Lave forventninger (Eivind Landsvik, 2026) – 105 min
Low Expectations (Título internacional)

En mi primer visionado de este maravilloso festival tuve la suerte de encontrarme con Sin expectativas. La película, llegada desde Noruega, plantea la vida de una artista musical que se aparta de su popularidad y da clases en un instituto de secundaria corriente. Como tantas veces, el valor de una obra proviene no tanto de su premisa, sino de cómo la aborda. Aquí, me alegra decir, lo hicieron con acierto.
Maja, la chica que protagoniza la historia, vive una crisis por su nueva vida, tan distinta de la trayectoria que construyó en su juventud. Su enfoque busca retratar la intimidad que esconde la fama: la persona que hay detrás. No conocemos de primera instancia su etapa de éxitos; en cambio, solo nos llegan recuerdos, vídeos antiguos o conversaciones para inferir lo distantes que quedan esos días de su nueva rutina.
El filme no intenta presentar el perfil que la llevó al estrellato, más bien nos pone de frente a su versión más personal: la que lucha por perdonarse, la que sufre por su bloqueo, la que no puede perdonarse haber acabado así…
Otro de los conflictos principales será la añoranza por una normalidad que ya no existe, pues, pese a que Maja ha vuelto a una vida ordinaria, no es capaz de reconectar con la música de la manera previa a su carrera. Ella busca la ilusión que desataron sus ganas de triunfar; sobre todo, recuperar la libertad que ahora solo puede ver en sus alumnos: una libertad que Maja ha perdido, pero no ha olvidado.
Poco a poco, será en los momentos en los que recupera su espacio, libre de juicios externos, cuando pueda disfrutar de su afición. Cuando aprende a soltar las expectativas construidas sobre su talento, recobra la inspiración necesaria para crear.
Todo lo dicho no habría encajado de la mejor forma sin las buenas interpretaciones, tan necesarias para la transmisión de ese dolor. O sin el montaje sobresaliente, que comunica sutilmente aspectos tan fundamentales como, por ejemplo, la opresión a la que Maja está sometida. Para entender este punto, me referiré a una escena completamente ordinaria de la cinta: cuando la joven llega a casa, le dejan un ínfimo espacio en pantalla, mientras que el salón (donde se encuentra su madre) ocupa más de la mitad de esta. Son decisiones que cada uno debe identificar mediante su atención, pero están ahí.
¿Queda recomendada? Y tanto.
8,5 ████████ (Muy buena)
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