The End of It (Maria Martínez Bayona, 2026) – 102 min. –

En un mundo donde la vejez es optativa y ya nadie muere por causas naturales asociadas a la edad, una artista ha decidido que el hastío ha acabado con el sentido de su existencia.

Película de ciencia ficción distópica que utiliza este recurso para ofrecernos un drama existencial, con la eutanasia, el arte y lo que estamos dispuestos a hacer por él como telón de fondo.

La película nos sitúa en un futuro en el que, mediante pastillas, filtrados sanguíneos y reemplazos orgánicos y estructurales, la vida puede alargarse de forma indefinida. El dinero y la disponibilidad de los tratamientos son los únicos límites. La humanidad solo tiene que preocuparse por encontrar algo con lo que ocupar su tiempo.

 

La vejez y la muerte no traumática son completamente opcionales, aunque a cambio quedamos esclavizados a tratamientos diarios. Un precio que pagar por la eternidad. Claro que, a día de hoy, la humanidad ya se encuentra encadenada a múltiples tratamientos paliativos y terapias para prolongar o mejorar su vida. Quizá no estemos tan lejos de ese futuro como nos gustaría pensar.

En mitad de esta distopía, donde incluso las tareas del hogar son realizadas por robots, el ser humano se ha quedado sin propósito existencial. Sin objetivos. Pasamos la vida buscando nuevas experiencias, pero estas se terminan agotando. Y, cuando ya no queda nada nuevo que experimentar, solo permanece el vacío.

Ante el tedio de la repetición, nuestra protagonista decide acabar con su existencia para escapar del hastío y la monotonía.

Sin embargo, cuando el final comienza a presentarse ante sus ojos, la llama de la inspiración vuelve a encenderse en su interior. Decide retomar su carrera artística, transformando el camino hacia su propia muerte en una suerte de performance.Personalmente, la idea y el escenario me han gustado mucho. El problema es que la narración se alarga y se vuelve reiterativa. La película ofrece mucho alimento para la mente, como suele ocurrir con las distopías, pero buena parte de sus reflexiones podrían haberse presentado en formato de mediometraje, en lugar de estirarse hasta un largometraje que, en algunos momentos, se hace muy pesado.

Llega un punto en el que uno espera que la película termine y continúa viéndola casi exclusivamente por curiosidad, para descubrir cómo se resolverá ese acontecimiento final que lleva tanto tiempo anunciándose.

Muchas de las reflexiones que propone surgen también de las preguntas que nosotros mismos nos hacemos durante el visionado. La narración ayuda a plantearlas, pero no siempre consigue desarrollarlas con la agilidad necesaria. Como decía un compañero: «Mar adentro, pero con personas que se mueven».

Aun así, la película nos ofrece bastante material para el diálogo, especialmente a través de ese filtro del hastío y el tedio. Las relaciones sexuales, sociales e incluso familiares se van pervirtiendo en un mundo donde el tiempo parece haber perdido su valor.Precisamente, este último apartado me parece uno de los más brillantes de la película. Tenemos a Noomi Rapace interpretando a la hija de Rebecca Hall, a pesar de que la primera es mayor que la segunda en edad real. El maquillaje contribuye a enfatizar esta inversión de papeles y ofrece una perspectiva muy interesante sobre el paso del tiempo y cómo este modifica nuestra percepción de las personas.

Ver cómo la persona de mayor edad se comporta de forma infantil mientras que la más joven asume el papel de responsable resulta genial. Es una inversión de roles que invita a reflexionar sobre cómo cambiarían nuestras relaciones familiares si el envejecimiento dejara de funcionar como lo conocemos. Especialmente cuando pensamos en nuestros propios familiares, que quizá no tengan acceso a tratamientos tan eficaces.

Por otro lado, la reflexión que más me ha gustado, ya sea por su impacto o porque las demás aparecen con mayor frecuencia en otras obras cinematográficas, es la que aborda el vacío del mundo del arte.

La película cuestiona lo ridículo de ciertas performances modernas y plantea dónde está la frontera entre el arte y el puro exhibicionismo egocéntrico, amplificado por una corte de aduladores. ¿Cuándo estamos ante una auténtica expresión artística y cuándo ante una provocación que solo se sostiene porque hay gente dispuesta a celebrarla?

La puntilla que se le da a esta idea al final de la película me parece magistral. Para mí, justifica buena parte del visionado.En cierto momento, esta reflexión me recordó a uno de los episodios más cuestionables de la historia reciente de Hollywood: la concesión póstuma del Oscar a Heath Ledger por su interpretación del Joker. No porque su premio careciera de méritos artísticos, sino por cómo la muerte de un intérprete puede condicionar la recepción de su trabajo y convertir su figura en algo que trasciende la propia interpretación.

Un problema importante de la película es que no consigue que conectemos con sus personajes principales. Ya sea por su falta de carisma o por el rechazo que provoca su contexto, nos encontramos ante un grupo de ricachones, enfermos de la vida, superficiales y, en muchos casos, bastante despreciables.

Podemos llegar a comprender sus motivaciones, pero eso no significa que nos importen. Resultan odiosos de principio a fin y, por desgracia, su desarrollo pierde interés. En lugar de preocuparnos por lo que les sucede, acabamos esperando que llegue su final.

Solo haría una excepción: la robot de compañía, interpretada por Beanie Feldstein.

Con diferencia, es la mejor interpretación de la película. Su personaje se adueña de las escenas mediante una expresividad peculiar, alternando momentos de absoluta inexpresividad con otros en los que parece exagerar cada gesto. Me recuerda por completo al arquetipo del mayordomo inglés que te observa con desaprobación, como si estuviera juzgando en silencio cada una de tus decisiones.

No destacaría especialmente la banda sonora ni los elementos técnicos, que me parecen simplemente correctos. Sí aprecio el trabajo de atrezo y los elementos visuales que ayudan a construir esa sensación de ciencia ficción y a dar forma al mundo en el que transcurre la historia.
En definitiva, una película con ideas interesantes y reflexiones que dan para una buena conversación, pero cuyo desarrollo se alarga demasiado y cuyos personajes no siempre consiguen despertar nuestro interés.

Interesante si te encuentras aburrido de la vida, necesitas tirar bebés por la ventana o disfrutas de estar conectado diariamente a una máquina de diálisis.

La frase: «Ya no tienes ni un solo hueso original en el cuerpo.»

La escena: El momento de irse de fiesta con la asistente.

Vista con PASE DE PRENSA en el Festival Internacional de Sitges 2026

«Muérete ya, que no tenemos todo el día» (versión del título de una canción de Def Con Dos)

Nota del autor:

4,5 ████ (Mediocre)

CLIP:

 

 

Written by Oscar Hidalgo

Cinéfago demente