Company (Casey Affleck, 2026) – 95 min. –
Una joven perdida es acogida por unos desconocidos durante la noche de Navidad. Como agradecimiento, decide contarles un cuento de miedo que, a su vez, contiene otra historia en su interior.
Curiosa película dirigida por Casey Affleck (o, como algunos dicen, el Affleck bueno) y escrita por él mismo junto a Ron Hansen. A través de una estructura recursiva de cuentos, se nos introduce en una narración de misterio, con toques de terror y una pequeña pincelada de elementos sobrenaturales.
Una misteriosa mujer, Evelyn, se presenta en la puerta de una casa durante una lluviosa noche de Navidad, con una excusa bastante vaga. Como agradecimiento por la amabilidad de quienes la acogen, decide amenizar la velada contando una historia a los presentes.
Este relato nos lleva hasta una antigua cabaña en el bosque, donde un anciano ermitaño también recibe una visita inesperada que, a su vez, le recompensa con otra historia.
Esta última nos habla de una pareja de granjeros que acoge a un joven al que han rescatado de morir congelado.
Tenemos, por tanto, tres historias encajadas una dentro de otra, como muñecas rusas. En diferentes momentos temporales, dentro del mismo siglo eso si. Una estructura narrativa bastante atractiva que nos invita a adentrarnos cada vez más en su interior.
El desarrollo de cada relato es bastante predecible, hasta el punto de que su pequeño giro hacia lo sobrenatural no llega a sorprender. Cuanto más profundizamos en la estructura, más sencilla y previsible resulta la historia que se nos cuenta. Sin embargo, esto hace que traslademos nuestras preguntas a los niveles superiores: ¿qué está ocurriendo realmente y por qué nos están contando todo esto?
Si tomásemos cada historia por separado, tendríamos relatos bastante planos y sencillos. Pero, al dotarlos de esta estructura recursiva, es precisamente el interrogante lo que nos mantiene atentos a lo que sucede. Y esto constituye, al mismo tiempo, su mayor defecto.
La estructura provoca que la película sea lenta, muy contemplativa y esté plagada de largos silencios. No es precisamente un plato para todos los públicos.
Llega a resultar aburrida en algunos momentos, pero esa calma parece formar parte de lo que busca la película: dejar que las escenas respiren y que podamos centrarnos en uno de sus mensajes, oculto, pero presente. Teniendo 90 minutos de metraje, tampoco es algo tan grave.
La soledad y la forma en que puede llegar a alienarnos, cambiándonos por completo. Incluso esa soledad que podemos experimentar en mitad de una multitud. Cómo el propio cuentacuentos puede ser la persona más aislada de toda la sala. O cómo un ermitaño decide alejarse del mundo y refugiarse en el bosque en un intento de encontrarse a sí mismo.
Y cómo somos capaces de realizar grandes esfuerzos para paliar esa sensación, aunque sea buscando la compañía de esa única persona que parece capaz de comprendernos.
Compaginado además con la compasión, la empatia que podemos sentir por desconocidos en momentos de sociedad, siendo lo que nos hace llegar a ser humanos.
Llevándonos esto al título de “Company”. Justamente hacernos ver siempre buscamos esa compañía para intentar alejar la soledad y que no siempre conseguirla evita la sensación, pero al menos reconforta brevemente con su mero calor.
Tenemos tres escenarios y, a medida que profundizamos en los distintos niveles narrativos, descubrimos que la película dedica cada vez más tiempo a las historias interiores. La mayor parte del metraje se concentra en la pareja de granjeros y el joven que encuentran, convirtiendo este relato en el núcleo de la película y en el espacio al que se destinan buena parte de sus recursos narrativos.
Es precisamente aquí donde encontramos la mejor interpretación de la película, a cargo de Atticus Affleck (encarnando a Caleb). Da vida a un joven que intenta prosperar en la vida, pero que resulta, al mismo tiempo, profundamente inquietante. A través de su aparente amabilidad y de sus diálogos, consigue transmitir la sensación de que hay algo que no encaja, de que no debería estar ahí.
Algo bastante difícil de conseguir si tenemos en cuenta que la película cuenta con grandes actores, aunque en papeles más secundarios, como Nick Nolte o Ben Mendelsohn. Ambos cumplen con sus respectivos personajes, pero la brevedad de sus intervenciones no les permite brillar tanto como podrían. Siendo el hijo del mismo director, podríamos hablar de otro caso de nepobaby. Pero realmente cumple muy bien con su apartado atrapando la camara muchas veces.
Por encima de ellos también están las dos Sherezades que nos van hilando la historia: Adelaide Clemens y Caylee Cowan. Ambas cumplen con su cometido, pero, al funcionar principalmente como narradoras de sus respectivos relatos, tienen menos oportunidades de lucirse.
En cuanto a sus referentes, la película me recuerda, por un lado, a Rashomon, por su interés en la narración y en la manera en que las historias se construyen y transmiten. Por otro, me trae a la memoria series como Cuentos asombrosos o propuestas como Creepshow, con esa estructura episódica en la que vamos saltando de una historia a otra, aunque aquí todas quedan conectadas mediante un relato que las contiene.
Me gusta bastante el trabajo de diferenciación de los ambientes. Empezamos con una casa en plena Navidad, llena de color y de gente celebrando. Después pasamos a una cabaña acogedora, pero oscura, que parece ocultar la decadencia de los últimos días de su poblador.
Finalmente, llegamos a los grandes escenarios de desolación blanca en los que transcurre la historia central. La nada y la nieve ocupan por completo el paisaje. Sus habitantes apenas se atreven a cruzar el umbral de sus casas, porque, en el exterior, lo único que parece esperarles es una muerte lenta.
Es una ambientación que refuerza muy bien esa sensación de aislamiento que recorre toda la película.
Creo que muchos espectadores valorarán el desenlace por su giro final, pero a mí me resulta demasiado sencillo. Mi recomendación es que os centréis en la historia central y en cómo se transmite todo a través de los silencios, los gestos y la propia puesta en escena.
En definitiva, tenemos una obra muy lenta, atractiva por momentos y con cierto interés, pero que no es para todos los públicos. Mejor que os pille con una buena dosis de cafeína en el cuerpo.
Una película recomendable si os gustan las historias sencillas contadas de forma enrevesada, si os apetece pasar un frío que pela o si queréis que os pongan a descansar sin haberlo pedido.
La frase: «Te has tomado ciertas licencias.»
La escena: El momento de la visita al vecino de los granjeros.
Vista con PASE DE PRENSA en el Festival Internacional de Sitges 2026
Nota del autor:
5,5 █████ (Mejorable)
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