Alien: Covenant (Ridley Scott, 2017) – 122 min.-

Introducción: Éxodo al bucle del xenoformo

En el 2104 la Humanidad ha sabido conquistar las estrellas. La nave colonial Covenant se dirige a un remoto exoplaneta llamado Origae-6 con una carga valiosa: 2000 colonos, 1400 embriones y una pequeña tripulación encargada de su posterior terraformación del planeta y control de la nave. Entre la misma se encuentra el sintético (*) Walter (Michael Fassbender), único miembro de la tripulación que no entraría en el gran letargo y haría sus funciones de mantenimiento junto con Madre, el ordenador principal de la nave.

(*) Al igual que en Blade Runner, Ridley Scott se quiso desprender de la palabra androide tan asociada a la franquicia Star Wars usando para lo cual el término Replicante, en la saga Alien usaría el término Sintético.

Alien covenant_002Tras una travesía tranquila, un incidente inesperado hará que la tripulación despierte y capte (de forma algo rocambolesca) una “señal de auxilio” -que ellos identifican como tal, que conste- y deciden cambiar su ruta hacia un planeta desconocido y habitable, importándoles bien poco las vidas que tienen a cargo y años de estudio sobre Origae-6 para evitar 7 años más de estado de sueño criogénico. En aquel desconocido planeta la tripulación encontrará el destino que le deparó a la doctora Elizabeth Shaw y al sintético David (miembros de la desaparecida nave Prometheus, hace 30 años). Descubrirán un planeta lleno de silencio, una ciudad alienígena devastada y –cómo no-  abrirán una caja de Pandora llena de: dientes, terror cósmico, reproducción parasitaria, sangre corrosiva y un ansia imparable de acabar con cualquier ser humano.

Con esta arriesgada propuesta empieza Alien: Covenant, la secuela directa de Prometheus (2012). Ese film que tantas caras de circunstancias generó y que se vendió como una forma de encontrar sentido al origen de la vida -bueno, de la nuestra- en el Cosmos y finalmente nos mostraba ni más ni menos que el origen de este icono del cine de ciencia ficción y de terror que es el Xenoformo (informalmente llamado “Alien”). La premisa que nos ofrece Ridley Scott no nos es desconocida, porque es la misma que nos encontrábamos en la maravillosa Alien, el octavo pasajero (1979): humanos incautos acuden a una llamada de socorro que al final se convierte en una llamada de advertencia, porque la peor de las muertes aguarda dentro de unos inquietantes huevos.

Alien covenant_006Nudo: Complejos sintéticos o el ansia de matar al Creador

Y hasta aquí acaban las semejanzas con la obra de culto, porque más allá de las notas de Jed Kurzel (arrancadas de la banda sonora original de Jerry Goldsmith) y de la similitud física del “alien final”, seremos testigos de un nuevo “universo alien” donde el terror -propiamente dicho- será desplazado por la búsqueda del Creador y su posterior muerte a manos de su “hijo”. Una fórmula que ya usó en Blade Runner (1982) donde la vuelta del hijo pródigo (Roy Batty) se convierte en el némesis de su creador. Así podemos ver como el sintético David desde su génesis es bautizado con el repudio de su creador (un fugaz Guy Pearce), germinando un rencor hacia él y en consecuencia con toda la especie humana. Una relación de odio-sumisión también encontrada en Prometheus (2012), donde una desubicada Charlize Theron suplicaba el amor de su creador (su padre, Guy Pearce de nuevo fugazmente).

Pero más allá de estos tipos de estos arquetipos freudianos, el mayor enemigo al cual se tendrá que afrontar la tripulación no es un ser cuya perfección estructural solo está igualada por su hostilidad (**) sino a algo aún peor… su guión. Una trama que se soborna para convertirse una obra de “ciencia-ficción-acción”, con unos diálogos y situaciones que rozan la vergüenza ajena. Impuestas en su mayoría para crear situaciones poco novedosas y destrozar totalmente la atmósfera de terror que se crea cuando debemos enfrentarnos a una especie que es un semidios de destrucción carente de un ápice de raciocinio.

(**) «Aún no habéis comprendido a qué os enfrentáis. Un perfecto organismo. Su perfección estructural solo está igualada por su hostilidad […] Yo admiro su pureza, es un superviviente al que no afecta la conciencia, los remordimientos ni las fantasías de moralidad». Ash, Alien el octavo pasajero (1979)

Alien covenant_005Una tripulación compuesta por matrimonios que no sabemos su finalidad concreta hasta que vemos que se utiliza como moneda de cambio emocional o simplemente para saltarte a la torera cualquier protocolo, mando u orden con el fin de salvar a su pareja; solo hacen remarcar su falta de carisma. Pecando con comportamientos que rozan la ingenuidad o simplemente la insensatez, llegando en algunos momentos a tocar la comedia forzada para recalcar al espectador que a pesar de ser científicos e ingenieros son “personas normales” con conductas demasiado anquilosadas en nuestro siglo. Y son estas actitudes son la que te “sacan” frecuentemente del planeta que están explorando para recordarte que estás viendo una película algo floja.
Dicho esto, no es difícil deducir que el mayor peso de la película recae sobre los hombros de Michael Fassbender que en su dualidad interpretativa (haciendo de Caín y Abel sintético) deberá desarrollar el resto de una trama que rezume indiferencia. Disuelta en secuencias tramposas, escenarios arrancados de obras pictóricas y un continuo “adoctrinamiento” sobre un Dios Egoista que no merece vivir.

Alien covenant_004Desenlace: El monstruo convertido en attrezzo

Uno de los mayores creadores de  atmósfera cinematográfica ha sido sin duda alguna Ridley Scott, en sus trabajos Blade Runner, Alien: el octavo pasajero y Los duelistas (1977) el espectador puede sentir y sumergirse en un universo palpable, en otra época y en otras vidas perdiendo la sensación de estar viendo un film. Su inmensa labor sobre el equipo de vestuario, efectos visuales, montaje, sonido, guión y cuidado en la banda sonora, unida a su afán perfeccionista -casi obsesiva- dan fe de ello. Y esa capacidad de hacedor de mundos es aquello que lo hacía único. Al César lo que es del César.

Pero el Alien que vemos no es el Alien de 1979 ni el Scott es el Scott de principios de su carrera . Su empeño de reescribir una nueva saga lapidando en gran medida cualquier halo de misterio, el horror que deja de serlo cuando se desmenuza cual cadena de ADN y se quiere esclarecer todo, cuando el horror deja de sentirse para explicarse. Pasamos de algo visceral a una especie de confabulación metafísica de nuevos Prometeos y nuevos Doctores Frankensteins. Y a pesar de unos increíbles efectos visuales, no pueden enmascarar unos personajes planos, traicionando el ciclo vital del monstruo, intentando encajar un puzzle con piezas imaginarias que nunca llegan a encajar del todo. Porque le falta: crear atmósfera.

Alien covenant_007El xenoformo – catalizador de todas nuestras pesadillas- de diseño tan estilizado como de conducta tan atroz se revela como una marioneta “dócil” que realiza un mandato divino. El monstruo sigue dando miedo pero no es a él a quien debemos de temer realmente…

Poco más puedo decir de este film que se bifurca de la sala original, con un rumbo tambaleante hacia el olvido. En el espacio nadie puede escuchar tus gritos … de decepción.

Alien covenant_001Distribuida en España por 20th CENTURY FOX ESPAÑA.

Nota del autor:
4,5 ████ (Mediocre)

La película está en CARTELERA desde el  12 de mayo de 2017.

 

TRÁILER :

Written by Diego Karasu

Director adjunto de LGEcine (Redes sociales y contenidos)

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