La estrella (2013)

Título original: La estrella
País: España
Primera proyección: España, 22 Abr. 2013 (Festival de Málaga)
Duración: 95 min.
Director: Alberto Aranda
Guión: Alberto Aranda, Belén Carmona (Novela: Belén Carmona)
Música: Zacarías M. de la Riva
Género: Drama
Reparto: Ingrid Rubio, Carmen Machi, Marc Clotet, Fele Martínez, Carlos Blanco, Rubén Sánchez
“La gran virtud de esta película es que narra de forma precisa y constante [...] Sorprende la capacidad de Alberto Aranda y de Belén Carmona para economizar metraje mostrando en lugar de diciendo [...] Se agradece que alguien se digne a enfocar un drama urbano desde el optimismo en estos tiempos de crisis”
El cine patrio es muy dado a los dramas con toques de comedia, los personajes perdedores y las problemáticas sociales. “La estrella” (Alberto Aranda, 2013) podría pasar por otra película más de esta cuerda si no fuera porque tiene un brillo propio que la hace única.
Estrella (Ingrid Rubio, “Los días no vividos”, 2012) es una mujer de Santa Coloma de Gramenet (ciudad cercana a Barcelona con una fuerte inmigración) que ronda la treintena. Trabaja limpiando en un servicio funerario junto a su amiga Trini (Carmen Machi, “Los amantes pasajeros”, 2013) y vive en un modesto piso cedido por sus padres con su novio Salva (Marc Clotet, “La voz dormida”, 2011). Pese a su poca holgura económica, es feliz y sólo desea avanzar más en su relación con Salva. Pero cuando éste consigue un puesto importante en una inmobiliaria y Trini tiene problemas con su marido, la vida de Estrella empieza a complicarse y deberá hacer acopio de todo su optimismo y valentía para tirar adelante.
“La estrella” empieza marcando claramente por dónde piensa ir, con unos créditos iniciales de estilo urbano acompañados por la rumba de “Muchachito bombo infierno” (que se encargan de varios temas). Entra rápido al grano, presentando a los personajes mediante su lenguaje, su ropa y su modo de pensar. Así que no han pasado diez minutos que ya conoces el tablero y a los jugadores. Y esa es narra de forma precisa y constante.
Sorprende la capacidad de Alberto Aranda (es su ópera prima, sólo tiene a sus espaldas el documental “¡Mezquita NO!” del 2005) y de Belén Carmona (autora de la novela homónima y también primeriza en el mundo del guión) para economizar metraje mostrando en lugar de diciendo. Y sin trucos baratos, es decir nada de voz en off ni personajes planos. Sí es verdad que tiran de algún que otro estereotipo, pero siempre con gracia y dándole la vuelta para que no sea un cromo que ya hemos visto antes. Lo mismo pasa con los escenarios en los que transcurre la acción, que tienen personalidad propia y no son simples lugares de paso.
Esto, que dos debutantes han sabido hacer a la perfección, se echa en falta en muchísimas películas con presupuestos gigantes. Y sólo tiene una explicación más allá del talento que puedan tener: que les importa cada detalle de su película y no han dejado nada sin trabajar a fondo. Un ejemplo de ello es que la alternancia entre espacios abiertos y cerrados destaca hasta el punto de que te das cuenta de su armonía. Ese buen hacer se traduce en personajes que parecen reales, metidos en conflictos que en todo momento te crees y, consecuentemente, que te llegan de verdad. Y en el hecho de que se traten temas complejos como el optimismo, la culpa, el maltrato o la inmigración (ya presente en el anterior trabajo de Aranda) desde varios puntos de vista y sin que nadie te diga cómo tienes que pensar.
Otro punto fuerte del guión es el humor, mezcla entre negro y castizo. Es innegable que tiene mucha gracia y que sabe mantenerse en la irreverencia sin llegar a ser irrespetuoso. Y no hay mejor prueba de ello que escuchar cómo se ríe toda una sala de cine.
Si hay que sacarle un pero este sería que en los personajes masculinos predomina el signo negativo y llega a dar la impresión de que la visión de los autores sobre los hombres es bastante oscura. Aunque hay una excepción en Baltasar, interpretado por Fele Martínez (“Tesis”, 1996), que es netamente positivo.
La dirección de Alberto Aranda es elegante y queda patente que cada plano está muy pensado. En los cortos a veces la cámara tiembla un poco, pero lejos de molestar, da un aire que le pega a lo que vemos en pantalla. Siendo éste un aspecto bien llevado, lo que más resalta es la dirección de actores. Cada uno está exactamente como debe para que haya contrastes entre sus interpretaciones y éstas vayan enfocadas a dar el remate final al personaje.
Porque también este apartado es notable. Ingrid Rubio está cercana, sensible, entrañable y verosímil en un papel difícil por sus matices, siendo un auténtico soplo de aire fresco. Carmen Machi está a la altura y cumple sobradamente sin tener un rol tan agradecido.
Marc Clotet consigue crear una escala de grises en un personaje que podría haberse convertido perfectamente en un burdo “Dr. Jeckyll y Mr. Hyde”. Fele Martínez aporta buen rollo en una cinta que lo necesita y sus escenas son un agradable descanso entre momentos duros. La debutante Sau-Ching Wong está graciosa y convincente. Y el resto de secundarios suman todos su granito de arena sin que haya fisuras ni nadie fuera de lugar.
Para terminar, una de cal y una de arena. El bilingüismo imperante en casi toda la cinta es una decisión valiente y que ayuda a contar mejor la historia porque forma parte de la definición de los personajes y las situaciones. Pero el product placement de la cerveza “Estrella” es tan descarado que chirría; una cosa es abrir con la fábrica de “Damm” de fondo e incluso que la protagonista diga que se llama así por la bebida (hecho que no acaba de casar bien en el guión), pero otra que un personaje le dé un trago y recalque lo buena que está diciendo el nombre de la marca.
En cualquier caso, es una película bien hecha y muy trabajada. Y se agradece que alguien se digne a enfocar un drama urbano desde el optimismo en estos tiempos de crisis. Porque, pese a su dureza, “La estrella” transmite positividad en todos los aspectos.
Distribuida en España por DeAPlaneta.
Vista en PASE DE PRENSA el 13 de Mayo de 2013 en los Cines Verdi Park en Barcelona
Nota del autor:
7,0 ███████ (Buena)
Promedio de notas:
No realizado. Película en CARTELERA a partir del 24 de Mayo de 2013.
FilmAffinity: — | CINeol: — | IMDb: — | LGEcine: 7,0

IMÁGENES de la película
PHOTOCALL en Barcelona
ENTREVISTA
“No nos pueden robar la ilusión de seguir trabajando”
Eloy Cabacas entrevista a Alberto Aranda (director y guionista) y Carmen Machi (actriz), quienes mediante una amena charla junto a otros compañeros de más medios, nos desvelan las particularidades del rodaje, entresijos técnicos, lo que ha costado llevar a cabo esta película, nuevos proyectos y, por supuesto, explican múltiples puntos de lo que éste argumento trata de transmitir.

Eloy Cabacas (LGEcine) En estos tiempos, el mensaje de la película, ha sido una elección muy pensada, supongo.
Alberto Aranda:
“Sí. Yo creo que el mensaje de que no nos tenemos que resignar a lo que nos está pasando y que tenemos que tener la valentía de luchar por lo que queremos a pesar de que la vida nos lleve por situaciones complicadas es un poco… no me gusta la palabra moraleja, pero sí que es eso. Y desgraciadamente, en la actualidad, estamos comprobando que la situación es cada vez más complicada y no nos podemos resignar, no nos pueden robar la ilusión de seguir trabajando.”
Sobre lo de ser guionista y director a la vez, ¿Le ha supuesto un problema o al revés? ¿Le va la libertad para poder trabajar o ha echado en falta un contrapunto?
Alberto Aranda:
“No, no. Yo creo que te ayuda. Conoces mucho a tus personajes, porque mamas la historia, porque la tienes muy clara. Te planteas muchas cosas que a la hora de hablar con los actores y ellos te plantean dudas, es muy enriquecedor. Y luego hay una cosa: trabajar con Belén, que es la autora de la novela y coguionista, tenía mucho más background que yo. Y es una mujer, y es una película de mujeres. Yo me puedo intentar meter en la psicología, pero como ella es imposible. Yo ya tenía el contrapunto un poco en casa, ya le tenía a ella, me iba guiando; y luego el trabajo fantástico con las actrices y los actores, que te van dando esos pequeños inputs que tú tienes que solventar, que valorar y que tirar en una dirección y siempre es enriquecedor. Yo no creo que sea mejor ni peor. A mí me gustaría trabajar como director con un guión de alguien totalmente… yo creo que es una experiencia que también debe ser enriquecedora. Un guión que no sea tuyo y coger material nuevo y… es algo que quiero hacer, que me gustaría algún día poder hacer.”
Carmen Machi: (a Alberto Aranda)
“Eso es algo que te honra, porque no todo el mundo quiere el material de otro.”
Alberto Aranda:
“Yo creo que hay que intentar hacerlo tuyo. Si quieres contar historias, también las historias tienen que ser de otro.”
Me llama mucho la atención del guión que narrativamente va muy al grano, tiene una economía narrativa impresionante. Está muy acotado lo que hay que decir, cómo y cuando. Se pasa rápido para contar lo que hay que contar.
Alberto Aranda:
“Sí, yo creo que es tanto guión como montaje. Porque es verdad que el primer montaje nos salió bastante largo y decidimos ir al grano porque hay una cosa que nos atraía mucho: cómo se relacionan, cómo están todo el día hablando, tanto Ingrid [nota de LGEcine: Ingrid Rubio, protagonista de “La estrella”] como Carmen, es cotidianidad en las conversaciones, diciendo muchas cosas detrás; lo que se están diciendo, al final sueltan el chascarrillo y dicen las cosas claras. Ese paso de la comedia al drama tan rápido. Pero decidimos que no nos cabía todo e ir al grano; por eso, esa economía y ese ir a la esencia de la historia, que es lo importante. Pero fue un trabajo… un trabajo del que ahora estoy orgulloso, pero nos costó.”
¿Es más agradecido el cine que la televisión?
Carmen Machi:
“Yo es que televisión no hago. Yo hice televisión hace ya muchos años. Para mí cinco años es mucho y el tipo de televisión que hacía no era al uso; yo hacía sitcom, que es prácticamente teatro filmado, en el sentido que tienes al público en la grada, ensayas durante una semana y hay un día que lo sueltas todo como una función de teatro. Yo desconozco la televisión, en el medio puro, sabes. He hecho alguna cosa pero muy poco para tener conciencia… no, no, se diferencia mucho el cine de la tele, obviamente. La manera de contar es diferente. De hecho en la sitcom trabajamos con cinco cámaras. O sea, es teatro, se encargan las cámaras de recogerte a ti. Grabas del tirón, haces escenas enteras, del tirón, no cortando aquí y ahí… no, no, nada que ver, son lenguajes diferentes. Pero yo concretamente, en contra de lo que la gente pueda pensar, no te puedo hablar mucho de cómo se hace la tele.”
¿Tienes algún proyecto en marcha?
Alberto Aranda:
“Pues estoy escribiendo, estoy produciendo, ahora mismo estamos rodando una película que se llama “Barcelona ni t’estimo” de un joven realizador licenciado en la ESCAC, buenísimo; una película coral con chicos jóvenes de aquí de Barcelona y son cinco historias que estamos rodando como cortos y luego se entrecruzan. Estamos ahora en rodaje, nos queda una de estas historias y estoy muy ilusionado con este proyecto. Y a la vez estoy escribiendo lo que será mi segunda película, sobre unos exiliados catalanes que formaron un gran cafetal que tuvo mucho éxito en México y todas las relaciones que establecen. Pero bueno, estamos en segunda versión de guión, todavía no estamos contentos, o sea que queda un poco.”
La entrevista se hizo el día 17 de mayo de 2013 en el pase de prensa de “La estrella”, en los cines Girona. En ella participaron dos medios más, http://www.mysofa.es e “Infiltrats”. Hemos transcrito sólo la parte correspondiente a las preguntas de LGEcine. Si queréis escuchar el clip de audio de la entrevista completa, podéis hacerlo aquí.
Puedes escucharla online o descargarla en LGEcine Radio.



















Gusta el tratado estético y técnico, con una atmósfera que parece buscar el aroma desesperanzado, caótico y oscuro de “La noche es nuestra” o “
Colin Farrell (“
Y pese a todo lo dicho y la prepotencia de la BSO de Jacob Groth, que busca aprovechar el recurso de las partituras minimalistas y ruidosas para impresionar, escapando de esto en un par de ocasiones que ofrece bellos resultados, “La venganza del hombre muerto” es una película que entretiene. Que ves sabiendo que tiene un montón de defectos y que sus virtudes no son lo suficientemente fuertes, pero que te mantiene en la butaca sin aburrirte y que incluso en ocasiones se permite el lujo de reírse de su propio argumento con algunas escenas intencionadamente paródicas. Si las pretensiones no son muchas y uno está dispuesto a verla sin creer que asistirá a algo más que un inocente thriller, puede servir para cubrir los minutos y devorar las palomitas en una aburrida tarde de domingo.

Además, la proyección en 3D aumenta por momentos todos esos efectos visuales, aunque a medida que avanza el metraje cada vez tiene menos presencia el uso de esta técnica y uno casi olvida que está viéndola en el controvertido formato (para los anti, decir que también se proyectará en digital). A los que duden de si merece la pena pagar la diferencia de precio, aclararles que los primeros minutos se esmeran en hacerte notar el 3D y se disfruta bastante, pero al rato desparece casi por completo; además, no está del todo depurado, y aún se aprecian contornos poco delimitados o cierta sensación de translucidez en algunas formas.
Empezaré por lo más llamativo. Los tempos están muy mal llevados. Pero mucho. Tardamos infinito en ver a Gatsby, y ciertamente el personaje de Nick no aguanta por sí solo tanto metraje. La espera se hace larga porque no se gestiona bien el misterio. Se dedica tanto tiempo a mostrar fiestas y numeritos musicales que la trama brilla por su ausencia. Es un error de bulto pensar que puedes distraer al espectador con media hora de pirotécnica vacua.
En la trama no hay conflictos de verdadero peso, así que nunca es emocionante. A eso súmale que los personajes tienen muy poco grosor (se salva Gatsby, y debería ser mucho más profundo). Resultado: gente que nos importa cero ocurriéndole cosas aburridas. Nick, nuestro protagonista, es el ejemplo más lamentable, ejerciendo siempre de mero espectador de lo que pasa a su alrededor; es tan endeble que ni siquiera está definido en muchos aspectos, tales como el ético o el sexual.
El reparto hace lo que puede con lo que hay. DiCaprio está tan bien como siempre aunque el guión no le deja ser el Gatsby misterioso y seductor que debiera. Mulligan da un poco de luz a su papel de semiflorero, que ya es bastante; además es innegable que tiene cierta química con DiCaprio. Maguire hace el “pasmao” como en muchos de sus otros papeles. Debicki entra, suelta su frase y se va, en lo que podríamos llamar el semiflorero de quita y pon. Y Edgerton es el voluntarioso antagonista confundido; su personaje tiene tantas lagunas que es imposible que ofrezca una actuación coherente. Un pequeño inciso: que alguien enseñe a pegar a DiCaprio, por Dios; cada vez que levanta los puños hace el ridículo.

El papel que juega la luz también es de vital importancia, máxime cuando algunos ataques se producen de noche. Ello conlleva un grado más elevado de tensión en la escena, pero no siempre permite que quede claro lo que está ocurriendo, y eso nunca debería ser así, porque lleva al espectador a escudriñar de punta a punta la pantalla preguntándose quién es el tipo que parece que está siendo devorado.
La historia, sin ser nada del otro jueves, está cuidada y permite que nos impliquemos mínimamente a nivel emocional con lo que está ocurriendo.
Los paisajes y la fauna que retrata “Marea letal” son un regalo de la naturaleza; es uno de esos casos en los que estás en el cine y te entran ganas de coger el primer avión que salga hacia allí. John Stockwell se recrea en ellos, ya que es su gran baza junto a la tensión que crea en las escenas de los ataques de los tiburones y la espectacularidad de las grabaciones bajo el mar. Sudáfrica aparece como país de producción junto con EEUU, y probablemente se trate también de una estrategia de product placement (que el gobierno sudafricano haya financiado parte del presupuesto a cambio de que se dedique metraje a mostrar las virtudes del país).

Y es que la dirección realza con buena técnica muchas de sus escenas, pero éstas quedan empañadas cuando recordamos que el hilo principal no da como para magnificar sobremanera lo retratado. La película, envuelta por una corteza contemplativa sobre la que gotean los mensajes religiosos y moralistas, funciona mejor presentándonos sus virtudes individuales que en conjunto, dejándonos ver a un puñado de personajes desgraciados y estancados en el fango de una vida que se les ha revuelto, y dando la sensación de que se encuentran en el lugar equivocado. “Stone” se deja ver y se sigue con pausada fluidez, recordando por momentos a una cinta que se estrenaría un año más tarde: la controvertida “
Chirría la exagerada evolución del personaje de Norton (“