Blade Runner (Denis Villeneuve, 2017) – 163 min. –

La película es una secuela directa de Blade Runner (1982) y se sitúa 30 años después de la desaparición del agente Deckard, Harrison Ford (Star Wars: El despertar de la fuerza, 2015). El agente K, Ryan Gosling (La La Land, 2016), se dedica a desactivar a los replicantes modelos Nexus 8 que quedan tras la rebelión que organizaron el año 2022, desencadenante de la prohibición de la fabricación de replicantes y con ello de la quiebra de Tyrell Corporation. K es uno de los nuevos replicantes Nexus 9, extremadamente obedientes. Los Nexus 9 son creados por Niander Wallace, Jared Leto (Dallas Buyers Club, 2013) que logró levantar la prohibición liderando la creación de replicantes e inteligencias artificiales totalmente fiables. En el área del domicilio del último Nexus 8 que ha desactivado, el agente K encuentra una caja que le lleva a comenzar una investigación que le hará replantearse su identidad.

Denis Villeneuve, La llegada (2016) nos regala algunos planos muy memorables y potentes, como ya nos ha venido entregando en sus anteriores filmes. En esta película no pierde su calidad como realizador y nos entrega escenarios interesantes, sabiendo dar una sensación envolvente en planos abiertos de lugares muy amplios y jugando muy bien con la imagen y el sonido o la falta del mismo. Pero debo admitir que aunque tenga imágenes bellas no mantiene un ambiente del todo consistente y echo de menos el trabajo de luz tan brillante de tuvo la Blade Runner de los 80.

El argumento es bastante sencillo, no esta del todo mal llevado en el sentido de que no noté la larga duración de la película. Pero tengo críticas respecto a la aparición de algunas escenas que no aportaban al argumento y tampoco tenían interés en sí mismas. Destacando especialmente las del personaje de IA rollo Her (2015) que interpreta Ana de Armas, me parece totalmente innecesario. Y más aún que salga hasta en el póster cuando tenemos en el reparto a alguien de la categoría de Robin Wright (Wonder Woman, 2017) con su calidad, experiencia e importancia en el argumento entre otras cosas que no tiene Ana de Armas.

Ryan Gosling se defiende bastante bien dentro de su registro y nos da un buen protagonista sufrido. Harrison Ford es bastante él mismo, actúa en algún momento que toca y el encuentro entre los dos no está mal.
Por otro lado, en el bando de los “malos” tenemos a nuestro Jared que no sé si ha vuelvo a pasar que nadie le aguanta y por eso sale escasos minutos en toda la película o es que estaba planificado así, de todas formas no se echa de menos que salga más su personaje ya que no tiene mucho interés. El problema es que su secuaz replicanta súper capaz, no tiene mucho gancho y es una villana bastante clásica con lo que la cosa queda algo floja.

Las referencias a la primera película están esparcidas por el metraje de forma más o menos sutil y personalmente las he disfrutado. Teniendo en cuenta todo, aunque haya hincado diente en lo que no me ha satisfecho. La película está bien hecha, merece una pantalla grande y tiene momentos bellos. Pasa el aprobado con cierta soltura.

Distribuida en España por SONY PICTURES SPAIN.

Nota del autor:
7,0 ████████ (Buena)

La película está en CARTELERA desde el  6 de octubre de 2017.

COMENTARIOS DEL EQUIPO LGE

Diego Karasu

La secuela ruborizante: ¿Se puede hacer una secuela de una obra maestra cinematográfica? La pregunta está en el aire, aunque intentemos desviar la mirada del test Voight-Kampff y no enfrentarnos a la cruda realidad. Debemos aceptar que han pasado 35 años del rodaje de este film iconográfico: los actores -para bien o para mal- han envejecido, el equipo de efectos visuales y las mismas técnicas han cambiado, al igual que el director y el compositor de su banda sonora no son los mismo, etc… hace que sea todo un hándicap seguir la estela de su predecesora. 
Partiendo de este ficticio principio de imparcialidad, Blade Runner 2049 se proclama “unilateralmente” ser la secuela de un mundo en decaimiento, donde la humanidad ha abandonado el planeta que les vio nacer, y la Tierra se ha convertido en un polvoriento y olvidado juguete roto. En la que una nueva generación de replicantes (los Nexus 9) se han convertido en una “especie” sometida al yugo de la esclavitud y de una caducidad no aclarada. Ya no hace falta Test de Empatía para “descubrirlos”, simplemente están marcado como el ganado. Un mundo decadente donde la megacorporación Wallance se ha fagotizado a la Tyrell Corporation y los humanos no retiran a los “pellejudos” sino que son los mismos replicantes los que hacen la limpieza étnica de los insurgentes Nexus 8, ganándose un puñado de créditos y la repulsa de una inmensa ciudadanía. Este es el nuevo universo que plantea Blade Runner 2049, el agente K (un impávido Ryan Gosling) ha dejado de hacerse las preguntas transcendentales como «¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuánto tiempo me queda?» a preguntarse «¿quién me ama?, ¿qué son mis recuerdos?, ¿existen los milagros?»… todo envuelto en un caso puro neo-noir (*) pero sin personajes que te atrapen tanto como en la predecesora. Encontrándote auténticos “lastres interpretativos” en personajes que deberían ser protagonistas, y que te hacen preguntarte si esto es la secuela o simplemente andan aprovechando la franquicia. Hallándonos a un mesiánico Niander Wallace (sobreactuado Jared Leto y sus microinterpretaciones) y a un “acabado” Deckard; así como algunos guiños a antiguos personajes totalmente desubicados (como recordatorio que más que apariciones son “retiros”). A destacar el peso de las interpretaciones femeninas es mucho mayor que su antecesora, destacando el personaje interpretado por Robin Wright – ella sí es la auténtica Blade Runner – y una Ana de Armas que no cautiva en su holográfica interpretación más allá de su físico.
Con una sobrecogedora fotografía, Blade Runner 2049, renuncia los límites de la ciudad de Los Ángeles y nos adentra en un mundo devastado de titánicas edificaciones abandonadas. Donde la eterna lluvia ha sido sustituida por un sol cegador que genera hermosas proyecciones arquitectónicas, y los inmensos paneles de neón por hologramas publicitarios (al más estilo Ghost In The Shell, 2017). La banda sonora se convierte en “esa cosa” que escuchas entre eternos silencios y una trama donde todo está mega explicado y no hay zonas grises. Con no pocas incoherencias de guión, personajes descompensados, una atmósfera que se disipa con facilidad y una presencia invisible de Rachel  casi palpable (asemejándose a la Rebbeca (1940) de Alfred Hitchcock) . Todo esto hace que el film de  Denis Villeneuve tenga el aspecto de la Blade Runner pero carente de su aroma. Le falta la crudeza existencialista de Philip K. Dick, le falta Vangelis, le falta personajes de peso, frases que te atrapen,… y le sobra metraje, secuencias que no aportan nada, publicidad no subliminal, numerosas secuencias “homenaje” a la Blade Runner original y un chirriante Frank Sinatra. A diferencia de la original, esta película no necesitará demasiados visionados para “asimilarla” ni dará tanto de que hablar. No es un peliculón, pero no hará ascos a los amantes de la ciencia ficción … aunque todos estos  fotogramas se perderán como lágrimas en la lluvia (cuando pase un año o menos). Mi nota: 
5,0.

(*) Neo-noir (nuevo cine negro) es un estilo de cine que utiliza gran parte de los elementos del cine negro (en francés film noir) como son la mujer fatal, tramas detectivescas, asesinatos por resolver, etc…, pero que trata temas con contenidos actuales, y estéticamente se observan elementos que estuvieron ausentes en películas de cine negro de las décadas de 1940 y 1950
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TRÁILER :

CORTOMETRAJES EXTRAS (RECOMENDACIÓN: VERLOS DESPUÉS DE LA PELÍCULA):

Written by Iris Martínez

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