Les åmes en peine (Quarxx, 2026) – 116 min. –
En la campiña francesa han empezado a aparecer una suerte de ghouls, seres necrófagos que son cazados con celo por un fanático religioso por considerarlos una afrenta contra Dios.
Una idea interesante para una película de zombis, utilizada como vehículo para una narración de abusos salvajes y fervor religioso mal encaminado. Con la guerra franco-prusiana como telón de fondo, el director Quarxx nos ofrece una película oscura y muy intranquilizadora.
Se vende como una película de miedo, pero considero que no llega a esa categoría. Es más bien una película que busca incomodar al espectador con sus escenas y con las reflexiones que se ocultan detrás de ellas.
Abuso físico, abuso familiar e incluso sexual, fanatismo religioso, incapacidad para tomar las riendas del propio destino y supresión del yo hasta quedar reducido a una herramienta o a un mero animal.
Todo eso nos ofrece el director a través de un relato tenebroso. Es decir, una historia de miedo en la que el terror es, en realidad, la excusa para narrar algo más.
A raíz de la guerra —aunque no se especifica una relación directa, temporalmente coincide con ella—, una plaga ha comenzado a azotar a la población, al menos en Francia. No se sabe cómo se transmite; de hecho, durante el metraje no se identifica ningún vector reconocible. Aire, agua, contacto, malos pensamientos… Se desconoce. El resultado es el contagio y, una vez contraído, la transformación es inevitable.
Transformarse en una suerte de zombi que vaga tranquilamente, atraído por los cadáveres, a los que debe devorar. No nos encontramos ante muertos vivientes, sino ante una especie de necrófagos, de ghouls. Seres aparentemente inofensivos para los humanos, salvo cuando estos ya están muertos.
Pero, ante el rechazo que provocan en la sociedad, estos incomprendidos trabajadores del sector funerario son cazados con furor. Y, como la religión no permite el asesinato, se les colocan máscaras que les cubren por completo la cabeza, después de haberles arrancado los dientes y sellado los ojos. Es decir, no se les mata: se les condena a morir de inanición (recordemos que no son muertos vivientes). Las bellas ironías religiosas.
Pensemos por un momento en la imagen que nos presenta la película: seres que no son peligrosos, similares a nosotros, pero no idénticos, que simplemente vagan sin rumbo. Alienados por la religión, cazados por el fanatismo, torturados en nombre de la «verdad».
¿Estamos ante un relato sobre la xenofobia justificada en nombre de un bien mayor? ¿Una historia sobre cómo se construye al diferente como una amenaza para después despojarlo de cualquier atisbo de humanidad? ¿Y sobre cómo, detrás de las máscaras de la virtud y la moral, se ocultan las peores atrocidades?
Ante todo esto, Quarxx construye un worldbuilding muy, muy interesante, que da para toda una saga de novelas. Un mundo similar al nuestro, pero movido por el fanatismo religioso, en el que los avances científicos están en pleno auge y la electricidad comienza a abrirse paso en medio de la pugna entre Edison y Tesla.
En un mundo que empieza a ver la luz, asistimos al auge de la oscuridad más horrible en forma de fanatismo religioso. Porque no hay peor fanático que aquel que se cree en posesión de la verdad absoluta.
Y todo esto sirve de excusa para desarrollar el relato que nos ofrece la película.
La narración justifica la completa dominación que ejerce el padre de familia, nuestro «protagonista», sobre los suyos. Es cierto que, sobre el papel, el protagonismo corresponde a su hija, pero la fuerza de la interpretación de Jacob (Thierry Frémont) es tal que se come toda la película.
Es tan horrible, repulsivo e intranquilizador todo lo que hace que no puedes dejar de mirarlo. Su interpretación es tan potente que casi te ves incapaz de ponerte del lado de la víctima. De las víctimas, mejor dicho.
Me recuerda a Robert Mitchum en La noche del cazador. Asesinato, tortura, violencia sobre menores, violación, sumisión absoluta de su esposa, maltrato animal… Parece empeñado en rellenar todas las casillas de una lista. Pero, desde su punto de vista, todo está justificado: él solo hace lo que le dicta su religión.
O, mejor dicho, la visión que él tiene de la religión.
Y aquí encontramos la mayor virtud y, al mismo tiempo, el mayor defecto de la película. La cámara y el director parecen amar tanto a Jacob que, cuando la historia intenta centrarse en su hija y en sus esfuerzos por sobrevivir a esta situación, escapar o, simplemente, respirar, todo ello se te antoja tiempo perdido en pantalla.
Incluso el final tiene que ser reescrito por la propia fuerza del personaje de Jacob, y de una forma espectacular. Llega a conseguir que pienses que la víctima es, sencillamente, tonta, incapaz de tomar una decisión por sí misma. Te niega la posibilidad de empatizar con ella. Hasta ese punto llegamos.
Y todo esto acaba pasándole factura al espectador a medida que avanza el metraje. Gran interpretación, gran mundo, pero la historia intenta llevarte hacia un lugar con el que estás de acuerdo y cuya intención comprendes, mientras percibes una desconexión cada vez mayor entre lo que pretende contar y lo que realmente consigue transmitir.
Sobre todo, teniendo en cuenta un metraje de unas dos horas que solo te hace pensar en cuál será la siguiente aberración que cometerá Jacob (os puedo asegurar que no tiene límites).
A nivel artístico, la película me encanta. La construcción de las escenas, el tratamiento de los diferentes elementos y la manera en que, a través de un ritmo lento, puedes detenerte a pensar en los elementos «fantásticos» que aparecen. Sin embargo, una vez más, se penaliza a sí misma al introducir constantemente elementos que después desperdicia, como si fueran simples cuadros colgados en una pared.
Solamente la escena inicial, con la preparación de la mascara y su “victima” es genial.
Es un gran worldbuilding, pero una mala resolución y aplicación del mismo. Daría para mucho más, incluso para varias películas que explicasen lo que está ocurriendo. O para una serie que mostrase la evolución de la situación y profundizase en la ciencia, la guerra, el origen de los personajes…
Por otro lado, con lo que sí me quedo es con la reflexión sobre los peligros del fanatismo. Con cómo la religión se presenta como el principal elemento deshumanizador, condenando a quienes no comparten tus creencias a ser descartados, anulados o asesinados. Con cómo cualquier duda puede reescribirse para acomodarla a lo que uno quiere hacer.
La capacidad de justificar cualquier comportamiento aberrante u horrible, adaptarlo a nuestra propia moral y escudarnos detrás de un amigo imaginario.
Terrible.
Película recomendable si quieres conseguir ideas nuevas y muy originales, si te gusta pasearte con una máscara en la cabeza o si, simplemente, quieres que te cosan los ojos.
La frase: «Si un animal no puede cumplir con su faena, se le sacrifica y procederá a alimentarnos. Dios así lo quiere.»
La escena: La escena del epílogo, que pide a gritos una continuación.
Vista con PASE DE PRENSA en el Festival Internacional de Sitges 2026
Nota del autor:
5,0 █████ (Mejorable)
TRAILER V.O.:


