Wareware wa Uchūjin (Kohei Kadowaki, 2026) – 116 min. –

Relato de la infancia y la vida de dos chicos que evolucionarán de formas completamente diferentes a raíz de un hecho fortuito.

Película de animación japonesa dirigida por Kohei Kadowaki que ha provocado una gran disparidad de opiniones entre los espectadores.

Nos cuenta dos historias paralelas protagonizadas por dos niños que se conocen en el colegio. Uno es introvertido y tiene dificultades para socializar; el otro, extrovertido y popular. A uno le irá bien en la vida, mientras que el otro tendrá que enfrentarse a un auténtico infierno.

 

Todo ello a raíz de un acontecimiento que, visto desde fuera y con la perspectiva que da el tiempo, podría parecer ridículo. Sin embargo, acabará marcando por completo el destino de ambos.

Primero conoceremos la historia a través de los ojos de uno de los protagonistas, para después pasar a la vida del otro. Finalmente, ambas narraciones volverán a entrecruzarse.

Visualmente, nos encontramos con una animación sucia, por momentos grotesca y que, en sus escenas finales, llega a recordarme a los dibujos de Junji Ito, especialmente por su vertiente más terrorífica y alucinatoria. Destaca el magnífico trabajo de los fondos, que parecen auténticos cuadros, mientras los personajes se mueven sobre ellos con un estilo que me recuerda a ciertas producciones francesas de animación de los años 80 y 90. Por momentos, incluso, me hace pensar en la rotoscopia.

Además, la animación va cambiando conforme evolucionan las emociones de los personajes. En especial, tras un momento en el que se nos plantea la pregunta más amarga de todo el relato: ¿haríamos algo ante una injusticia o miraríamos hacia otro lado?

Respecto al título, que nadie se lleve a engaño: no es una historia de extraterrestres. Se trata de una metáfora de la incomprensión y el aislamiento.Personalmente, tengo muchas dificultades para juzgar esta obra.

Por un lado, me parece pesada, lenta y aburrida. Durante buena parte del metraje no ocurre prácticamente nada. Es casi una narración costumbrista de dos vidas, como si estuviéramos observando las fotografías de un amigo que ha vuelto de viaje y pretende compartir su experiencia con nosotros. Una película que, en esas circunstancias, resultaría totalmente olvidable. Ni siquiera la banda sonora consigue salvarla.

Precisamente, el ritmo juega muy en contra de la película. Al comenzar por la vida del protagonista al que le va bien, pasamos una hora entera en la que apenas sucede nada. Después llega la historia del protagonista desgraciado, que no es más que un descenso a la miseria y la locura.

Es necesario ese contexto inicial para comprender lo que viene después, pero el esfuerzo que exige llegar hasta allí me parece excesivo. Comprendería perfectamente a quien abandonara la película a la mitad. El relato no adquiere un mínimo de ritmo hasta los últimos veinte minutos.

Y, sin embargo, por otro lado, me parece una genialidad.

¿Cómo es posible que llegues no solo a empatizar, sino a sentir lo que le ocurre a nuestro desgraciado protagonista? Realmente, ese maldito monigote consigue conectar contigo hasta el punto de hacerte comprender la oscuridad y la tristeza por las que está pasando. Es como si estuvieras experimentándolas tú mismo.Si alguna vez has tenido una pelea con un amigo de la infancia, has sufrido un problema por falta de comunicación, has padecido acoso escolar o la presión de tu entorno, has perdido tu trabajo o simplemente has tenido dificultades para seguir adelante, la película puede llegar a tocarte una fibra sensible.

Realmente, consigue hacerte sentir incómodo. Porque podrías ser tú.

Y esa es su genialidad: conseguir transmitir todo esto después de un auténtico ejercicio de paciencia. O quizá sea nuestra propia mente la que, después de semejante vía crucis, necesita encontrar una conexión emocional con lo que está viendo.

Todo ello tiene como trasfondo un mensaje importante acerca de la responsabilidad sobre la propia vida. La desgracia puede aparecer cuando menos lo esperamos, pero no debemos permitir que termine definiéndonos por completo.

La película también reflexiona sobre las relaciones infantiles: lo volátiles que pueden ser, cómo llegan a marcarnos y cómo una amistad puede transformarse en acoso. La presión del grupo y la dificultad de enfrentarse a él pueden convertir una etapa que debería ser feliz en algo que simplemente intentamos sobrevivir.

A veces, la infancia es una época que intentamos sobrevivir más que vivir. Y, sin embargo, con el paso de los años, tendemos a volver la vista atrás con nostalgia. Una contradicción que también está presente en esta película.En definitiva, una película recomendable si te gusta el costumbrismo infantil, las historias amargas o empezar a tener alucinaciones bajo la lluvia.

La frase: «Devuélveme mi infancia.»

La escena: La pelea y su catarsis final.

Vista con PASE DE PRENSA en el Festival Internacional de Sitges 2026

Nota del autor:

3-9. Sigo dudando de cómo clasificarla. Al final, la dejamos en un 6, aunque esa media me parece completamente injusta en ambos sentidos.

6,0 ██████ (Correcta)

TRAILER V.O.:

 

 

Written by Oscar Hidalgo

Cinéfago demente