Nuevo Orden (Michel Franco, 2020) – 88 min. –
New Order (Título internacional)

Al acabar la película me quedé mirando un rato el poster del film. ¿Habré entrado a ver una película diferente? Me preguntaba. “Una de las mejores películas del año y sin duda la más necesaria” escribió el crítico Carlos Loureda para Fotogramas. “El Parásitos de este año” afirmaba por su parte Luis Martínez para El Mundo. Otras inscripciones alrededor del título, mostraban los galardones recibidos: “Gran premio del jurado” en Venecia, “León de plata” en Berlín.
Sentía que en efecto, yo había visto una película distinta, a pesar de haber entrado en la misma sala.

Desde el título “Nuevo orden”, la última película de Michel Franco (Después de Lucía, Chronic, Las hijas de Abril) nos sugiere una idea de transformación social, de control militar, un “nuevo orden” distópico. La historia transcurre en la Ciudad de México actual, donde una boda de la clase alta es tomada por un grupo de rebeldes armados provenientes de los sectores desfavorecidos (cuya representación realmente es de terroristas), tomando como rehenes a todos los invitados. Lo que al principio parecía ser un caso aislado, termina por convertirse en en problema nacional, donde las clases bajas se toman el país, provocando así una reacción totalitaria y coercitiva por parte del estado.

A pesar de sus cualidades (que las tiene, y me detendré más adelante en ellas) el director no logra a cabalidad su cometido de hacernos reflexionar entorno a una problemática real sobre la creciente brecha social en los países del tercer mundo. Por el contrario hay un sin número de dificultades que terminan afectando la columna vertebral de cualquier ficción: el sentido de persuasión, o en otras palabras, el obligatorio sentido de realidad, que debe haber en cualquier obra dramática que se quiera tomar a sí misma en serio, por más fantástica que sea. Algunas actuaciones son realmente lamentables (especialmente en las personas de clases altas), al igual que las representaciones casi caricaturescas de las brechas sociales, haciendo que la gran mayoría de interpretaciones sean totalmente planas, carentes de humanidad.

Esta falta de profundidad y construcción de personajes se impregna a su vez en una revolución maniquea, vacía, sin ninguna clase de demanda de justicia política, donde el único culpable finalmente es el estado, dejando una sensación final de condescendencia con la clase alta y con la clase baja. Por momentos transita en exceso en la forma, en el delirio estético -cuya elaboración visual, entre otras cosas, carece de consistencia o genialidad, a diferencia de Parásitos (2019), ya que osaron hacer el símil- pero su fondo no es del todo claro. Lleva el odio de clases a sus últimas consecuencias físicas, pero no ahonda en ellas, perdiendo así posibilidades mucho más interesantes, evitando que nos miramos a nosotros mismos en el espejo, lo cual, en mi opinión, es una función fundamental en cualquier obra que busque reflexionar sobre nuestra condición social.
Por eso, después de leer los comentarios del poster estaba confundido respecto a mis sensaciones con la película. Había pasado un buen momento, pero a la vez no creía que fuera una obra digna de tales elogios y mucho menos me parecía una radiografía relevante de la sociedad actual. Poco a poco entendí la raíz del conflicto: mientras el filme se vende a sí mismo como una meditación profunda sobre las últimas consecuencias de la brecha social en el tercer mundo yo estaba disfrutando de una especie de remake mexicano de “Guerra Mundial Z”.

Es más, propongo el siguiente ejercicio: después de verla, cambien mentalmente a los rebeldes por zombies, y van a tener todos los elementos de una fórmula taquillera clásica. Y en ese orden de ideas funciona en muchos otros sentidos: logra captar tu atención, crear un arco dramático ascendente, maneja sabiamente el suspenso y la exposición paulatina de la violencia, su estructura (“High Concept”) que precisamente recuerda a cualquier producto de Hollywood, genera interés desde el inicio a pesar de la irrealidad misma, y hace que empaticemos con un personaje virtuoso pero débil, víctima de las circunstancias.

Algunos dirán que es una película con una propuesta o una idea controladora tan interesante, que supera a la forma misma, o incluso que se sobrepone a sus debilidades.
Yo propongo no buscar una obra para reflexionar (o tratar de entender) cualquier problema latinoamericano. Vayan con otro lente, que la película es entretenida. Si por otro lado quieren ver cómo encarar de manera coherente la desigualdad en México (desde la humanidad y no desde el arquetipo), revisen las películas de Felipe Cazals, Arturo Ripsetein, o Alfonso Cuarón. O no. Vean a Buñuel.

Distribuida en España por A CONTRACORRIENTE FILMS
Vista en pase de prensa el 17 de febrero en los Cines Verdi de BarcelonaUna crítica de LEÓN ESCOVAR | Colaboración enviada

Nota del autor:
6,0 ██████ (Correcta)

La película está en CARTELERA desde el 19 de febrero de 2021

TRÁILER:

 

Written by LGEcine