal Day, Elizabeth Debicki, Lisa Adam, Eden Falk, Callan McAuliffe, Ben McIvor, Hamish Michael, Brian Rooneyt, Kevin McGlothan, Nick Meenahan, Olga Miller, Heather Mitchell, Gus Murray, Kate Mulvany, Barry Otto
“Una espectacular y llamativa tarta de diez pisos a la que que cuando le hincamos el diente no nos sabe a nada [...] Sensación de mareo, colores chillones que casi dañan la vista y sobresaturación sonora [...] Se dedica tanto tiempo a mostrar fiestas y numeritos musicales que la trama brilla por su ausencia [...] Nunca es emocionante”
Sin duda, “El gran Gatsby” (2013) es uno de los estrenos del año. Por tratarse de la nueva y superpublicitada película de Baz Luhrmann, director y guionista del rotundo éxito que supuso allá por el 2001 “Moulin Rouge”. Por tener en el reparto a estrellas de la talla de Leonardo DiCaprio (“Django desencadenado”, 2012), Tobey Maguire (“Spider-Man 3”, 2007) o Carey Mulligan (“Drive”, 2011), la actriz de moda en Hollywood. Y por adaptar la novela de un escritor de la talla de F. Scott Fitzgerald. Con esos elementos, la expectación está justificada.
Años veinte. Nick Carraway (Tobey Maguire) es un joven escritor que llega a Nueva York con la intención de ganarse la vida trabajando con bonos. Allí retoma el contacto con su prima Daisy (Carey Mulligan) y conoce a su marido Tom (Joel Edgerton, “La noche más oscura”, 2012) y a su amiga Jordan (Elisabeth Debicki, “Una boda de muerte”, 2011). Con ellos descubrirá las fiestas de la gran manzana y se verá sumergido en un mundo de alcohol y diversión. Una noche es invitado a la mansión de su vecino, Jay Gatsby, un misterioso hombre que da las mejores fiestas de todo Nueva York aunque nadie parezca saber quién es realmente. Pronto Nick se da cuenta de que Gatsby tiene un especial interés en él.
Lo que nos encontramos con esta nueva versión es una espectacular y llamativa tarta de diez pisos a la que cuando le hincamos el diente no nos sabe a nada. Con una realización hipercolorista de las que gustan a Luhrmann, la cámara nerviosa recorriendo la sala de punta a punta, acelerando o ralentizando cada dos por tres, y una banda sonora a rebosar de canciones animadas, “El gran Gatsby” lleva marcado a fondo el sello del australiano. Y, por supuesto, todos los defectos que ello conlleva: sensación de mareo, colores chillones que casi dañan la vista y sobresaturación sonora.
Además, la proyección en 3D aumenta por momentos todos esos efectos visuales, aunque a medida que avanza el metraje cada vez tiene menos presencia el uso de esta técnica y uno casi olvida que está viéndola en el controvertido formato (para los anti, decir que también se proyectará en digital). A los que duden de si merece la pena pagar la diferencia de precio, aclararles que los primeros minutos se esmeran en hacerte notar el 3D y se disfruta bastante, pero al rato desparece casi por completo; además, no está del todo depurado, y aún se aprecian contornos poco delimitados o cierta sensación de translucidez en algunas formas.
Que Baz Luhrmann tenga un estilo muy particular me parece muy respetable y tendrá más adeptos o menos, pero dentro de lo suyo sabe lo que se hace. El problema gordo está en el guión, del cual es autor junto a Craig Pearce, con el que ya colaboró en otros títulos como “Romeo y Julieta de William Shakespeare” (1996) o “Moulin Rouge” (2001).
Empezaré por lo más llamativo. Los tempos están muy mal llevados. Pero mucho. Tardamos infinito en ver a Gatsby, y ciertamente el personaje de Nick no aguanta por sí solo tanto metraje. La espera se hace larga porque no se gestiona bien el misterio. Se dedica tanto tiempo a mostrar fiestas y numeritos musicales que la trama brilla por su ausencia. Es un error de bulto pensar que puedes distraer al espectador con media hora de pirotécnica vacua.
Más problemas: cuando se hace manifiestamente necesario que avance la acción, tiran de la omnipresente voz en off para contar cosas que deberían haber mostrado en acciones. O de flashbacks explicativos en los que te lo dan todo bien mascado reforzando lo que estás viendo con más voz en off. La sensación que transmite es que creen que el público saldrá contento con los fuegos artificiales y que no hace falta molestarse en contar nada de un modo decente.
En la trama no hay conflictos de verdadero peso, así que nunca es emocionante. A eso súmale que los personajes tienen muy poco grosor (se salva Gatsby, y debería ser mucho más profundo). Resultado: gente que nos importa cero ocurriéndole cosas aburridas. Nick, nuestro protagonista, es el ejemplo más lamentable, ejerciendo siempre de mero espectador de lo que pasa a su alrededor; es tan endeble que ni siquiera está definido en muchos aspectos, tales como el ético o el sexual.
Al haber una clara disonancia entre una propuesta visual fuertemente marcada y trabajada y un guión descuidado, la película se vuelve una amalgama de cosas que entran y salen de pantalla sin una sintonía real: ahora un tipo tocando un instrumento, luego una acción de un personaje que parece fuera de lugar, seguida de un baile y una parrafada en off; nunca produce una verdadera impresión de conjunto sólido. Para muestra, la aparición tardía de la hija de Daisy que sabíamos que existía y que no pinta nada.
El reparto hace lo que puede con lo que hay. DiCaprio está tan bien como siempre aunque el guión no le deja ser el Gatsby misterioso y seductor que debiera. Mulligan da un poco de luz a su papel de semiflorero, que ya es bastante; además es innegable que tiene cierta química con DiCaprio. Maguire hace el “pasmao” como en muchos de sus otros papeles. Debicki entra, suelta su frase y se va, en lo que podríamos llamar el semiflorero de quita y pon. Y Edgerton es el voluntarioso antagonista confundido; su personaje tiene tantas lagunas que es imposible que ofrezca una actuación coherente. Un pequeño inciso: que alguien enseñe a pegar a DiCaprio, por Dios; cada vez que levanta los puños hace el ridículo.
El ego de Luhrmann, siempre dispuesto a llamar la atención con trucos circenses antes que molestarse en contarnos bien algo, lleva a que “El gran Gatsby” esté llena de paralelismos con la versión de “Grandes esperanzas” estrenada este año: una apuesta visual clara que ha priorizado ante una historia con un gran potencial desperdiciado y que por cierto, tiene muchos puntos en común con la obra de Dickens. Pero hay que ser justos, y a diferencia de la “Grandes esperanzas” de Mike Newell, la película que nos ocupa hoy ni siquiera está al nivel mínimo exigible para una propuesta de este calibre.
Distribuida en España por Warner Bros Pictures.
Vista en PASE DE PRENSA el 16 de Mayo de 2013 en los Cines Cinesa Diagonal, en Barcelona.
Nota del autor:
4,0 ████ (Mediocre)
Promedio de notas:
No realizado. Película en CARTELERA a partir del 17 de Mayo de 2013.
FilmAffinity: — | CINeol: — | IMDb: — | LGEcine: 4,0
















El papel que juega la luz también es de vital importancia, máxime cuando algunos ataques se producen de noche. Ello conlleva un grado más elevado de tensión en la escena, pero no siempre permite que quede claro lo que está ocurriendo, y eso nunca debería ser así, porque lleva al espectador a escudriñar de punta a punta la pantalla preguntándose quién es el tipo que parece que está siendo devorado.
La historia, sin ser nada del otro jueves, está cuidada y permite que nos impliquemos mínimamente a nivel emocional con lo que está ocurriendo.
Los paisajes y la fauna que retrata “Marea letal” son un regalo de la naturaleza; es uno de esos casos en los que estás en el cine y te entran ganas de coger el primer avión que salga hacia allí. John Stockwell se recrea en ellos, ya que es su gran baza junto a la tensión que crea en las escenas de los ataques de los tiburones y la espectacularidad de las grabaciones bajo el mar. Sudáfrica aparece como país de producción junto con EEUU, y probablemente se trate también de una estrategia de product placement (que el gobierno sudafricano haya financiado parte del presupuesto a cambio de que se dedique metraje a mostrar las virtudes del país).

Y es que la dirección realza con buena técnica muchas de sus escenas, pero éstas quedan empañadas cuando recordamos que el hilo principal no da como para magnificar sobremanera lo retratado. La película, envuelta por una corteza contemplativa sobre la que gotean los mensajes religiosos y moralistas, funciona mejor presentándonos sus virtudes individuales que en conjunto, dejándonos ver a un puñado de personajes desgraciados y estancados en el fango de una vida que se les ha revuelto, y dando la sensación de que se encuentran en el lugar equivocado. “Stone” se deja ver y se sigue con pausada fluidez, recordando por momentos a una cinta que se estrenaría un año más tarde: la controvertida “
Chirría la exagerada evolución del personaje de Norton (“


Estos son los hechos que Daniele Vicari retrata con precisión periodística en esta coproducción de Italia y Rumanía en la que es evidente el interés informativo, documentalista y a la vez crítico y de denuncia contra los hechos descritos, pidiendo incluso Justicia por considerar la dirección que es un caso que ha muerto en el intencionado olvido político. Su conjunto está lleno de tensión y ofrece escenas tan impactantes como desagradables, caracterizándose la cinta por un realismo que incluso incomoda, desplegando una buena cantidad de medios que transmiten el retrato de una Italia prácticamente sumida en estado de guerra. El argumento avanza y retrocede en multitud de puntos para adelantarnos el resultado de algo y explicar después cómo se llegó a ello, mostrando todo esto desde diferentes perspectivas.
Se prefiere optar por el realismo que aporta narrar lo que sucedió, con buen pulso, ritmo, sin estancarse en subtramas personales y limitándose a ser una cámara que es testigo de unos hechos reales. Sólo en sus minutos finales podemos notar cierto regocijo en lo dramático, sintiendo la sensación de que ya no hacía falta extenderse con ello puesto que todo lo que ya había aparecido en la película era lo suficientemente explícito para comprender la crudeza de lo mostrado. Pero para nada esto consigue empañar la convicción de que nos encontramos ante una gran película, otra lección de buen cine llegada de Italia, siempre con historias arriesgadas, que sorprenden, enganchan y hacen que el interés por las producciones de aquel país siga, al menos para este servidor, en aumento.
El magnífico Teho Teardo, autor de bandas sonoras como “