Que el cine y la aeronáutica son compañeros de viaje es algo más que constatable. Historias y guiones que bailan al son de turbulencias y menús de cabina podemos encontrar bastantes. Esta idea tan socorrida ha sido utilizada como baluarte de gigantescas superproducciones en numerosas ocasiones, y de otros filmes con menor presupuesto. Como todo en la vida, unas con cierta notoriedad, y otras que caen en el baúl de los recuerdos sin más pena que gloria. Actores, actrices, guionistas y directores de todas las categorías. Muy buenos, buenos, del montón, y de los que nunca te acuerdas. Sin más.

A medida que han ido evolucionando los efectos audiovisuales, han ido mermando y decreciendo las interpretaciones. Y no hay sido por falta de guiones. Es más fácil perderse tras una explosión espectacular y un aterrizaje forzoso, que realizar un monólogo intenso, con marcado sentimiento y con algo de credibilidad. A priori, hacer de capitán o comandante no te asegura un buen trabajo. Sin embargo, un papelito de pasajero, si que puede sacar a relucir ese halo escondido que cada actor pone sobre la mesa alguna vez. Aunque es cierto que los buenos de verdad, son magistrales casi siempre.

Me llama poderosamente la atención que el trabajo mejor valorado según ciertos listados sea la televisiva “Lost” (J.J. Abrams, 2004). Posiblemente, el poder mediático de la pequeña pantalla haya podido ser más relevante que el gran formato. Hay que reconocerle que está muy bien hecha, con actores que en ocasiones bordan el papel y con un texto incisivo, que no deja indiferente a nadie, para bien o para mal. Podemos hablar de películas de los años 40 o 50, ya en color.

Buenos ejemplos encontramos en “Solo los ángeles tienen alas” (Howard Hawks, 1934) con Cary Grant y Jean Arthur. O quizás “Ángeles sin brillo” (Douglas Sirk, 1957), con Rod Hudson. Filmes de época, muy bien dirigidos y con unas tramas sencillas y sin complicaciones, aderezadas con buenos actores. Un poco más adelante, “La batalla de Inglaterra” (Guy Hamilton, 1969), con un jovencito Michael Caine; también “Las Águilas azules” (John Guillermin, 1966), con un George Peppard magnífico. En los años 60 y 70, fueron numerosas las incursiones en dos acontecimientos cruciales de la historia, como fueron las dos guerras mundiales. Citar “El Barón rojo” (Roger Corman, 1971), sobre la primera. Y “Memphis Belle, el bombardero” (Michael Caton-Jones, 1990), sobre la fortaleza voladora del ejército aliado en la II Guerra Mundial.

Personalmente, creo que hay una cinta peculiar. Es “Aterriza como puedas” (Jim Abrahams, David Zucker. 1980), con Robert Hayes y un desternillaste e histriónico Leslie Nielssen. Carcajada surrealista y cameo de un famoso jugador de baloncesto NBA de la época: Abdul Jabbar. No es una obra de arte, pero asegura un rato de risas y humor. Aunque sin duda, los que tenemos menor edad cinéfila recordemos “Pearl Harbor” (Michael Bay, 2001), con Ben Affleck y Josh Harnett, y su enfrentamiento amoroso casi imposible, con el trasfondo del ataque más duro a las fuerzas aliadas durante esta segunda “global war”. Larga en metraje como en aburrimiento. Demasiados tópicos para un guión sobrevalorado y muy justo de matices.

A mi memoria viene también una película dirigida por Martín Scorsese en 2004. No es sin duda uno de sus mejores trabajos; aunque tecnicamente es correcta. Me refiero a “El aviador“, con Leo DiCaprio y Cate Blanchett. Cuenta la historia de un visionario, que fue capaz de realizar grandes innovaciones en el marco de la aviación comercial. Fue premiada con varias estatuillas de la academia de Hollywood, y en los Globos de Oro. Posiblemente con otro actor principal el filme hubiera dado un poco más de juego. DiCaprio no esta mal, pero no termina de llegar, ni de meterse en el papel a cara descubierta. La película aburre de principio a fin. Sales de la sala tras haber pasado casi tres horas preguntándote por qué has perdido el tiempo de esa forma.¿ Por darle otra oportunidad más a Leo?. Puede ser.

Incluso los atentados del 11 de septiembre han tenido su ración aérea cinematográfica. Hablo de “United 93” (Paul Greengrass, 2006). Consiguió dos nominaciones a los Oscar’s y una buena crítica. Pretendía contar al mundo, a modo de documental y con el visto bueno de las familias de los fallecidos, otra visión de tan terribles momentos. Otra forma de ver lo sucedido. Pero queda en un segundo plano si vemos los miles de vídeos en Youtube sobre ellos.

Humildemente pienso que el mundo de la aviación ha sido tratado por los cineastas desde miles de enfoques distintos y diferentes entre sí. Con más o menos atino. Casi seríamos capaces de hacer volar un chacharro de esos sin pasar por el simulador de vuelo, de tantas ocasiones que hemos visto y observado una cabina de mando. Cayendo en los tópicos más comunes, podría terminar diciendo que este tipo de películas hacen “volar” más, si cabe, nuestra imaginación.

Ahora bien, un consejo: no vean una cinta de este tipo si tienen que realizar un vuelo inminente. Por si se arrepienten. No está la cosa para ir cancelando billetes de avión… porque igual no te devuelven el dinero.

Written by Óscar Quiroga

Colaborador de LGEcine

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