Título original: The mission
País:
Reino Unido

Duración: 125 min.
Director: Roland Joffé
Género: Drama | Histórico. Siglo XVIII. América colonial. Religión

“[…] Una historia de superación y de fe, que demuestra con elegancia cómo cada uno tenemos que luchar por lo que es nuestro sin ceder un ápice si la justicia verdadera lo avala. Una poesía empañada quizá por un metraje que resulta excesivo innecesariamente […]”

«La misión» es la pieza que falta para conformar una de las trilogías más bellas y expresivas de todos los tiempos cinematográficos. No tiene más parentesco con «El último mohicano» (1992) y «Braveheart» (1995) que el de la belleza, acompañada por una buena y memorable historia que impacta y gusta por todos sus costados y que está dignificada por lo sensacional de las interpretaciones de su reparto.

Roland Joffé («Los gritos del silencio» 1984) nos acerca a aquella jungla tropical que gobierna las preciosas cataratas de Iguazú, lugar en el que una misión jesuita pretende cristianizar a la población que libremente vive allí y que bajo ningún concepto estará dispuesta a renunciar a esa libertad que les pertenece pero que los colonizadores pretendían arrebatarles. Precisamente hacen esto después de que uno de sus compañeros de la orden fuese asesinado por los indios guaraníes. Españoles y portugueses acechaban los terrenos como si fuesen simples monedas de cambio y las gentes que allí residían, vulgares animales, tales y como son descritos en un pasaje de la película por uno de sus protagonistas.

Un sorprendente y genial Jeremy Irons («El reino de los cielos» 2005) encarna al padre Gabriel un jesuita que sólo puede defenderse ante el peligro con el poder de la palabra y una flauta que produce el sonido celestial que compuso magistralmente Ennio Morricone («Hasta que le llegó su hora» 1968), una música que domina la agradable atmósfera que rodea toda la película. En el lado opuesto de tan bondadoso y fuerte (no por lo físico, sino por lo mental) jesuita, se encuentra Rodrigo Mendoza (un gran Robert De Niro – «El cazador» 1974), un mercenario que trafica con esclavos que no dudará demasiado en unirse a la misión para redimirse de todo el daño que ha causado, especialmente después de suceder un hecho trágico que le marcará para siempre. Ray MacAnally («Mi pie izquierdo» 1989), en el papel del cardenal Altamirano, completa el elenco de buenas interpretaciones de esta película, suponiendo ser una buena guía durante el transcurso de la misma y dejando por el camino algunas de las frases más memorables del guión.

Esta es una historia de superación y de fe, que demuestra con elegancia cómo cada uno tenemos que luchar por lo que es nuestro sin ceder un ápice si la justicia verdadera lo avala. Una poesía empañada quizá por un metraje que resulta excesivo innecesariamente, con algún silencio sobrado de minutos y una historia a veces un poco tediosa. Pero todo ello es perdonable gracias a la calidad interpretativa de todo su reparto, enmarcado por la soberbia, brillante, alucinante y agradable fotografía de Chris Menges que merecidamente le valió para ganar un Oscar por esta categoría.

Nota del autor:
8,0
████████ (Muy buena)

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COMENTARIOS DEL EQUIPO LGE

Diego Karasu
La misión es una película que posiblemente marcó época en la década de los 90, y no sólo en ella sino también en la Historia del Cine. Con una fotografía espectacular, una perfecta ambientación y un elenco de actores entre los que (a pesar de lo que diga el cartel) destaca Jeremy Irons y Ray MacAnally en un duelo interpretativo y de fe. La lucha entre la Palabra contra el Poder, el Amor contra la Obediencia, la misericordia contra el interés […] En el film existe una intención de mostrar la verdadera labor que tuvieron los Jesuitas en aquella época en donde el Reino de España y el de Portugal disputaban aquellas tierras sin importar nada quienes allí antes vivían, y todo esto narrado sin caer en arquetipos ni en sensiblería, mostrándose los hechos que acontecieron. Una mirada a los guaraníes llena de comprensión nacida desde el respeto. De Niro hace un buena interpretación aunque, no nos engañemos, sobre él no descansa toda la película. Morricone compone una de las bandas sonoras más bellas de su discografía. […] Demostración de que no se necesita ningún efecto especial por ordenador, para sentirte sumergido en una selva o para considerarse una obra maestra (mas allá de los premios y las recaudaciones de taquilla). Imprescindible».10.

Written by Sandro Fiorito

Cofundador de LGEcine

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